diciembre en Turín

26.12.19 Turín, Italia


Este año el puente de diciembre caía realmente bien, con un viernes y lunes festivo. La excusa perfecta para una escapada invernal.
Normalmente los vuelos suelen estar carísimos en puente, pero justamente salió una promoción para redimir los Avios con plazas para esas fechas, así que Turín se convirtió en nuestro siguiente destino.

Mientras que otras ciudades de Italia sí que las tengo en el radar, Turín no lo estaba para nada y de hecho creo que nunca había pensado en ir. Pero luego cuando lo comenté con mis amigos y conocidos, todo el mundo me habló genial.

Normalmente es una ciudad en la que llueve muchísimo. De hecho las semanas previas no paraba de llover ningún día y reconozco que me produjo cierto fastidio, pero al final el cielo se cansó y nos hizo un tiempo genial - para el estándar turinés, claro, porque se nota que están los Alpes cerca y hacía bastante frío.

Turín es una ciudad muy señorial y con un pasado histórico muy importante. Me recordaba un poco a un París pequeño, lleno de pizzerías y cafés con solera. Todas las casas me parecían impresionantes y mirase a donde mirase todo me parecía precioso. Aunque todos los destinos suelen gustarme mucho (siempre termino diciendo que es el sitio más bonito que he visto), Turín me enamoró especialmente y me hizo sentir una emoción que hacía mucho que no tenía. Me cuesta encontrar las palabras para explicarlo, pero me hacía sentir muy bien.

Además de pasear muchísimo pudimos visitar el Palacio Real, la Villa della Regina (que a mi parecer merece muchísimo más la pena y está menos concurrido), curioserar en el mercado de antigüedades del Gran Balón, y subir a la Molle Antonelliana para una panorámica de la ciudad. Consejo de profesional: compra la entrada por la web para ahorrarte la tremenda cola. Nosotros lo hicimos así y fue la mejor decisión de todo el viaje.


Villa della Regina Torino torino palacio real torino palacio real torino Gran Balón Torino


Me gustó especialmente el Museo Egipcio - todo lo que contaba la audioguía me pareció interesantísimo y pude aprender muchas curiosidades. Como por ejemplo, que en algunos ataúdes de madera se pintaban por fuera unos ojos para que la persona fallecida pudiese ver; que en la otra vida todos debían arar la tierra independientemente de su status social en esta vida y que para solventar tal contratiempo, aquellos con mayor fortuna se hacían enterrar con unas figuritas representando a un siervo para arar la tierra cada día del año y uno más como supervisor por cada diez, porque ante todo, organización, organización. Y mil cosas más que no recuerdo porque son tantas, tantas cosas las que te cuentan, que tendrías que tomar apuntes.


Museo Egipcio Torino Museo Egipcio Torino

Otro de los momentos que disfruté mucho en el viaje fue el café en Mulafsano, que lleva en el mismo sitio desde 1879 y por supuesto todas las pizzas que pudimos comer en Ad-Hoc, Marco Fierro en el Mercado Central, Al Primo Piano... sueño con ellas.

Torino - Cafe Mulafsano

El último día aprovechamos para conocer el Parco del Valentino, que siendo sincera no me pareció nada muy especial salvo por una cosa: ¡las ardillas! En el mismo paseo hay puestecitos donde venden café y cacahuetes, por lo que diversión asegurada durante un buen rato.

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En fin, Turín me dejó muy buen sabor de boca y creo que debe ser un destino fantástico en verano y con más días para conocer mejor la zona.

P.D. Otros inviernos por Italia.


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