Hace casi 6 años viajé hasta la ciudad de Buenos Aires con motivo de un intercambio por el master que estaba estudiando. Durante unas semanas asistiríamos a clase en una escuela de negocios de la ciudad donde cursamos un intensivo sobre cómo hacer negocios en latino américa.

Recuerdo dejar una lluviosa Madrid, con el frío propio de marzo y aterrizar ese domingo en una ciudad donde hacía un calor bochornoso. Con el objetivo de superar el jet lag y aprovechar lo máximo posible nuestro tiempo allí hicimos una excursión guiada tras nuestra llegada - ducha y cambio de modelito mediante.

Fuimos a Caminito, donde nos aconsejaron no alejarnos demasiado de la calle principal, estuvimos en el cementerio de la Recoleta y visitamos la Floralis Genérica en la plaza de las naciones Unidas.  Me pareció impresionante los contrastes entre los barrios mientras íbamos en el autobús.


Después de las clases durante algunas tardes y los fines de semana, aprovechábamos para conocer una pequeña parte de la ciudad.  Me gustó muchísimo el jardín japonés y la zona de Palermo Soho que tenía un montón de restaurantes y tiendas súper interesantes.

Un fin de semana cogimos un avión rumbo a Iguazú, donde nos quedamos dos noches para ir a conocer las cataratas. Teníamos previsto visitarlas desde el lado argentino el sábado y el brasileño el domingo. Pero con la humedad y el calorazo que hacía me puse mala ese sábado a la vuelta y pasé el domingo tranquilamente  al borde de la piscina del hotel. No me encontraba con fuerzas para otro día intenso de caminata, así que tomé la que me pareció la decisión más sabia en ese momento y aunque pueda parecer indolente por no querer visitar el otro lado, yo me dí por satisfecha por la vista que habíamos disfrutado el día anterior.

De Buenos Aires solo tengo unos recuerdos muy difusos, probablemente porque la mayoría de las fotos las hice con carrete y las de la compacta no hacían justicia a la ciudad.
Quizá si me hubiese llevado la réflex tendría un recuerdo más claro del viaje, con más detalle, pero no lo hice porque me recomendaron no llevar una cámara tan grande y llamativa.  Aunque eso haya resultado en menos fotos del viaje, las que hice me resultan muy especiales y me transmiten esa sensación de que el tiempo se ha parado.  Excepto las que hice con un carrete de redscale... volviendo a revisarlas no sé que estaba pensando en ese momento.


Creo que no llegué a aprovechar del todo la ciudad así que espero poder volver algún día y poder traerme más recuerdos.  Buenos Aires fue una grata sorpresa.


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A principios de diciembre del año pasado me hice con una Lomo LC-A de segunda (o quizá tercera, cuarta o quinta) mano, tras comprobar que el obturador funcionaba sin problemas y que medía la luz.
Al revisar el número de serie, averigué que es del año 87 (lo que me pareció súper curioso, justo un año después de nacer yo).

Cargué un carrete caducado y me lancé a la aventura. 24 fotos como antes.
En cuanto lo acabé lo llevé a revelar y ya en la misma tienda me dí cuenta que muchas fotos se habían velado... al principio pensé que se trataba del carrete, pero después de abrir la cámara en casa, descubrí el fallo garrafal: la espumilla que evita que entre la luz estaba totalmente degradada. Estaba claro que era eso y no el carrete porque todas las fotos tenían un halo de luz que venía de arriba.

Después de buscar en la red posibles soluciones, mi chico se puso manos a la obra y me cambió la espumilla. Ahora solo queda cargar otro carrete y esperar resultados. De momento, aquí las únicas fotos que salieron.


Lomo LCA - dic17 madrid Lomo LCA - dic17 madrid Lomo LCA - dic17 madrid Lomo LCA - dic17 madrid Lomo LCA - dic17 madrid Lomo LCA - dic17 madrid Lomo LCA - dic17 campo Lomo LCA - dic17 campo


Miércoles 8 de noviembre. La previsión meteorológica para hoy es sol con intervalos nubosos. Es el día, decidimos madrugar para coger un vaporetto que nos lleve a las islas de Burano y Murano.

Primera parada, Burano.
Se trata de una pequeña isla de la laguna de Venecia conocida por sus casitas de colores a cada cual más pintoresca. Imposible no hacer mil y una fotos e imaginarse viviendo en la casita de color morado o quizá en la azul...
Aquella de allí está en venta, si viviesemos aquí, ¿de qué color la pintaríamos? ¿existe una norma no escrita de no repetir el mismo tono de pantone? ¿quién decide la secuencia de colores?...

A la hora de la comida ya hay muchísima gente. Una pizza después decidimos coger el siguiente vaporetto.

Segunda parada, Murano.
Esta isla es famosa por su cristal y aunque también es bonita, queda ensombrecida por su hermana de colores. Murano no da tanto de sí, a no ser que quieras hacerte con una lámpara, un collar o un adorno para la casa.

Empieza a anochecer y refrescar. Cansados de tanto andar, decidimos coger el vaporetto de vuelta a la isla de Venecia.
Volvemos con muchas fotos en la cámara y con la intención de regresar en primavera a Burano.

Venecia Venecia - Burano Venecia - Burano Venecia - Burano Venecia - Burano Venecia - Burano Venecia - Burano Venecia - Burano Venecia - Burano Venecia - Burano Venecia - Burano Venecia - Burano Venecia - Burano Venecia - Burano Venecia - Burano Venecia - Burano Venecia - Burano Venecia - Murano Venecia - Murano Venecia - Murano Venecia - Murano Venecia - Murano Venecia - Murano

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