Nara, Japón

Excursión a Nara. Ciervos y un Buda gigante.

14.1.19

En la lista de imprescindibles de Japón, prácticamente todo el mundo recomienda hacer una excursión a Nara. Y aprovechando que pasábamos unos días en Osaka, decidimos pasar un día entre ciervos y templos.

La ciudad de Nara es bastante grande, pero normalmente se suele ir de excursión para visitar su parque, que es famoso por tener ciervos en libertad. Y teniendo en cuenta que me encanta un bicho más que nada en el mundo, tenía claro que no me lo podía perder.

Allí venden unas galletas que deben tener alguna sustancia muy adictiva porque una vez que huelen que las llevas contigo te persiguen sin cesar y hasta pueden darte una cornada si se enfadan. Yo me volví con algún moratón. A pesar de llevar los cuernos recortados, pueden llegar a hacer bastante daño. Los ciervos son sagrados y todos los años en octubre se celebra un evento sintoísta en el que se les cortan los cuernos: estos se ofrecen a los templos o bien se usan para artesanía. Pero el animal no sufre: en la celebración los sacerdotes se encargan de coger al ciervo y una vez que consiguen calmarlo, lo tumban en una esterilla de bambú y proceden con el corte. En esa época los cuernos carecen de nervios por lo que no les duele y de esa manera, se evita que se peguen cornadas entre ellos o hagan demasiado daño a gente que pasea por el parque.


Además de dar de comer a todos los ciervos, dividiendo sabiamente las galletas y teniendo mucho cuidado de no dejarlas sin vigilancia - a no ser que quieras que te atraquen a cuerno armado - visitamos el templo Tōdai-Ji, donde se encuentra un Buda gigante: mide 15 metros de alto y pesa 500 toneladas. Es imposible hacerle justicia con una foto.

También aproveché para saber mi fortuna en el templo, allí la figurita era un pequeño ciervo y claro, tuve que comprar la predicción porque esa cosita tan mona se tenía que volver conmigo a casa. La fortuna la guardé en la cartera porque me salió buena y desde entonces me acompaña. Creo que atrae la buena suerte así que no pienso tirarla y espero no perderla nunca.

Nara me parece una excursión súper recomendable y fue uno de mis días favoritos. Me encantó pasear entre las casitas cercanas al parque y me imaginé viviendo allí. Poder acariciar y dar galletas a los ciervos todos los días me parece un sueño hecho realidad.


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