Abandonamos al atardecer Buçaco, recorriendo la preciosa carretera con las ventanas bajadas porque el aire resulta muy agradable y voy aprovechando para hacer alguna foto.

Nos dirigimos a Aveiro, la que llaman la Venecia portuguesa. Supongo que por eso, como ocurre siempre que tienes las expectativas demasiado altas, no me entusiasmó todo lo que esperaba.  Decía en mi relato acerca del viaje que consideraba la comparación con Venecia pretenciosa. En ese momento no podía comparar objetivamente. Después de nuestro viaje a Italia a principios de noviembre me reitero. Aveiro, como pueblito, es bonito, aunque los canales quizá no es su punto fuerte aunque sí sea el más característico. El casco viejo me gustó mucho más porque tiene algunos edificios muy interesantes.

En Aveiro pasamos únicamente una noche y a la mañana siguiente decidimos hacer un alto en el camino y visitar Costa Nova. ¡Menuda sorpresa! Yo esperaba tres casitas literalmente, pero en realidad hay todo un paseo al borde de la ría con un montón de casitas, a cada una más pintoresca e ideal. Foto horizontal, vertical, detalle ventana, en pareja... tenemos que volver un verano.
Sin darnos cuenta se nos hizo la hora de comer y decidimos sentarnos en una terraza un restaurante de los de toda la vida, sin florituras ni tonterías. Una sopa de peixe y una dorada a la brasa de lágrima.

Ojalá se pudiesen embotellar los momentos y volver a ese instante con la brisa y el sonido de fondo.

Aveiro Aveiro Aveiro Aveiro Aveiro Aveiro Aveiro Aveiro Aveiro Aveiro Aveiro Aveiro Costa Nova Aveiro Aveiro


Una de las grandes sorpresas yendo de camino a Aviero fue conocer el bosque de Buçaco. Tenía la imagen del precioso hotel palacio que se encuentra en medio del bosque, pero no esperaba que los alrededores fuesen tan bonitos. En cierta manera me recordó un poco a Sintra, aunque mucho más especial por el poco tránsito.

La historia de Buçaco se remonta al siglo XVII: los carmelitas descalzos fundaron el convento de Santa Cruz de Buçaco y construyeron una valla en el bosque. Se dedicaron a plantar árboles de diversos tipos que hoy conforman un paraje precioso.

Cuando se prohibieron las órdenes religiosas en el siglo XIX pasó a ser pabellón de caza de la familia real portuguesa y tras la primera guerra mundial, se convirtió en un hotel donde es posible alojarse hoy en día. Según he podido ver en su web, sigue manteniendo el mismo encanto y solera de entonces, así que solo espero poder dormir allí algún dia. Siempre hay que dejar algo en la lista de pendientes, ¿verdad?

Para acceder se puede hacer andando o en coche (la entrada cuesta 5€), lo que recomiendo mucho ya que la subida puede resultar un poco pesada. Lo mejor es aparcar cerca del palacio y hacer una ruta por alguno de los senderos.

Buçaco Buçaco Buçaco Buçaco Buçaco Buçaco Buçaco Buçaco Buçaco Buçaco
coimbra
De nuevo cogemos el coche y ponemos rumbo a Coimbra.
Tenía muchísimas ganas de volver porque cuando la visitamos la Semana Santa del año pasado, no tuvimos ocasión de visitar la universidad. Así que esta vez decidimos pasar noche y visitarla muy pronto por la mañana.

Se trata de un peso pesado de Portugal. Su historia se remonta al 1290 cuando se estableció a través de la bula del papa Nicolás IV.  En el año 2013 la Unesco eligió el campus histórico como Patrimonio de la Humanidad. Todo un lujo poder estudiar allí. Además, como curiosidad, cuando visitamos era el inicio de curso y algunos estudiantes iban vestidos con su típica capa negra y el traje universitario, lo que le daba un ambiente mucho más interesante.

La entrada a la universidad es de horario libre, excepto la biblioteca para la que te dan hora de entrada. Por eso es imprescindible ir con antelación.  Subir a la torre del reloj también merece muchísimo la pena, incluso con niebla. La última parte es un poco agobiante porque la escalera de caracol se va estrechando muchísimo, pero de verdad las vistas hacen que se te olvide el agobio rápidamente.

El casco viejo también es una preciosidad (me encanta que aún sigan existiendo tiendecitas de toda la vida) y resulta muy recomendable visitar la Catedral Vieja. Su claustro completamente vacío y en silencio bien merece pasar un rato para sentarse y dejarse llevar por la paz y tranquilidad que se respira allí.

En cuanto a la comida, en mi lista de imprescindibles dos:
La Churrasqueira Giro donde el pescado à brás te hace muy feliz y el Restaurante Adega Paco Do Conde, donde me comí un arroz de peixe con el que todavía sueño

Para el café, el Santa Cruz, un lugar con solera inaugurado en 1923 y cuyo edificio que data del 1530, ha sido: una parroquia, una ferretería, una estación de bomberos, una policial e incluso una funeraria. 

Y después de ponernos al día con Coimbra, pusimos rumbo al siguiente destino.

Coimbra Coimbra Coimbra Coimbra Coimbra coimbra coimbra coimbra Coimbra Coimbra Coimbra coimbra coimbra coimbra coimbra coimbra coimbra coimbra coimbra coimbra
monsanto
La primera parada de nuestro viaje por Portugal fue Monsanto.

A solo 20 kilómetros de la frontera, se encuentra esta aldea de enormes piedras de granito que sirven tanto de tejado como pared en muchas casas. Monsanto es un lugar muy curioso y prácticamente desconocido y que sin embargo merece mucho la pena conocer.

monsanto monsanto monsanto monsanto monsanto monsanto

Instagram