El Cairo. Pirámides, tesoros y minaretes.

20.2.20 El Cairo, Egipto



Según el guía que nos acompañaba del aeropuerto de El Cairo hasta nuestro hotel, la ciudad apenas tenía 50 semáforos. Me pareció una exageración para una ciudad de casi 20 millones de habitantes pero después de media hora, lo que inicialmente me parecía una auténtica hipérbole, pasó a parecerme algo totalmente factible. El tráfico en El Cairo es una auténtica locura. Además de hacer buen uso del claxon (que para eso viene de serie, ¿no?), van totalmente como locos, apenas hay aceras, la gente cruza arriesgando la vida y el tipo, y las normas de tráfico son prácticamente inexistentes.

Siendo una ciudad con distancias tan grandes y apenas rotondas, se pasa mucho tiempo en el autobús para poder visitar los principales sitios turísticos. Desde mi ventana, muchísimas cosas llamaban mi atención. Los mercados en medio de las calles; las frutas y verduras tan coloridas; la gente en sus quehaceres cotidianos; los edificios de auténtico lujo en contraposición a otros hechos, literalmente polvo y la cantidad de barcos-restaurantes atracados en el Nilo.

Uno de los días visitamos al amanecer la mezquita de Alabastro, que era la primera que visitaba en la vida (sin contar con la de Córdoba) y que me pareció una auténtica pasada. Me sorprendió la cantidad de minaretes que hay a lo largo de la ciudad, prácticamente había una mezquita en cada esquina.

Paseamos por el barrio copto que me pareció interesantísimo. Visitamos la sinagoga Ben Ezra, que se localiza donde se cree que se encontró al bebe Moisés. El sitio es impresionante pero lamentablemente no se permiten las fotos, así que guardo el momento en la memoria. También la iglesia de San Sergio y la de Santa Bárbara, donde estaban dando misa y pasamos un ratito.


Pero sin lugar a dudas, lo que más me gustó de todo el Cairo fueron las pirámides de Giza. Para mí lo mejor del viaje.  Como le ocurre a mucha gente, en directo me parecieron más pequeñas de lo que imaginaba, pero solo pensar en la obra titánica que fueron y especialmente, entrar en una de ellas, me removió muchísimo. Siendo dada al melodrama, cuando llegamos a la habitación funeraria de la pirámide de Kefren, se me escaparon unas lagrimitas. Era una mezcla de agobio (la bajada en cuclillas no es sencilla), emoción de estar en un sitio como ese y agradecimiento. Solo podía pensar la suerte que tenía de poder vivir ese momento.

Por supuesto también visitamos el museo de El Cairo, que me sorprendió por lo destartalado que estaba. Algunas cosas estaban en vitrinas, pero otras muchas estaban desperdigadas al alcance de cualquiera y muchas de ellas sin rotular. No sé si era porque estarían trasladando material al nuevo museo, pero desde luego no parecían muy preocupados con que nadie tocase nada o se acercase demasiado. Excepto con el tesoro de Tutankhamon, que estaba súper vigilado y por supuesto no se permitía la fotografía. Era alucinante ver todo lo que encontraron en su tumba.

No descarto volver algún día a Egipto, pero seguramente por mi cuenta. Hay tanto que descubrir que 8 días se quedan muy cortos.

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Según el guía que nos acompañaba del aeropuerto de El Cairo hasta nuestro hotel, la ciudad apenas tenía 50 semáforos. Me pareció una exageración para una ciudad de casi 20 millones de habitantes pero después de media hora, lo que inicialmente me parecía una auténtica hipérbole, pasó a parecerme algo totalmente factible. El tráfico en El Cairo es una auténtica locura. Además de hacer buen uso del claxon (que para eso viene de serie, ¿no?), van totalmente como locos, apenas hay aceras, la gente cruza arriesgando la vida y el tipo, y las normas de tráfico son prácticamente inexistentes.

Siendo una ciudad con distancias tan grandes y apenas rotondas, se pasa mucho tiempo en el autobús para poder visitar los principales sitios turísticos. Desde mi ventana, muchísimas cosas llamaban mi atención. Los mercados en medio de las calles; las frutas y verduras tan coloridas; la gente en sus quehaceres cotidianos; los edificios de auténtico lujo en contraposición a otros hechos, literalmente polvo y la cantidad de barcos-restaurantes atracados en el Nilo.

Uno de los días visitamos al amanecer la mezquita de Alabastro, que era la primera que visitaba en la vida (sin contar con la de Córdoba) y que me pareció una auténtica pasada. Me sorprendió la cantidad de minaretes que hay a lo largo de la ciudad, prácticamente había una mezquita en cada esquina.

Paseamos por el barrio copto que me pareció interesantísimo. Visitamos la sinagoga Ben Ezra, que se localiza donde se cree que se encontró al bebe Moisés. El sitio es impresionante pero lamentablemente no se permiten las fotos, así que guardo el momento en la memoria. También la iglesia de San Sergio y la de Santa Bárbara, donde estaban dando misa y pasamos un ratito.


Pero sin lugar a dudas, lo que más me gustó de todo el Cairo fueron las pirámides de Giza. Para mí lo mejor del viaje.  Como le ocurre a mucha gente, en directo me parecieron más pequeñas de lo que imaginaba, pero solo pensar en la obra titánica que fueron y especialmente, entrar en una de ellas, me removió muchísimo. Siendo dada al melodrama, cuando llegamos a la habitación funeraria de la pirámide de Kefren, se me escaparon unas lagrimitas. Era una mezcla de agobio (la bajada en cuclillas no es sencilla), emoción de estar en un sitio como ese y agradecimiento. Solo podía pensar la suerte que tenía de poder vivir ese momento.

Por supuesto también visitamos el museo de El Cairo, que me sorprendió por lo destartalado que estaba. Algunas cosas estaban en vitrinas, pero otras muchas estaban desperdigadas al alcance de cualquiera y muchas de ellas sin rotular. No sé si era porque estarían trasladando material al nuevo museo, pero desde luego no parecían muy preocupados con que nadie tocase nada o se acercase demasiado. Excepto con el tesoro de Tutankhamon, que estaba súper vigilado y por supuesto no se permitía la fotografía. Era alucinante ver todo lo que encontraron en su tumba.

No descarto volver algún día a Egipto, pero seguramente por mi cuenta. Hay tanto que descubrir que 8 días se quedan muy cortos.

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Postales desde Egipto: de Luxor a Aswan

11.2.20 Lúxor, Egipto




Cuando pienso que he visitado templos antiquísimos, algunos de hace 5000 años, me estalla la cabeza. No soy capaz de procesarlo. 

¿No es increíble pensar en la de historias que han pasado allí, las vidas que han contemplado esos edificios con sus ojos y cómo, a pesar de los elementos, guerras y saqueos, siguen estando allí? Pasear por los templos te hace sentir muy pequeña y afortunada a la vez.


Durante cuatro días recorrimos el Nilo desde Luxor a Aswan y tachamos de la lista todo lo que pudimos. Nuestro guía Hassan, una fuente de sabiduría, nos contó tantísimas cosas acerca de los templos, las inscripciones y la historia del Antiguo Egipto que volví fascinada. Ojalá inventen de una vez las máquinas del tiempo. Pienso que sería impresionante asomarse a esa época.

Visitamos el Valle de los Reyes, donde es posible acceder a las tumbas y ver las pinturas que aun conservan los colores. El Templo de Hatshepsut, la única Reina Faraón me impresionó muchísimo, especialmente todos los frescos de los techos. También conocimos los colosos de Memnón, el templo de Karnak con su sala hipóstila con 134 columnas, el templo de Luxor, el de Edfu y el Philae.

Uno de los días salimos a la una de la noche y recorrimos el desierto para ver el amanecer en Abu Simbel. Lo que más me maravilló es la titánica obra que se llevó acabo para evitar que los templos acabaran sumergidos tras la construcción de la presa de Asuán: se partió en diferentes bloques y fueron reensamblados nuevamente a su ubicación actual.

Nos dejamos por conocer muchísimos más porque Egitpo tiene tantísimos templos que probablemente podrías estar semanas descubriendo lugares. Tengo claro que si algún día volvemos, lo haremos por nuestra cuenta y con muchísima más calma. Fuimos tan rápido que mis recuerdos son un poco difusos. Menos mal que quedan las fotos.

Después de mucho tiempo, me llevé de viaje el 28-70mm y aunque eché de menos el 35mm dentro de los templos, me resultó muy práctico a pesar de mis reticencias.

Así vio mi cámara Egipto:



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Cuando pienso que he visitado templos antiquísimos, algunos de hace 5000 años, me estalla la cabeza. No soy capaz de procesarlo. 

¿No es increíble pensar en la de historias que han pasado allí, las vidas que han contemplado esos edificios con sus ojos y cómo, a pesar de los elementos, guerras y saqueos, siguen estando allí? Pasear por los templos te hace sentir muy pequeña y afortunada a la vez.


Durante cuatro días recorrimos el Nilo desde Luxor a Aswan y tachamos de la lista todo lo que pudimos. Nuestro guía Hassan, una fuente de sabiduría, nos contó tantísimas cosas acerca de los templos, las inscripciones y la historia del Antiguo Egipto que volví fascinada. Ojalá inventen de una vez las máquinas del tiempo. Pienso que sería impresionante asomarse a esa época.

Visitamos el Valle de los Reyes, donde es posible acceder a las tumbas y ver las pinturas que aun conservan los colores. El Templo de Hatshepsut, la única Reina Faraón me impresionó muchísimo, especialmente todos los frescos de los techos. También conocimos los colosos de Memnón, el templo de Karnak con su sala hipóstila con 134 columnas, el templo de Luxor, el de Edfu y el Philae.

Uno de los días salimos a la una de la noche y recorrimos el desierto para ver el amanecer en Abu Simbel. Lo que más me maravilló es la titánica obra que se llevó acabo para evitar que los templos acabaran sumergidos tras la construcción de la presa de Asuán: se partió en diferentes bloques y fueron reensamblados nuevamente a su ubicación actual.

Nos dejamos por conocer muchísimos más porque Egitpo tiene tantísimos templos que probablemente podrías estar semanas descubriendo lugares. Tengo claro que si algún día volvemos, lo haremos por nuestra cuenta y con muchísima más calma. Fuimos tan rápido que mis recuerdos son un poco difusos. Menos mal que quedan las fotos.

Después de mucho tiempo, me llevé de viaje el 28-70mm y aunque eché de menos el 35mm dentro de los templos, me resultó muy práctico a pesar de mis reticencias.

Así vio mi cámara Egipto:



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