La segunda parte de nuestro finde largo bávaro ocurrió en Múnich. Recuerdo la ciudad muy pintoresca y de cuento.

Después de Salzburgo, el listón estaba muy alto. Es cierto que me suelen gustar mucho más las ciudades pequeñas, pero Múnich es muy manejable y sobre todo el centro te hace sentir que estás más en un pueblito.

Para tener una imagen general de la ciudad y conocer un poco más de la historia, cogimos una excursión guiada. Siempre las cogemos con Civitatis (no me pagan, simplemente los recomiendo como hago con todo el mundo que conozco) porque te cuentan muchas cosas y no se hacen nada pesadas. Nosotros estuvimos casi 4 horas andando y no se nos hizo nada largo.

Estuvimos en Marienplazt y disfrutamos del espectáculo del Rathaus-Glockenspiel. El carillón representa la boda del Duque Guillermo V de Baviera con Renata de Lorena. Las 32 figuras bailan al ritmo de la música y se produce una lucha entre un caballero que representa Baviera y otro que representa Lorena. Ya os imagináis cuál gana siempre, ¿verdad? Debajo los toneleros bailan animándo a la gente a volver a salir a la calle y beber cerveza después de la gran peste que se produjo en ese año. Como tradición el baile se realiza cada 7 años, que eran aproximadamente los ciclos en los que se producía la peste.

Dedicamos prácticamente medio día a Nyphemburg, el palacio de las ninfas, que fue la residencia de verano de la familia Wittelsbach durante mucho tiempo. Fue mandado construir muchos años después por su nieto Fernando María, príncipe elector, con motivo del nacimiento de Maximiliano II de Baviera.

El salón de piedra con sus frescos es impresionante, realmente las fotos no le hacen justicia. El palacio se fue ampliando sucesivamente, con distintos pabellones y palacetes. Una de las salas más curiosas es la Galería de las Bellezas de Luis I, donde se encuentran retratadas las 36 mujeres consideradas por el rey como las bellas de su tiempo. No todas eran de origen noble, entre ellas está Lola Montez, la amante del rey (una mujer con una historia interesantísima, a pesar de su nombre, en realidad era irlandesa). En Nyphemburg nació también Luis II, famoso por su castillo de Neuschwanstein. Además del pabellón principal, hay otros palacetes como Amalienburg, con una decoración rococó increible; Badenburg, con una piscina dentro; Pagodenburg, de planta octogonal, está decorada con preciosos azulejos de colores azul y blanco; y Magdalenenkaluse que es como descender a las profundidades del mar.

Por cierto, aunque Luis I tuvo un idilio con Lola Montez, con motivo de su matrimonio con Teresa de Sajonia en octubre de 1810, invitó a los ciudadanos de Munich a participar en las fiestas de celebración en las que se incluían carreras de caballos. La decisión de repetirlas al año siguiente y en los consecutivos dio lugar al Oktoberfest, aunque se celebra a mediados de septiembre para aprovechar el buen tiempo.

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Paseamos por el jardín inglés (alquilamos unas bicis que se reservan por app, la experiencia merece la pena, pero creo que es mejor cogerlas en alguna tienda porque no funcionaban muy bien) y llegamos hasta la ola del río Eisbach. También volvimos unas cuantas veces al mercado de la ciudad, Viktualienmarkt porque era muy agradable. Subimos la torre de la iglesia de San Peter y disfrutamos de las vistas, algo que en mi lista siempre está en los imprescindibles. Y el resto del tiempo lo dedicamos a pasear y pasear.

Ya lo comenté en el post de Salzburgo, pero una de las cosas que más me llamó la atención fue ver cómo los cementerios eran lugares de auténtico paseo, muy integrados en la naturaleza. Nosotros estuvimos en Alter Südfriedhof y lo recomiendo muchísimo si se está por la zona.

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Una de las tardes más divertidas fue en Hofbräuhaus, la cervecería cuyo origen se remonta a 1589 cuando el Duque Guillermo V de Baviera estableció a la familia Wittelsbach como proveedores de Weissbier. Es un lugar muy pintoresco, con música en directo, donde mucha gente va vestida con el traje tradicional, el dirndl y los lederhosen. Me pareció todo un inventazo para echar la tarde, ya estoy deseando volver.

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Múnich me sorprendió y me gustó muchísimo. Me encantaría volver en Navidad porque me han comentado que es una auténtica pasada con los mercadillos. ¿Alguna recomendación para la vuelta?


P.D. Otra ciudad de cuento

Salzburg

A principios de mayo aprovechamos el acueducto para escaparnos a Múnich.  Como íbamos unos cuantos días, nos pareció buena idea pasar una noche en Salzburgo y conocer la ciudad. Un tren después y unos cuantos pueblitos preciosos en medio de la nada, llegamos a un lugar de cuento con edificios de color pastel.

Salzburgo es conocida por ser la ciudad natal de Mozart y muchos sitios turísticos giran en torno a él, pero también tiene todo lo que puedes esperar de un lugar con tanta historia: palacios, jardines y callecitas preciosas.

Imprescindible pasearse por los jardines del Palacio Mirabell, aunque también armarse de muchísima paciencia. Están saturadisimos de gente (comentado con amigos me han dicho que es la tónica) y conseguir una foto sin mil personas de fondo es casi misión imposible.
También subir hasta la fortaleza Hohensalzburg y disfrutar de las vistas de la ciudad. Aunque cueste la subida, hay que hacerlo a pie perdiéndose por las callejuelas.

Una de las cosas que más me llamó la atención es que los cementerios son auténticos lugares de paseo y muy integrados con la naturaleza. La mayoría de las tumbas tienen únicamente una cruz y en lugar de una lápida, flores y plantas crecen en un montoncito de tierra. Me parece que transmite mucha paz y que de alguna manera uno vuelve a la naturaleza a la que pertenecemos. No son lugares para nada tétricos y creo que merece mucho la pena dar un paseo, especialmente por el de Sebastiansfriedhof.

Como excursión: merece la pena alejarse un poco y llegar hasta el Palacio de Hellbrunn. Es una excursión que se puede hacer perfectamente en media mañana.
Hellbrunn fue la residencia de recreo del príncipe-arzobispo Markus Sittikus, pero únicamente pasaba el día allí y es por eso que no tiene dormitorios. Además de encantarle la naturaleza, los animales y los seres mitológicos, sentía fascinación por las fuentes y los juegos de agua. Una de las atracciones es precisamente un recorrido por las fuentes (se realiza con guía) y aunque no quiero revelar ningún secreto, recomiendo encarecidamente tener cuidado con la cámara digital.

Sobre los biergarten: los austriacos son muy fans de los biergarten, que no dejan de ser los patios o terrazas de las cervecerías, donde hay plantados castaños, muchas mesas comunales y un ambientazo brutal. Cada una de ellas pertenece a una casa cervecera, por lo que solo encontrarás variedades de la misma marca. La gente se reúne a beber cerveza, comer salchichas, pollo o cualquier plato típico de la zona y disfrutar de la vida. De verdad, es toda una experiencia. Aunque no seas muy de cerveza, seguro que encuentras algo que te guste. Nosotros estuvimos un buen rato al atardecer en Augustinerbräu y lo recomiendo totalmente.

Como consejo: muy recomendable hacerse con la Salzburg card, que te permite entrar en la mayoría de atracciones de forma gratuita e incluye el transporte público (autobús y funicular).

Y hasta aquí la crónica de nuestra visita a Salzburgo. ¿Habéis estado? Yo me quedé con ganas de pasar más días y conocer sitios cercanos, pero lo dejo apuntado para hacer un viaje un verano.

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