Un fin de semana en Lanzarote

13.8.19 Lanzarote, España



Este año he cumplido 33. La bajona de los 30 ya se me ha pasado, creo, y como considero que la mejor forma de celebrar que uno cumple años es irse de viaje, ese finde pusimos rumbo a Lanzarote.


lanzarote

Tres días en la isla no dan para conocerla en profundidad pero sí para llevarse un buen sabor de boca y saber si es un sitio al que regresarías con los ojos cerrados.

Lanzarote es como un pequeño continente, con paisajes muy distintos.

De los lugares que visitamos, sin lugar a dudas los que más me gustaron fueron la Cueva de los Verdes y Timanfaya, donde hicimos la excursión en autocar. También los Jameos del Agua, donde, literalmente, lloré de la emoción por estar en un sitio así. Pensar que estábamos dentro de un túnel volcánico, sentados observando el lago, con la música de fondo, me pareció magia.

Aunque había leído en algunos blogs que el Mirador del Río no merecía la pena, a mí me gustó muchísimo. Aunque es cierto que desde prácticamente al lado se puede observar La Graciosa igualmente, conocer un edificio tan singular, me parece que bien merece la visita. Por falta de tiempo no fuimos a la isla, pero lo dejamos pendiente para volver algún día.

lanzarote lanzarote lanzarote lanzarote lanzarote lanzarote lanzarote lanzarote lanzarote

Tuvimos tiempo de visitar el Jardín de Cactus y la fundación César Manrique, donde estuvo su antigua casa. Me pareció impresionante cómo pudo aprovechar un hueco de lava para hacer distintas estancias y crear su realidad paralela. Era como estar en otro planeta.

En una de las salas emitían un documental que he podido ver después en casa (dura una hora) y que merece muchísimo la pena: “Taro, el eco de Manrique”. Mezcla vídeos de la época, testimonios y la que fue su última (sin saberlo) entrevista, dando una visión de la particular personalidad de César y su amor por la isla.

Una de las frases que se le escucha decir durante el video y que se me ha quedado clavada es:

Yo siempre he tenido una conciencia clara sobre el tránsito y la pequeñez que significa la vida al haber contemplado con mi telescopio las estrellas. El tener un conocimiento aproximado de la significación del tiempo como un ente que no existe sino que está en el cerebro de nuestras mentes. Y yo siempre he tenido como filosofía, que la eternidad es un segundo y un segundo la eternidad.


Brutal. Ese hombre era un genio.


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Son muchas las cosas que llamaron la atención de la isla: la ausencia de vallas publicitarias, el borde de las carreteras con piedras que simulan que la lava del volcán se ha detenido justo ahí, la ausencia de edificaciones mastodónticas y sobre todo, ese aire tan rústico y precioso.

Una isla a la que volver mil veces.  Que me perdonen el resto de islas, pero para mí, la más especial.
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P.D.: Tenerifelicidad y un viaje a Marte.


Este año he cumplido 33. La bajona de los 30 ya se me ha pasado, creo, y como considero que la mejor forma de celebrar que uno cumple años es irse de viaje, ese finde pusimos rumbo a Lanzarote.


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Tres días en la isla no dan para conocerla en profundidad pero sí para llevarse un buen sabor de boca y saber si es un sitio al que regresarías con los ojos cerrados.

Lanzarote es como un pequeño continente, con paisajes muy distintos.

De los lugares que visitamos, sin lugar a dudas los que más me gustaron fueron la Cueva de los Verdes y Timanfaya, donde hicimos la excursión en autocar. También los Jameos del Agua, donde, literalmente, lloré de la emoción por estar en un sitio así. Pensar que estábamos dentro de un túnel volcánico, sentados observando el lago, con la música de fondo, me pareció magia.

Aunque había leído en algunos blogs que el Mirador del Río no merecía la pena, a mí me gustó muchísimo. Aunque es cierto que desde prácticamente al lado se puede observar La Graciosa igualmente, conocer un edificio tan singular, me parece que bien merece la visita. Por falta de tiempo no fuimos a la isla, pero lo dejamos pendiente para volver algún día.

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Tuvimos tiempo de visitar el Jardín de Cactus y la fundación César Manrique, donde estuvo su antigua casa. Me pareció impresionante cómo pudo aprovechar un hueco de lava para hacer distintas estancias y crear su realidad paralela. Era como estar en otro planeta.

En una de las salas emitían un documental que he podido ver después en casa (dura una hora) y que merece muchísimo la pena: “Taro, el eco de Manrique”. Mezcla vídeos de la época, testimonios y la que fue su última (sin saberlo) entrevista, dando una visión de la particular personalidad de César y su amor por la isla.

Una de las frases que se le escucha decir durante el video y que se me ha quedado clavada es:

Yo siempre he tenido una conciencia clara sobre el tránsito y la pequeñez que significa la vida al haber contemplado con mi telescopio las estrellas. El tener un conocimiento aproximado de la significación del tiempo como un ente que no existe sino que está en el cerebro de nuestras mentes. Y yo siempre he tenido como filosofía, que la eternidad es un segundo y un segundo la eternidad.


Brutal. Ese hombre era un genio.


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Son muchas las cosas que llamaron la atención de la isla: la ausencia de vallas publicitarias, el borde de las carreteras con piedras que simulan que la lava del volcán se ha detenido justo ahí, la ausencia de edificaciones mastodónticas y sobre todo, ese aire tan rústico y precioso.

Una isla a la que volver mil veces.  Que me perdonen el resto de islas, pero para mí, la más especial.
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P.D.: Tenerifelicidad y un viaje a Marte.