Cuatro días en Marrakech: gatos, alfombras y té a la menta.

4.2.19 Marrakech, Marruecos


Marrakech es caótica, desordenada y algo sucia. Pero también misteriosa, sorprendente, maravillosa, con ese encanto decadente que tienen las paredes desconchadas. Una explosión para los sentidos: colores, olores y sonidos. De las fachadas, las alfombras, las especias; de los encantadores de serpientes, de los vendedores hablándote en cualquier idioma - hola, bonjour, hallo - y del imán llamando al rezo. Es un viaje al pasado, como una especie de lobotomía que te saca de la rutina y tu zona de confort. Que saca lo peor de ti o te enamora perdidamente para siempre. Es increíble como cogiendo un vuelo de apenas dos horas llegas un mundo totalmente distinto y puedes salir tanto de la rutina.

Durante el pasado puente de diciembre, después de tanto tiempo queriendo ir, tachamos de la lista visitar Marrakech. Era mi primera vez en un país africano y volví tan enamorada que solo pienso en volver y conocer el país a fondo.

Tras aterrizar en el aeropuerto de Menara y pasar el control, por fin salimos a la calle para encontrarnos con nuestro conductor que nos llevaría al riad donde nos alojabamos.
Mientras nos íbamos acercando a la medina, con esa luz tan especial que tiene la ciudad, se me removió algo por dentro, una sensación extrañísima. De irrealidad, de sueño, de película. Era demasiado exótica, bonita, interesante y abrumadora para ser verdad. Una sensación que solo he tenido cuando llegamos a Pekín y que me cuesta mucho explicar.

Nos alojamos en el Riad Up, regentado por Elsa, una mallorquina que lleva años viviendo en la ciudad y que nos hizo estar como en casa. Los riad son casas reconvertidas en hoteles con varias habitaciones en torno a un patio precioso con piscina. No puedo recomendar más el nuestro: la habitación era comodísima y muy silenciosa, el desayuno casero y riquísimo y la gatita Tutsi un auténtico amor que no podía dejar de acariciar y fotografiar; y además, estábamos muy cerca de la plaza Jamaa el Fna por lo que por la noche llegábamos enseguida.

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Tras charlar un rato con Elsa, decidimos salir a explorar la ciudad comenzando por la Plaza Jamaa El Fna, que hay que conocer tanto de día como de noche. Durante el día está llena de puestecitos de frutas y objetos decorativos, encantadores de serpientes y mujeres que ofrecen hacerte un tatuaje de henna a cambio de unos dirhams. Por la noche el escenario cambia y es lugar de reunión de muchos lugareños, se montan cientos de puestos de comida que dan lugar a una mezcla increíble de olores y sonidos, con un humillo que lo inunda todo. Merece la pena sentarse en una de las terrazas que dan a la plaza y tomar un té a la menta al atardecer. Recomiendo Le Grand Balcon du Glacier por la vistas (aunque el té estaba regulero) y el Zeitoun Café para tomar un zumo de frutas a media tarde mientras el sol te acaricia.

Después fuimos a comer a Nomad, un restaurante frecuentado por occidentales pero que ofrece comida marroquí en su terraza que es una auténtica delicia. Recomendable 100%.

Por la tarde nos perdimos por la medina, que para mí, es la parte que más encanto tiene del viaje. Allí puedes encontrar cualquier cosa que imagines: especias, bolsos, cinturones, zapatos de piel, mil cosas de mimbre, zuecos, cerrajería, adornos, espejos, carteles, alfombras… no hay nada que no puedas encontrar. Hay auténticos tesoros a precios de risa. Eso sí, hay que ir preparado para regatear. Para ellos es lo habitual, pero creo que hay que llevar una actitud de pagar lo que crees que es justo. Los precios de por sí ya son ajustados y no consiste en conseguirlo todo extremadamente barato, porque muchas cosas al cambio ya lo son. Por supuesto que siempre se llevan un margen, pero para lo que ti son 3 o 4 euros, para ellos marca mucho la diferencia.

En ese deambular, encontramos de casualidad un jardín precioso donde era posible tomar algo. Se llamaba Le Jardin Secret y me gustó que no estaba especialmente concurrido. Me encantan este tipo de descubrimientos. No hay nada como perderse para encontrar cosas inesperadas.



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Con el objetivo de conocer mejor Marrakech y su historia, al día siguiente hicimos un tour andando de cuatro horas, en el que aprendimos muchísimas cosas, como por qué los no creyentes no pueden visitar las mezquitas, por qué las casas son tan bajas, la razón por la que hay tantos gatos en la calle y por qué la ciudad es de color ocre. Durante el paseo pudimos entrar al Palacio de la Bahía - que me encantó y me hubiese gustado visitar con más tranquilidad - y visitamos las tumbas saadies, que también me parecieron impresionantes.

Como único punto negativo, al final de la visita estuvimos en una tienda de especias durante casi una hora donde nos estuvieron enseñando mil y un remedios tradicionales (para después vendérnoslos claro). Me llevé unas cuantas cosas, como el famoso pintalabios que cambia de color según tu labio (que según he podido leer después no es tan marroquí), unas pastillas ambientadoras para el armario y aceite de esencial de flor de naranjo para dormir mejor - que no se si será todo psicológico, pero desde que lo estoy usando consigo conciliar mejor el sueño.

Después comimos algo rápido y nos dirigimos a la siguiente actividad que teníamos programada: un paseo en quad por las afueras de la ciudad. La verdad es que fue una experiencia muy diferente y divertidísima. Aunque pensaba coger un rato el quad, finalmente solo fui de paquete porque la dirección estaba muy dura y no me atreví. Pero disfruté muchísimo del paisaje, saludando a todos los niños con los que nos cruzábamos y hasta rescatando una cabrita bebé que se había separado del rebaño: me bajé del quad y la cogí para llevársela al pastor porque me daba miedo que otro quad la pudiese atropellar. Parecerá una tontería, pero para alguien que vive de su rebaño, perder un animal supone mucho. Me hubiese gustado llevarme la cabrita conmigo a casa, pero creo que no me la hubiesen aceptado como equipaje de mano.
Terminamos la excursión llenos de polvo hasta las cejas, así que volvimos al riad y después de una buena ducha y relajarnos un poco, fuimos a cenar.

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El sábado nos levantamos tempranísimo porque habíamos quedado a las 7 de la mañana para hacer una excursión a Ait-Ben-Haddou y Ourzazate. Aunque el recorrido me pareció una pasada por los paisajes y la kasbah, no lo recomiendo para un viaje tan corto en Marrakech. Lo que se suponía que eran 2 horas de trayecto fueron en realidad casi 4 de ida y otras tantas de vuelta porque las carreteras estaban todas en obras, con muchísimos baches y además hicimos mil paradas hasta llegar al sitio, porque aunque se suponía que las vistas desde esos puntos merecían la pena, también estaban llenas de puestos donde llevarse un recuerdo del Atlas como minerales o artesanía.
Al final llegamos a las 9 de la noche a la ciudad y no pudimos ir al hamman, que era una de las actividades que nos apetecía hacer. No digo que no merezca conocer esta cara de Marruecos, simplemente que si repitiese el viaje o tuviera que recomendarlo para un fin de semana, no elegiría esta excursión.

El último día fuimos a visitar el Jardin Majorelle, antigua casa de Yves Saint Laurent. Aunque me pareció una auténtica pasada, estaba tan masificado de gente que desmereció totalmente la visita. Supongo que es lo que ocurre cuando visitas un lugar en puente y domingo. Si alguna vez tenemos ocasión de volver, intentaremos visitarlo a primerísima hora de la mañana y un día entre semana. Aun así me gustó muchísimo pasear por los jardines y soñé con tener algún día una casita pintada de ese color azul tan precioso.

Antes de coger el vuelo de vuelta, nos volvimos a perder por la medina, compré unas babuchas y desee llevarme medio zoco porque todo me parecía ideal para casa. Pero no facturábamos, así que me tocará volver con una maleta más grande, espero, pronto...

Marrakech me ha robado el corazón. Solo fueron cuatro días, pero suficientes para enamorarme de sus colores, su luz y su comida. Ya estoy deseando volver.

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2 comentarios

  1. Qué escapada tan chula. Me encanta la luz de las fotos. ¡Una pasada!

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  2. Súper apetecible, yo he vuelto totalmente enamorada y con ganas de conocer más :)

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