un paseo por Egipto

19.1.20 Egipto


Estas pasadas navidades pasamos una semana recorriendo Egipto de sur a norte, conociendo un pedacito de su historia y viajando a través del tiempo mientras conocíamos las tierras de los faraones. Tantos días dan para mucho - casi mil fotos en la cámara, no sé cuántas en el teléfono y un carrete -  y merecen post de diario fotográfico aparte, pero como suelo hacer siempre que vuelvo de algún lugar tan diferente, me gustaría compartir algunas cosas que me han llamado la atención o que creo que son interesantes de contar.

egipto

Sobre Egipto: inicialmente me daba bastante miedo visitar el país. Aunque intento no leer demasiado sobre esos temas, gracias a los medios globales de comunicación hoy en día, es bien sabido que han ocurrido recientemente algunos ataques terroristas hacia extranjeros. Es cierto, el peligro está ahí.

Pero siendo realistas, también es peligroso hoy en día viajar a Londres, París, cualquier ciudad alemana o incluso Barcelona. Es así de triste y lamentable. Hoy en día el peligro está en cualquier parte.

Después de haber visitado el país, puedo decir que es un lugar seguro, pero evidentemente, las medidas de seguridad que toman son muy altas y te hacen sentir que en el aire se respira cierta calma chicha...
Por ejemplo, en todos los templos, restaurantes, hoteles y lugares, debíamos pasar un arco de seguridad y se escaneaban todas las mochilas y bolsos. Cuando llegamos a El Cairo desde Aswan, un coche de policía fue custodiando el autobús hasta el hotel. Una vez que llegamos (y todas las noches cuando volvíamos), pasábamos un control en el que daban una vuelta rodeando el vehículo con un perro que detectaba explosivos... En fin, se nota cierta tensión en el ambiente.
También me llamó especialmente la atención que en cada esquina de cualquier sitio, había un coche y unos cuatro o cinco militares armados hasta las cejas. La inversión en seguridad por parte del estado es realmente altísima. No sé cuál será el porcentaje de fuerzas del orden del país, pero desde luego que llama la atención en contraste con otros países.
Me resultó bastante curioso que cuando íbamos de un sitio a otro, la policía realizaba un control antes de llegar al punto en concreto, apuntaba la matrícula, el número de viajeros y le preguntaba al guía de dónde veníamos y dónde nos alojábamos. La explicación que nos dieron era que en el caso de que nos perdiésemos, facilitaría nuestra localización. No sé si será así, pero uno no deja de sentir que no viaja con esa tranquilidad y libertad a la que está acostumbrado.

duo egipto En cuanto a los egipcios, en general son gente agradable y que sonríen de vuelta si les saludas. Pero también pueden llegar a ser extremadamente agobiantes abordándote en todos los lugares turísticos para venderte algo. Es normal, hay mucha, mucha pobreza. Por eso hay que armarse de muchísima paciencia para decir que no cuando algo no te interesa, porque te seguirán ofreciendo cosas hasta que te canses y compres algo o vean que ya no hay por donde seguir.

Un tema peliagudo. Y sin querer generalizar, simplemente cuento lo que yo viví como mujer.
Mi percepción es que son muy machistas, por varias situaciones que me ocurrieron.
Normalmente cuando iba acompañada nos abordaban para vendernos cosas. Cuando me alejaba del grupo, bien para hacer una foto o ir al aseo, ni se molestaban en ofrecerme nada. Asumían que como mujer, no llevaba dinero y directamente ni se molestaban.
En el crucero, una de las tardes también me pasó algo curioso. Ya sabéis que en los barcos se suele firmar una factura y se liquidan cuentas al final. Pues bien, me pedí una cerveza  y cuando pedí firmar para cargarlo a la habitación, me dijeron que no, que firmaba mi chico. Yo me quedé bastante desconcertada y no supe reaccionar, pero fue una muestra más del papel que juegan las mujeres.  Supongo que si viajas sola o con amigas, no les quedará más remedio, pero mientras haya un hombre delante...

Sobre el patrimonio: realmente hay tantísimas cosas que ver, que considero que es posible pasar semanas viendo lugares y no cansarse. Cada templo cuenta en sus paredes tantas cosas, que es imposible acordarse de todo. Desde batallas a escenas de la vida diaria. Me pareció todo tan increíble y sobre todo, darme cuenta de que somos un parpadeo en la historia, es algo que te remueve mucho por dentro. Algunos templos han sido objeto del vandalismo y tienen muchas figuras (sobre todo las caras) borradas, pero otros conservan aún la policromía de la época. Ojalá pudiera acordarme de todas las cosas que nos contaron, pero sí que puedo decir que volví muy fascinada con la época faraónica. Es realmente interesantísima.
duo egipto egipto

Sobre viajar en grupo: yo nunca había hecho un viaje así y aunque reconozco que las ventajas son muchas, como el tener todo el transporte gestionado, las entradas y organización en general, siento que es una forma demasiado encorsetada y agotadora de viajar. Es como que tienes que hacer una maratón para ver todos los sitios que hay que tachar de la lista. Llega un punto en el que olvidas que has hecho el día anterior. A mí me gusta viajar de otra forma, más lenta. Al final, correr tanto y dormir tan poco, hace que no vivas el viaje de la misma manera.  Me diréis, "es que hay que aprovechar los días, que para los pocos que vas hay que ver lo máximo posible". Bueno, soy de la opinión de que eso solo es fuente de estrés y ansiedad. Hubo días en los que me costó disfrutar, me sentía tan cansada y agobiada que sentía que no me estaba llenando como creía que lo haría.

Si algún día vuelvo a Egipto, tengo claro que lo haré por mi cuenta. Me parece algo totalmente realizable. Eso sí, pasear por El Cairo es misión imposible. Apenas hay aceras y el tráfico es una auténtica locura. Como en China, usan el pito para todo: avisar que se incorporan, que cambian de carril, decirle al peatón que cruce... desde luego es mejor ir con conductor, no es una ciudad muy paseable. En más de una ocasión temí por unos cuantos peatones, pero ni el guía ni el conductor parecieron inmutarse. Debe existir una especie de red que lo sostiene todo y al final no hay (casi) heridos.


Sobre la ropa: yo viajé en pleno invierno, pero los cambios de temperatura son increíbles y pasas de cocerte cuando te da el sol en algunas ocasiones a tener muchísimo frío en cuanto se pone el sol. Yo pequé de optimista y me faltaron prendas de abrigo. Y creo que no fui la única porque vi a mucha gente con apenas una sudadera o incluso zapato abierto. Imprescindible un abrigo en invierno y unas zapatillas o unas botas de campo, para poder andar sin problema por las zonas de tierra y piedras.
Se anda muchísimo, con distintos desniveles y hay que ir, ante todo, cómodo.

Sobre la fotografía: Egipto es un país extremadamente fotogénico. Todo te llama la atención, sobre todo los templos y la belleza que hay en sus paredes. Creo que lo mejor es llevar un objetivo de varias focales que te de versatilidad y te permita también capturar los detalles. Yo me llevé un 28-70mm y aunque no es el objetivo de mi vida por falta de nitidez, me resultó bastante práctico.

Por cierto, la lógica es bastante aleatoria sobre dónde se puede hacer fotos y dónde no... Aquí no se permiten cámaras (pero móvil sí), aquí sí - previo pago - , aquí la puedes llevar en la mochila, aquí la tienes que dejar a la entrada encima de un banco y sabe Dios si a la vuelta alguien se la habrá llevado...
Solo puedo decir dos cosas: hay que llevarse un buen objetivo luminoso para las tumbas del Valle de los Reyes (eché de menos mi 35mm f/1.8) y encontrar algún alma caritativa que te cuide tu cámara en aquellos sitios en los que no te dejan guardarla en la mochila (como en la pirámide de Kefrén).

egipto egipto

Egipto me ha gustado mucho, pero disfruté muchísimo más, con diferencia, la zona de Luxor y los templos. El Cairo, a excepción de las pirámides, me decepcionó un poco. Quizá es porque tenía las expectativas muy altas y me esperaba un lugar más parecido a Marrakech, que me enamoró muchísimo.  O quizá es porque el viajar así de rápido y en grupo, le restó encanto.
Será cuestión de volver...


egipto egipto egipto egipto

Estas pasadas navidades pasamos una semana recorriendo Egipto de sur a norte, conociendo un pedacito de su historia y viajando a través del tiempo mientras conocíamos las tierras de los faraones. Tantos días dan para mucho - casi mil fotos en la cámara, no sé cuántas en el teléfono y un carrete -  y merecen post de diario fotográfico aparte, pero como suelo hacer siempre que vuelvo de algún lugar tan diferente, me gustaría compartir algunas cosas que me han llamado la atención o que creo que son interesantes de contar.

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Sobre Egipto: inicialmente me daba bastante miedo visitar el país. Aunque intento no leer demasiado sobre esos temas, gracias a los medios globales de comunicación hoy en día, es bien sabido que han ocurrido recientemente algunos ataques terroristas hacia extranjeros. Es cierto, el peligro está ahí.

Pero siendo realistas, también es peligroso hoy en día viajar a Londres, París, cualquier ciudad alemana o incluso Barcelona. Es así de triste y lamentable. Hoy en día el peligro está en cualquier parte.

Después de haber visitado el país, puedo decir que es un lugar seguro, pero evidentemente, las medidas de seguridad que toman son muy altas y te hacen sentir que en el aire se respira cierta calma chicha...
Por ejemplo, en todos los templos, restaurantes, hoteles y lugares, debíamos pasar un arco de seguridad y se escaneaban todas las mochilas y bolsos. Cuando llegamos a El Cairo desde Aswan, un coche de policía fue custodiando el autobús hasta el hotel. Una vez que llegamos (y todas las noches cuando volvíamos), pasábamos un control en el que daban una vuelta rodeando el vehículo con un perro que detectaba explosivos... En fin, se nota cierta tensión en el ambiente.
También me llamó especialmente la atención que en cada esquina de cualquier sitio, había un coche y unos cuatro o cinco militares armados hasta las cejas. La inversión en seguridad por parte del estado es realmente altísima. No sé cuál será el porcentaje de fuerzas del orden del país, pero desde luego que llama la atención en contraste con otros países.
Me resultó bastante curioso que cuando íbamos de un sitio a otro, la policía realizaba un control antes de llegar al punto en concreto, apuntaba la matrícula, el número de viajeros y le preguntaba al guía de dónde veníamos y dónde nos alojábamos. La explicación que nos dieron era que en el caso de que nos perdiésemos, facilitaría nuestra localización. No sé si será así, pero uno no deja de sentir que no viaja con esa tranquilidad y libertad a la que está acostumbrado.

duo egipto En cuanto a los egipcios, en general son gente agradable y que sonríen de vuelta si les saludas. Pero también pueden llegar a ser extremadamente agobiantes abordándote en todos los lugares turísticos para venderte algo. Es normal, hay mucha, mucha pobreza. Por eso hay que armarse de muchísima paciencia para decir que no cuando algo no te interesa, porque te seguirán ofreciendo cosas hasta que te canses y compres algo o vean que ya no hay por donde seguir.

Un tema peliagudo. Y sin querer generalizar, simplemente cuento lo que yo viví como mujer.
Mi percepción es que son muy machistas, por varias situaciones que me ocurrieron.
Normalmente cuando iba acompañada nos abordaban para vendernos cosas. Cuando me alejaba del grupo, bien para hacer una foto o ir al aseo, ni se molestaban en ofrecerme nada. Asumían que como mujer, no llevaba dinero y directamente ni se molestaban.
En el crucero, una de las tardes también me pasó algo curioso. Ya sabéis que en los barcos se suele firmar una factura y se liquidan cuentas al final. Pues bien, me pedí una cerveza  y cuando pedí firmar para cargarlo a la habitación, me dijeron que no, que firmaba mi chico. Yo me quedé bastante desconcertada y no supe reaccionar, pero fue una muestra más del papel que juegan las mujeres.  Supongo que si viajas sola o con amigas, no les quedará más remedio, pero mientras haya un hombre delante...

Sobre el patrimonio: realmente hay tantísimas cosas que ver, que considero que es posible pasar semanas viendo lugares y no cansarse. Cada templo cuenta en sus paredes tantas cosas, que es imposible acordarse de todo. Desde batallas a escenas de la vida diaria. Me pareció todo tan increíble y sobre todo, darme cuenta de que somos un parpadeo en la historia, es algo que te remueve mucho por dentro. Algunos templos han sido objeto del vandalismo y tienen muchas figuras (sobre todo las caras) borradas, pero otros conservan aún la policromía de la época. Ojalá pudiera acordarme de todas las cosas que nos contaron, pero sí que puedo decir que volví muy fascinada con la época faraónica. Es realmente interesantísima.
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Sobre viajar en grupo: yo nunca había hecho un viaje así y aunque reconozco que las ventajas son muchas, como el tener todo el transporte gestionado, las entradas y organización en general, siento que es una forma demasiado encorsetada y agotadora de viajar. Es como que tienes que hacer una maratón para ver todos los sitios que hay que tachar de la lista. Llega un punto en el que olvidas que has hecho el día anterior. A mí me gusta viajar de otra forma, más lenta. Al final, correr tanto y dormir tan poco, hace que no vivas el viaje de la misma manera.  Me diréis, "es que hay que aprovechar los días, que para los pocos que vas hay que ver lo máximo posible". Bueno, soy de la opinión de que eso solo es fuente de estrés y ansiedad. Hubo días en los que me costó disfrutar, me sentía tan cansada y agobiada que sentía que no me estaba llenando como creía que lo haría.

Si algún día vuelvo a Egipto, tengo claro que lo haré por mi cuenta. Me parece algo totalmente realizable. Eso sí, pasear por El Cairo es misión imposible. Apenas hay aceras y el tráfico es una auténtica locura. Como en China, usan el pito para todo: avisar que se incorporan, que cambian de carril, decirle al peatón que cruce... desde luego es mejor ir con conductor, no es una ciudad muy paseable. En más de una ocasión temí por unos cuantos peatones, pero ni el guía ni el conductor parecieron inmutarse. Debe existir una especie de red que lo sostiene todo y al final no hay (casi) heridos.


Sobre la ropa: yo viajé en pleno invierno, pero los cambios de temperatura son increíbles y pasas de cocerte cuando te da el sol en algunas ocasiones a tener muchísimo frío en cuanto se pone el sol. Yo pequé de optimista y me faltaron prendas de abrigo. Y creo que no fui la única porque vi a mucha gente con apenas una sudadera o incluso zapato abierto. Imprescindible un abrigo en invierno y unas zapatillas o unas botas de campo, para poder andar sin problema por las zonas de tierra y piedras.
Se anda muchísimo, con distintos desniveles y hay que ir, ante todo, cómodo.

Sobre la fotografía: Egipto es un país extremadamente fotogénico. Todo te llama la atención, sobre todo los templos y la belleza que hay en sus paredes. Creo que lo mejor es llevar un objetivo de varias focales que te de versatilidad y te permita también capturar los detalles. Yo me llevé un 28-70mm y aunque no es el objetivo de mi vida por falta de nitidez, me resultó bastante práctico.

Por cierto, la lógica es bastante aleatoria sobre dónde se puede hacer fotos y dónde no... Aquí no se permiten cámaras (pero móvil sí), aquí sí - previo pago - , aquí la puedes llevar en la mochila, aquí la tienes que dejar a la entrada encima de un banco y sabe Dios si a la vuelta alguien se la habrá llevado...
Solo puedo decir dos cosas: hay que llevarse un buen objetivo luminoso para las tumbas del Valle de los Reyes (eché de menos mi 35mm f/1.8) y encontrar algún alma caritativa que te cuide tu cámara en aquellos sitios en los que no te dejan guardarla en la mochila (como en la pirámide de Kefrén).

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Egipto me ha gustado mucho, pero disfruté muchísimo más, con diferencia, la zona de Luxor y los templos. El Cairo, a excepción de las pirámides, me decepcionó un poco. Quizá es porque tenía las expectativas muy altas y me esperaba un lugar más parecido a Marrakech, que me enamoró muchísimo.  O quizá es porque el viajar así de rápido y en grupo, le restó encanto.
Será cuestión de volver...


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Adiós 2019

31.12.19 España


Despedía 2018 con la ilusión de dejarlo atrás y comenzar el nuevo año. 2019 ha sido un viaje muy viajero y como suelo hacer cuando llega el último día del año, hago balance viajero.

Enero empezó con un fin de semana en Gran Canaria con mi chico. Tres días en la isla no dan para mucho, pero sí para confirmar, de nuevo, que tenemos islas que son tesoros. Me encantan las Canarias, cada isla tiene un encanto especial y creo que somos muy afortunados por tener estos lugares tan bonitos en nuestro país.


Gran Canaria Gran Canaria Gran Canaria


A mediados de marzo, hice una excursión con mi amiga Graci a Segovia que me encantó porque hicimos dos de las cosas que más me gustan: pasear y hacer fotos.


excursion a segovia


En abril viajamos a Sudáfrica y Botsuana. Un viaje que surgió en una cena de febrero entre copas de vino y un mapa de papel del sur de África. Un viaje del que no tenía ninguna expectativa, quizá porque surgió de forma tan improvisada y no me encargué de organizar nada. Un viaje que fue una cura para el alma y el corazón, en el que realmente desconecté como no lo había hecho en mucho tiempo y que recordaré siempre con un cariño inmenso. Creo que sin duda, recorrer en coche Botsuana, aunque durísimo, ha sido una de las grandes experiencias de mi vida. Un viaje relajado, en la naturaleza, en el que te das cuenta de que te puedes adaptar a todo, hasta cosas tan tontas como no tomar café por la mañana o llevar el pelo sucio de tres días. En definitiva, cosas que no son tan importantes.


Third Bridge Third Bridge


Celebré mis 33 en Lanzarote y volví fascinada por la isla y la figura de César Manrique, que me pareció alguien súper especial y que es de esas personas ya desaparecidas que si me diesen a elegir, me gustaría poder conocer.


lanzarote

En julio nos fuimos de vacaciones una semana a Asturias, el gran descubrimiento peninsular del año. Todo el mundo me había hablado genial pero no me esperaba que me gustara tanto. Hicimos kayak y montamos a caballo, sin duda, las dos actividades más reseñables del viaje. Además, tuvimos un tiempo fantástico en general y aunque hubo días en los que hacía falta chaqueta, dejar atrás el agobiante calor madrileño me pareció un regalo.


Asturias

En agosto pasé unos días por Alicante con mi madre y mi osa; y también volvimos a Chipiona. Entre medias fuimos un fin de semana a Mallorca, un regalo de mi chico. Ya conocíamos la isla así que nos dedicamos a pasar el sábado entero en la playa, nadando entre pececitos y cogiendo un buen quemón (a pesar de las pertinentes precauciones que fueron, a todas luces, infructuosas) y el domingo lo dedicamos a pasear y comer rico.


Bimba Finde en Mallorca Mallorca GoPro

Después del verano y con el propósito de estirar un poco más la sensación de vacaciones, aprovechamos un fin de semana que fuimos a Cáceres para hacer una excursión a Hervás y Granadilla con la hermana de mi chico y su familia a los que no vemos tanto como nos gustaría porque viven en China. Fue un día súper bonito en el que pudimos pasear, hacer fotos y achuchar mucho a mi sobrino.


Hervás

Después llegó el otoño y la vuelta a la rutina, que pudimos romper haciendo algún plan diferente, como un sábado en el que fuimos de excursión a Ayllón, un pueblo segoviano encantador.

Excursión Ayllón

De repente llegó el frío polar, y en el puente de diciembre viajamos a Turín. A pesar de que el viaje comenzó mal - nos cancelaron el vuelo de ida y tuvimos que hacer encaje de bolillos - al final pudimos llegar volando desde Barcelona, aunque perdimos un día entero, al menos no tuvimos que cancelar el viaje.
Las semanas previas al viaje intenté no sufrir mucho cada vez que miraba el tiempo porque allí llueve muchísimo, pero tuvimos la gran suerte de que aunque hizo mucho frío (mucho de verdad), no nos llovió y fue maravilloso. Recuerdo que me emocioné muchísimo en el viaje, quizá porque iba sin ningún tipo de expectativas. ¡Ay las expectativas, qué importantes son!
Eso sí, la depresió de la vuelta a la oficina fue monumental. Me tiré dos días fatal. En serio.

torino

Y como esta entrada es programada, si todo va bien, estaré celebrando Año Nuevo, por primera vez en mi vida fuera de España. Justo cuando se publique esta entrada debería estar navegando por el Nilo. Aunque 2019 ha sido, como suele ocurrir en la mayoría de los casos, un año con sus cosas malas también,  estoy agradecida por todos los viajes que he podido hacer. Son la experiencias bonitas las que uno se guarda para siempre. Por lo demás, tengo la esperanza de que este comienzo de año tan especial  traiga muchas cosas buenas, eso sí, sin presiones.

Adiós 2019. Hola 2020.




Despedía 2018 con la ilusión de dejarlo atrás y comenzar el nuevo año. 2019 ha sido un viaje muy viajero y como suelo hacer cuando llega el último día del año, hago balance viajero.

Enero empezó con un fin de semana en Gran Canaria con mi chico. Tres días en la isla no dan para mucho, pero sí para confirmar, de nuevo, que tenemos islas que son tesoros. Me encantan las Canarias, cada isla tiene un encanto especial y creo que somos muy afortunados por tener estos lugares tan bonitos en nuestro país.


Gran Canaria Gran Canaria Gran Canaria


A mediados de marzo, hice una excursión con mi amiga Graci a Segovia que me encantó porque hicimos dos de las cosas que más me gustan: pasear y hacer fotos.


excursion a segovia


En abril viajamos a Sudáfrica y Botsuana. Un viaje que surgió en una cena de febrero entre copas de vino y un mapa de papel del sur de África. Un viaje del que no tenía ninguna expectativa, quizá porque surgió de forma tan improvisada y no me encargué de organizar nada. Un viaje que fue una cura para el alma y el corazón, en el que realmente desconecté como no lo había hecho en mucho tiempo y que recordaré siempre con un cariño inmenso. Creo que sin duda, recorrer en coche Botsuana, aunque durísimo, ha sido una de las grandes experiencias de mi vida. Un viaje relajado, en la naturaleza, en el que te das cuenta de que te puedes adaptar a todo, hasta cosas tan tontas como no tomar café por la mañana o llevar el pelo sucio de tres días. En definitiva, cosas que no son tan importantes.


Third Bridge Third Bridge


Celebré mis 33 en Lanzarote y volví fascinada por la isla y la figura de César Manrique, que me pareció alguien súper especial y que es de esas personas ya desaparecidas que si me diesen a elegir, me gustaría poder conocer.


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En julio nos fuimos de vacaciones una semana a Asturias, el gran descubrimiento peninsular del año. Todo el mundo me había hablado genial pero no me esperaba que me gustara tanto. Hicimos kayak y montamos a caballo, sin duda, las dos actividades más reseñables del viaje. Además, tuvimos un tiempo fantástico en general y aunque hubo días en los que hacía falta chaqueta, dejar atrás el agobiante calor madrileño me pareció un regalo.


Asturias

En agosto pasé unos días por Alicante con mi madre y mi osa; y también volvimos a Chipiona. Entre medias fuimos un fin de semana a Mallorca, un regalo de mi chico. Ya conocíamos la isla así que nos dedicamos a pasar el sábado entero en la playa, nadando entre pececitos y cogiendo un buen quemón (a pesar de las pertinentes precauciones que fueron, a todas luces, infructuosas) y el domingo lo dedicamos a pasear y comer rico.


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Después del verano y con el propósito de estirar un poco más la sensación de vacaciones, aprovechamos un fin de semana que fuimos a Cáceres para hacer una excursión a Hervás y Granadilla con la hermana de mi chico y su familia a los que no vemos tanto como nos gustaría porque viven en China. Fue un día súper bonito en el que pudimos pasear, hacer fotos y achuchar mucho a mi sobrino.


Hervás

Después llegó el otoño y la vuelta a la rutina, que pudimos romper haciendo algún plan diferente, como un sábado en el que fuimos de excursión a Ayllón, un pueblo segoviano encantador.

Excursión Ayllón

De repente llegó el frío polar, y en el puente de diciembre viajamos a Turín. A pesar de que el viaje comenzó mal - nos cancelaron el vuelo de ida y tuvimos que hacer encaje de bolillos - al final pudimos llegar volando desde Barcelona, aunque perdimos un día entero, al menos no tuvimos que cancelar el viaje.
Las semanas previas al viaje intenté no sufrir mucho cada vez que miraba el tiempo porque allí llueve muchísimo, pero tuvimos la gran suerte de que aunque hizo mucho frío (mucho de verdad), no nos llovió y fue maravilloso. Recuerdo que me emocioné muchísimo en el viaje, quizá porque iba sin ningún tipo de expectativas. ¡Ay las expectativas, qué importantes son!
Eso sí, la depresió de la vuelta a la oficina fue monumental. Me tiré dos días fatal. En serio.

torino

Y como esta entrada es programada, si todo va bien, estaré celebrando Año Nuevo, por primera vez en mi vida fuera de España. Justo cuando se publique esta entrada debería estar navegando por el Nilo. Aunque 2019 ha sido, como suele ocurrir en la mayoría de los casos, un año con sus cosas malas también,  estoy agradecida por todos los viajes que he podido hacer. Son la experiencias bonitas las que uno se guarda para siempre. Por lo demás, tengo la esperanza de que este comienzo de año tan especial  traiga muchas cosas buenas, eso sí, sin presiones.

Adiós 2019. Hola 2020.



diciembre en Turín

26.12.19 Turín, Italia


Este año el puente de diciembre caía realmente bien, con un viernes y lunes festivo. La excusa perfecta para una escapada invernal.
Normalmente los vuelos suelen estar carísimos en puente, pero justamente salió una promoción para redimir los Avios con plazas para esas fechas, así que Turín se convirtió en nuestro siguiente destino.

Mientras que otras ciudades de Italia sí que las tengo en el radar, Turín no lo estaba para nada y de hecho creo que nunca había pensado en ir. Pero luego cuando lo comenté con mis amigos y conocidos, todo el mundo me habló genial.

Normalmente es una ciudad en la que llueve muchísimo. De hecho las semanas previas no paraba de llover ningún día y reconozco que me produjo cierto fastidio, pero al final el cielo se cansó y nos hizo un tiempo genial - para el estándar turinés, claro, porque se nota que están los Alpes cerca y hacía bastante frío.

Turín es una ciudad muy señorial y con un pasado histórico muy importante. Me recordaba un poco a un París pequeño, lleno de pizzerías y cafés con solera. Todas las casas me parecían impresionantes y mirase a donde mirase todo me parecía precioso. Aunque todos los destinos suelen gustarme mucho (siempre termino diciendo que es el sitio más bonito que he visto), Turín me enamoró especialmente y me hizo sentir una emoción que hacía mucho que no tenía. Me cuesta encontrar las palabras para explicarlo, pero me hacía sentir muy bien.

Además de pasear muchísimo pudimos visitar el Palacio Real, la Villa della Regina (que a mi parecer merece muchísimo más la pena y está menos concurrido), curioserar en el mercado de antigüedades del Gran Balón, y subir a la Molle Antonelliana para una panorámica de la ciudad. Consejo de profesional: compra la entrada por la web para ahorrarte la tremenda cola. Nosotros lo hicimos así y fue la mejor decisión de todo el viaje.


Villa della Regina Torino torino palacio real torino palacio real torino Gran Balón Torino


Me gustó especialmente el Museo Egipcio - todo lo que contaba la audioguía me pareció interesantísimo y pude aprender muchas curiosidades. Como por ejemplo, que en algunos ataúdes de madera se pintaban por fuera unos ojos para que la persona fallecida pudiese ver; que en la otra vida todos debían arar la tierra independientemente de su status social en esta vida y que para solventar tal contratiempo, aquellos con mayor fortuna se hacían enterrar con unas figuritas representando a un siervo para arar la tierra cada día del año y uno más como supervisor por cada diez, porque ante todo, organización, organización. Y mil cosas más que no recuerdo porque son tantas, tantas cosas las que te cuentan, que tendrías que tomar apuntes.


Museo Egipcio Torino Museo Egipcio Torino

Otro de los momentos que disfruté mucho en el viaje fue el café en Mulafsano, que lleva en el mismo sitio desde 1879 y por supuesto todas las pizzas que pudimos comer en Ad-Hoc, Marco Fierro en el Mercado Central, Al Primo Piano... sueño con ellas.

Torino - Cafe Mulafsano

El último día aprovechamos para conocer el Parco del Valentino, que siendo sincera no me pareció nada muy especial salvo por una cosa: ¡las ardillas! En el mismo paseo hay puestecitos donde venden café y cacahuetes, por lo que diversión asegurada durante un buen rato.

torino parco valentino


En fin, Turín me dejó muy buen sabor de boca y creo que debe ser un destino fantástico en verano y con más días para conocer mejor la zona.

P.D. Otros inviernos por Italia.


Torino Torino Torino Torino torino Gran Balón torino torino Villa della Regina Torino torino villa della regina torino torino torino torino parco valentino torino

Este año el puente de diciembre caía realmente bien, con un viernes y lunes festivo. La excusa perfecta para una escapada invernal.
Normalmente los vuelos suelen estar carísimos en puente, pero justamente salió una promoción para redimir los Avios con plazas para esas fechas, así que Turín se convirtió en nuestro siguiente destino.

Mientras que otras ciudades de Italia sí que las tengo en el radar, Turín no lo estaba para nada y de hecho creo que nunca había pensado en ir. Pero luego cuando lo comenté con mis amigos y conocidos, todo el mundo me habló genial.

Normalmente es una ciudad en la que llueve muchísimo. De hecho las semanas previas no paraba de llover ningún día y reconozco que me produjo cierto fastidio, pero al final el cielo se cansó y nos hizo un tiempo genial - para el estándar turinés, claro, porque se nota que están los Alpes cerca y hacía bastante frío.

Turín es una ciudad muy señorial y con un pasado histórico muy importante. Me recordaba un poco a un París pequeño, lleno de pizzerías y cafés con solera. Todas las casas me parecían impresionantes y mirase a donde mirase todo me parecía precioso. Aunque todos los destinos suelen gustarme mucho (siempre termino diciendo que es el sitio más bonito que he visto), Turín me enamoró especialmente y me hizo sentir una emoción que hacía mucho que no tenía. Me cuesta encontrar las palabras para explicarlo, pero me hacía sentir muy bien.

Además de pasear muchísimo pudimos visitar el Palacio Real, la Villa della Regina (que a mi parecer merece muchísimo más la pena y está menos concurrido), curioserar en el mercado de antigüedades del Gran Balón, y subir a la Molle Antonelliana para una panorámica de la ciudad. Consejo de profesional: compra la entrada por la web para ahorrarte la tremenda cola. Nosotros lo hicimos así y fue la mejor decisión de todo el viaje.


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Me gustó especialmente el Museo Egipcio - todo lo que contaba la audioguía me pareció interesantísimo y pude aprender muchas curiosidades. Como por ejemplo, que en algunos ataúdes de madera se pintaban por fuera unos ojos para que la persona fallecida pudiese ver; que en la otra vida todos debían arar la tierra independientemente de su status social en esta vida y que para solventar tal contratiempo, aquellos con mayor fortuna se hacían enterrar con unas figuritas representando a un siervo para arar la tierra cada día del año y uno más como supervisor por cada diez, porque ante todo, organización, organización. Y mil cosas más que no recuerdo porque son tantas, tantas cosas las que te cuentan, que tendrías que tomar apuntes.


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Otro de los momentos que disfruté mucho en el viaje fue el café en Mulafsano, que lleva en el mismo sitio desde 1879 y por supuesto todas las pizzas que pudimos comer en Ad-Hoc, Marco Fierro en el Mercado Central, Al Primo Piano... sueño con ellas.

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El último día aprovechamos para conocer el Parco del Valentino, que siendo sincera no me pareció nada muy especial salvo por una cosa: ¡las ardillas! En el mismo paseo hay puestecitos donde venden café y cacahuetes, por lo que diversión asegurada durante un buen rato.

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En fin, Turín me dejó muy buen sabor de boca y creo que debe ser un destino fantástico en verano y con más días para conocer mejor la zona.

P.D. Otros inviernos por Italia.


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