23.12.18 Hiroshima, Japón

Dos días en Hiroshima


Las 144 horas en Suzhou se pasaron en un santiamén y cuando quisimos darnos cuenta ya estábamos cogiendo un vuelo de China Eastern con destino a Hiroshima.  El vuelo se me pasó muy rápido y además para mi sorpresa, la cena estaba bastante rica. Y así, de repente, estábamos en Japón. El viaje con el que llevaba tanto tiempo soñando. Tuve una sensación de extrañeza que solo sientes cuando deseas algo muchísimo y por fin llega y casi tienes que pellizcarte para ser consciente de que no estás soñando.

Enseguida me di cuenta de lo detallistas que son los japoneses para todo. Mientras rellenábamos la documentación de entrada para el visado, me llamó la atención que en las repisas que tenían con los papeles y bolis, tenían también gafas de cerca de distintas graduaciones. Yo estaba alucinando.
El personal fue muy amable y por fin, con nuestro sello de visado para 90 días, nos disponíamos a coger el bus al centro.

Consejo importante: llevar algo de efectivo de antemano. Como eran más de las 8 de la tarde el cajero automático estaba cerrado, así que después de un par de vueltas por las tiendas del aeropuerto conseguimos encontrar uno donde sacar dinero.

Resuelto el problema cogimos el autobús al centro. Entendiendo como podíamos, subimos al bus y nos indicaron que fuesemos al fondo, pero no había ningún sitio libre así que nos dimos la vuelta para esperarnos al próximo. Siguiente sorpresa, cuando va lleno se abre otro asiento en el pasillo que tiene hasta cinturón y todo. No me había sentido tan paleta en mi vida. Pero recuerdo con mucho cariño a todos los japoneses que como pudieron nos indicaron donde estaba el cinturón y cómo se sacaba el respaldo.

Por fin llegamos a la estación de autobuses de Hiroshima y aunque pensabamos que llegaríamos fácilmente al hotel, nos costó un poco. Si volviese a repetir el viaje, cogería el wifi en el aeropuerto porque sin Google Maps allí no eres nadie.

Después de tanto ajetreo lo único que nos apetecía era irnos a dormir, así que compramos algunos sandwiches del súper y nos acostamos pronto.

Sábado, 13 de octubre.

Primer día de turismo japonés. Nos arreglamos y salimos a la calle. Rápidamente me doy cuenta que todo es muy, muy bonito. Al menos a mí me lo parece. Las calles, los edificios, hasta los caóticos cables enredados por fuera me parecen encantadores y un poco fuera de lugar en un país tan moderno.  Incluso las máquinas de vending son preciosas, por no hablar de las bebidas y sus envases. ¿Cómo puedes resistirte a tomarte un zumo de Pikachu? Aunque supiese a rayos yo quería probarlo.

Nos acercamos al primer Starbucks que encontramos, apuesta segura. Los baristas fueron majísimos y hasta nos escribieron nuestro nombre en japonés. Y lo mejor, tenían scone de matcha, que fue una auténtica adicción durante todo el viaje. Ahora lo echo mucho de menos porque aunque era bastante denso estaba riquísimo.

Tras coger fuerzas nos acercamos al Castillo de Hiroshima que también visitamos por dentro. La verdad es que los castillos japoneses son mucho más bonitos desde fuera, pero al ser el primero, queríamos disfrutar de las vistas desde allí.
En la mayoría de los monumentos puedes llevarte de recuerdo un sello, así que yo aproveché un cuaderno que llevaba encima para comenzar a coleccionarlos. En total me llevé 41 y como aun me sobran páginas del cuaderno, he decidido guardarlo para la próxima vez que visitemos Japón.

Otra cosa muy típica para coleccionar y que es totalmente adictivo son las predicciones de la fortuna. Se tratan de unos papelitos que te dicen qué suerte vas a tener en general y cómo te va a ir en algunos aspectos. En muchos templos estos papelitos vienen dentro de un animal de cerámica representativo del templo y honestamente, ¿quién se puede resistir? ¿conocer el futuro y además coleccionar figuritas que quedan ideales en casa? claro que sí.  En Gokoku mi predicción de fortuna fue excelente, aunque me aconsejaba que fuese paciente con la petición matrimonial o si no, no me caso en la vida. Ok, si la carpa lo dice será verdad.
Cuando la predicción es buena tienes que guardarla en la cartera y llevarla contigo. Y si es mala se tiene que colgar en una zona que tienen preparada y luego los monjes lo queman para liberarte de la mala suerte. Reconozco que el sistema me gusta.

Por supuesto que cuando uno está en Hiroshima ha de conocer la parte más triste de la ciudad. La cúpula de la bomba atómica es un lugar sobrecogedor. Es muy dificil expresar con palabras todo lo que se te remueve por dentro. El ver las fotografías que hay por allí donde se muestra como quedó todo asolado, reducido a polvo. Pensar en todos los que allí murieron y cómo esa cúpula te recuerda todo aquello que una vez fue, la brutalidad de lo que ocurrió. Es tremendo.
Cuando ves todo reconstruido no tomas conciencia, pero el haber dejado el edificio en pie te hace pensar mucho. Y creo que es bueno visitarlo, para recordar todo lo que no queremos que vuelva a ocurrir.

Pero a pesar de ese pasado, Hiroshima es una ciudad vibrante, cálida y acogedora. No es una ciudad triste, o al menos a mí no me lo pareció. Su gente fue la más amable de todo el viaje sin duda. No sé si tiene relación o no, pero sí que me llamó la atención, sobre todo comparando con Tokio, donde quizá el turismo masivo hace que sean menos agradables.


Hiroshima

Lunes 15 de octubre.

Decidimos tomarnos el día con calma después de recorrer el domingo la isla de Miyajima (que contaré próximamente).

Aprovechamos la mañana para visitar el jardín Shukkeien, que al ser de pago es bastante tranquilo y merece mucho la pena. En los parques japoneses suelen vender comida para las carpas y me parece una iniciativa genial porque además de entretenida es terapéutica. Eso sí, debe llevar algo ilegal seguro, porque a las carpas solo les falta salir del agua, darte un bofetón y robarte la comida de la mano. Estoy segura de que si me llego a caer al agua, me comen.

La mañana se pasó rapidísimo y esa misma tarde cogimos el Shinkansen a nuestro siguiente destino: Osaka.

Hiroshima es una ciudad que me gustó muchísimo y totalmente recomendable. Quizá no es el destino que uno se plantea visitar en un primer viaje a Japón, o al menos pasar noche, pero creo que merece muchísimo la pena. Yo al menos guardo muy buen recuerdo.


P.D.: Algunas cosas que me han sorprendido de Japón.

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