Sur de África

un viaje hacia lo salvaje

3.6.19

Siempre había escuchado que África atrapa, que te roba el corazón y que de alguna forma te cambia. Que cuando llegas a la realidad solo piensas en volver. Ahora lo entiendo.
Traigo de vuelta más de 4.000 kilómetros en coche, casi 2.500 fotos en la memoria SD, casi mil en el móvil y otros tantos fotogramas que se quedan en el corazón, 20gb de vídeo y un carrete de cámara de usar y tirar.

Pero sobre todo, increíbles amaneceres y atardeceres, de esos que parecen un croma de lo impresionantes que son, el ver a los animales a una distancia aterradora y brutalmente cerca, los rugidos de los leones y los bramidos de los hipopótamos por la noche. Los recuerdos a vista de pájaro por el Delta y la sonrisa de la gente.

El sur de África es una pequeña joya en bruto, salvaje y sin pulir. Una cura para el alma y el corazón. Al principio echas de menos algunas cosas, que en realidad son tonterías y que en verdad no necesitas tanto. No necesitas conexión a internet, ni mirar redes sociales ni leer el periódico. No necesitas llevar la ropa planchada y da igual si llevas el pelo sucio de tres días. Creo que es uno de los viajes en los que más he podido vivir el momento porque no había otro estímulo alrededor. Solo recorrer los caminos, ver los animales, hacerles mil fotos y tomar conciencia de lo que estás viviendo en ese momento, que a veces parece un sueño. En algunos momentos lloré de la emoción, de poder ver ese espectáculo en directo y por pensar en el regalo que es la naturaleza. Somos el planeta con más suerte de la galaxia, en serio.

Third Bridge

Nuestro viaje hacia Botsuana comenzó después de unos días de relax en un lugar cerca del río Orange en Sudáfrica. Desde allí pusimos rumbo hacia lo salvaje para atravesar el país y llegar hasta las Cataratas Victoria, que vimos desde el lado de Zimbabue.

Después de sellar el pasaporte en Ramatlabama pusimos rumbo a Gaborone, capital del país donde pasamos una noche. Tras todo el día conduciendo caímos rendidos después de cenar.

Al día siguiente salimos tempranísimo a Maun, la puerta del Delta del Okavango. Allí compramos todas las entradas para los parques porque después no es posible hacerlo y dimos un paseo panorámico en avioneta, que aunque inicialmente no estaba en el plan, fue una de las experiencias más increíbles de mi vida.

En un principio teníamos pensado hacer una excursión en mokoro (una barquita de madera que sirve para recorrer aguas poco profundas y pantanosas) pero el agua estaba muy poco crecida y la excursión duraba prácticamente ocho horas - solo en ir a la zona con agua se tardaba en torno a una hora y media o dos - y con los treinta y pico grados que estábamos teniendo nos pareció una locura. Improvisando nos fuimos al aeropuerto de Maun y preguntamos en varias oficinas hasta que finalmente conseguimos un buen acuerdo por una hora de vuelo por el Delta.

Yo nunca me había montado en algo tan pequeño y reconozco que cuando llegó el momento de pasar el control y montar me puse bastante nerviosa pero después lo disfruté muchísimo. Me pasé medio vuelo llorando de la emoción, de estar ahí, de vivir ese momento, de ver los animales desde arriba como si fuese un documental pero en directo… sé que suena muy dramático, pero así lo sentí. Una de las mejores cosas que he hecho en la vida y que guardaré para siempre en mi corazón. Ojalá se pudiera embotellar un momento y volver, porque las fotos no le hacen justicia y no transmiten todo lo vivido ese momento.

delta del okavango

Y eso fue solo el aperitivo, ahora empezaba la aventura de verdad. Siguiente parada Khwai, en la reserva de Moremi. A partir de ese momento solo había caminos y animales totalmente en libertad. Por primera vez vi a escasos metros elefantes, jirafas, impalas, facocheros, leones, carracas de mil colores, tocos (el famoso Zazú del Rey León), búfalos, mangostas, gallinas de guinea… y así continuamente mientras recorrimos la reserva y llegamos hasta Kasane para adentrarnos en el Parque Nacional del Chobe que alberga la población de elefantes más importante de Botsuana. Aunque continuamente estás viendo animales, el paisaje cambia mucho de un lugar a otro y te vas sorprendiendo todo el rato.

Otra de las excursiones que me gustó muchísimo fue la que hicimos en un barquito pequeñito por el río Chobe al atardecer. Te ofrece una perspectiva totalmente distinta y te permite acercarte aún más a los animales mientras están comiendo. Sin duda, lo más bonito fue observar a los elefantes en su ritual: arrancaban la hierba, la aclaraban con el agua y ¡ñam! a la boca. Impresionante lo metódicos que eran.

Chobe National Park Third Bridge Chobe National Park

Aprovechando que estábamos muy cerca, contratamos una excursión en Kasane para visitar las cataratas Victoria desde el lado de Zimbabue. Es un paseo que se puede hacer perfectamente en un día y que me parece súper recomendable.

Aunque abril es el mes en el que más está crecido el río y a veces se forma una neblina de agua que impide ver las cataratas, es toda una experiencia sentir la brutalidad del agua y como ésta te cala hasta las cejas, literalmente. Muy cerca se encuentra el que se considera el baobab más antiguo del mundo - en torno a 1000 o 1500 años - y un mercado de artesanía con mil figuritas de madera en el que es imposible no pecar. Victoria Falls tiene cierto aire colonial muy curioso y se nota que es bastante turístico. Tengo entendido que hace unos años era un poco peligroso para el turista dada la situación política, pero a día de hoy es totalmente seguro ir. Nosotros estuvimos paseando por nuestra cuenta - a pesar de las indicaciones tenebrosas del conductor - y no nos pasó nada. Como en cualquier sitio, solo hay que ir con un poco de sentido común y no ir con miedo en el cuerpo.

Zimbabue - Victoria Falls

Y después de las cataratas, el viaje llegaba a su fin y teníamos que volver a Sudáfrica para coger nuestro vuelo en Johannesburgo. Desde Kasane tardamos literalmente dos días enteros conduciendo para volver, pero la paliza mereció mucho la pena.

A todo el mundo que me pregunta no puedo dejar de recomendarle este viaje porque es una auténtica pasada y una rotura total con tu realidad y la rutina. Hasta me plantearía montar una empresa para organizar safaris y volverme africana. Lo digo totalmente en serio.

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1 comentario:

  1. Me has dejado sin palabras, ¡qué preciosidad de viaje! Qué difícil ha tenido que ser volver a la vida diaria. Un abrazo.

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