Hablando con compis en la ofi, muchos me han comentado últimamente que tienen intención de visitar este año Japón, y como saben que estuvimos recorriendo algunas ciudades este pasado octubre, me han pedido la ruta y recomendaciones.

El mail que les he pasado es bastante extenso, así que como ya había hecho el ejercicio de anotarlo, me parecía buena idea compartirlo también por aquí.

Guías y recomendaciones de recorridos hay en muchísimos blogs, de hecho a mi me ayudó un montón consultar la web de japonismo.com , que está súper detallada e incluye muchísima información. Pero a mi me apetecía contar dónde nos quedamos, cuántos días, qué repetiría sin dudar y qué no recomiendo. Por supuesto esto es algo muy personal y es muy fácil decir qué no verías a toro pasao, pero es cierto que si alguien me hubiese guiado en ese sentido, quizá habría invertido el tiempo de forma diferente.


isla mijayima


EL RECORRIDO


En nuestro caso el recorrido fue lineal, ya que aterrizamos desde Shanghái, pero se puede hacer de forma circular sin ningún problema saliendo desde Tokio.


HIROSHIMA

Noches: 3
Hotel: Hotel Candeo Hatchobori
Además de muy bien situado, tenía un onsen en la azotea, perfecto para relajarse después de todo el día andando.

Imprescindible:
Merece la pena visitar el castillo, su templo y alrededores. También coger una predicción (la figura es un pez precioso).
También el parque Shukkeien, es de pago y no está muy concurrido.
Imprescindible Miyajima, donde se puede pasar el día perfectamente. Muy recomendable coger los dos teleféricos hacia hacia el monte Misen por su espectacular vista y bajar hasta el templo Daishoin.

Qué cambiaría:
Si repitiese el viaje, pasaría una noche en la isla, para ver atardecer y amanecer.

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OSAKA

Noches: 2
Hotel: Hotel Alps.
Se trata de un love hotel: tenía juguetes sexuales, luz ambiental, una cama enorme y hasta karaoke. No era el más moderno y el desayuno no me gustó especialmente, pero tanto la habitación como el baño eran enormes y estuvimos muy cómodos. Además, las vistas eran chulísimas y estábamos a un paso de Dotombori.

Imprescindible:
El barrio de Shinsekai,  era como estar en Blade Runner. Hay mil restaurantes y un ambiente genial.
Kuromon Market, que tiene mil sitios para picar algo.

Qué cambiaría:
Subiría a la torre Tsutenkaku de día, por la noche tienen luces de discoteca por dentro y hacer fotos es muy complicado. También pasaría más noches porque la ciudad me pareció divertidísima.

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Excursión: Nara
Desde Osaka es muy sencillo llegar en tren.
Importante administrar las galletas bien y no dejarlas a mano porque al menor descuido te atracan a cuerno armado.
Imprescindible visitar el templo Todai-Ji, donde está el Buda más grande de Japón: mide 15 metros y 500 toneladas.
Muy cerca de la estación hay una tienda de Donuts cuquis que se llama Floresta Nature Doughnuts.

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KYOTO

Noches: 4
Hotel: Sotetsu Fresa Inn Shijokarasuma.
Me pareció que estaba muy bien situado, a un paseo del barrio de Gion. Además, en la recepción podías coger mascarillas faciales y otros detalles beauty.

Imprescindible:
Pasear por el barrio de Gion por la noche. Las Maikos (que son las que van maquilladas, porque las Geishas ya no llevan tanto maquillaje) salen por la noche corriendo hacia los taxis.
Visitar Kiyomizudera, aunque sigue en obras, las vistas desde el templo merecen la pena. Y ver atardecer desde el cementerio que hay bajando un poquito. La mezcla de los colores del atardecer con el graznido de los cuervos es magia.
Kinkaku-ji, aunque una preciosidad, mejor visitarlo a primerísima hora de la mañana, porque es un lugar extremadamente concurrido. Callejear por el barrio de Kitano, que es la otra cara de Kioto con comercios de toda la vida y cero turistas. Recomendable 100%. Si volviese pasaría más tiempo por esta zona.
Visitar el Palacio Imperial. Es gratuito pero hay que solicitarlo con antelación.
El Paseo del Filósofo me pareció una preciosidad y si volviese atrás, pasaría más tiempo y me perdería por sus callecitas.

Qué cambiaría:
No iría al bambusal de Arashiyama. Está a casi una hora en bus y además, masificadísimo. Totalmente sobrevalorado.

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TOKYO

Noches: 6 noches
Hotel: Musse Ginza Meitetsu.
Situado al lado de la línea 9 GINZA, genial para llegar a todos los lados turísticos.

Imprescindible:
Disfrutar de las vistas desde las alturas. En Tokio hay muchísimos sitios, yo recomiendo subir al edificio metropolitano cuya visita es gratuita y visitar el Tokyo Sky Tree, que es la torre más alta del mundo y aunque es de pago, merece muchísimo la pena.
Conocer el barrio de Shimokitazawa, que es la zona hipster / alternativa y en mi opinión más interesante que Akihabara.
Probar los donuts de Floresta, además el barrio es ideal. Los veinte minutos en tren merecen totalmente la pena.
Para comprar cámaras de segunda mano, recorrer las tiendas de Shinkuju. Mi recomendación es buscar primero en google maps, algunos sitios ni siquiera tienen cartel que de a entender que se trata de una tienda de fotos y están medio escondidos.
Conocer Tokyo Disney Sea, es el único que existe así en el mundo y merece muchísimo la pena. Además, los japoneses van disfrazados de sus personajes preferidos. Es todo un espectáculo.

Qué cambiaría:
No visitaría el Palacio Imperial, después de conocer el de Kioto, no merece tanto la pena.
Pasaría menos noches en Tokyo y se las dedicaría a pasar una noche cerca del Fuji o incluso otro lugar diferente.

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OTRAS RECOMENDACIONES


SOBRE QUÉ VISITAR Y CUÁNTOS DÍAS

Esta es sin duda la pregunta más complicada. Hay que asumir que es imposible ver todo lo que tengas apuntado en la lista y partiendo de esa base, tienes que priorizar qué es más importante para ti, para repartir tus días entre las distintas ciudades.

Lo que a mí me ayudó mucho, además de leer un montón de blogs, fue comprarme una guía de viaje. Siempre lo hago porque además me parece un recuerdo genial y ya empiezas a viajar desde que comienzas a leerla. Yo me compré Lo mejor de Japón de Lonely Travel, que está fenomenal porque está bastante resumida, y tiene propuestas de rutas y fotografías, lo que ayuda mucho a la hora de decidir qué visitar.

También recomiendo dejar algo de tiempo muerto, porque una vez en el sitio descubrirás cosas que en la guía pasaste por alto o que ni siquiera estaban.

Una vez hecha la lista, es cuestión de repartir las actividades por día. Normalmente nosotros solemos apuntar tres o cuatro y nos dejamos llevar. No nos gusta ir corriendo a los sitios y marcando en la lista sitios como vistos por el simple hecho de tenerlos marcados. Personalmente no me importa no ver algunos lugares si donde estoy en ese momento lo estoy disfrutando realmente.

CÓMO LLEGAR

Nosotros llegamos a Japón desde China, pero mi recomendación es que si la ruta es circular, el vuelo sea directo. Es un viaje de por si largo - unas 14 horas - por lo que si puedes evitar hacer escala mejor. Aunque el precio sea un poco más alto, creo que merece la pena. Además, si compras los billetes con tiempo puedes encontrar muy buenas ofertas.

HOTELES

La oferta hotelera en Japón es inmensa y es difícil no volverse loco a la hora de elegir un sitio. Mi recomendación es buscar el alojamiento lo más cerca posible del metro, aunque sea un poco más caro, ahorrarás (también en tiempo) porque las estaciones tienen diferentes precios según lo alejadas que estén del centro.

Hay que partir de la base de que la mayoría de los hoteles - de nivel económico medio - son extremadamente pequeños. Todos los hoteles a los que fuimos estaban muy bien, pero las habitaciones eran muy estrechas: la cama de matrimonio pegaba con la pared en uno de los lados y era imposible tener dos maletas abiertas todo el rato sin tropezar. Por lo que mantener el orden es fundamental. Por lo demás, en muchos de ellos suelen dar como regalo mascarillas faciales, antifaces relax, y para estar en la habitación un pijama modelo kimono.

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TRANSPORTE: CÓMO MOVERSE

Para ir de una ciudad a otra lo mejor es viajar en tren regional o Shinkansen. Antes de comprar el Japan Rail Pass aconsejo mirar todos los trayectos y precios en http://www.hyperdia.com/ y confirmar si interesa comprar el bono. Nosotros no lo compramos porque no viajamos en tren bala para todos los trayectos (de Osaka a Kioto viajamos en regional) y sumando el resto de billetes en metro no nos salía a cuenta.

El metro es muy fácil de usar ya que las paradas van cantadas e iluminadas dentro del vagón. El billete se paga en función de la estación (normalmente entre 170 y 220 yenes). Justo encima de las máquinas hay un mapa explicativo, aunque google maps también te da esa información. De todos modos si por lo que sea te confundes, siempre hay una máquina antes de pasar el torno para saldar deudas.


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IDIOMA

Muy poca gente habla inglés, pero para cualquier cosa que necesites lo mejor es bajarse Google Translate. Tiene la opción de hacer foto al texto y traducirlo en tiempo real si tienes internet, por lo que es muy práctico.

Los carteles del metro y trenes tienen las indicaciones en inglés. La mayoría de los menús también (y si no, tienen foto de la comida) y los cajeros del 7Eleven son los únicos que encontramos con la interfaz en inglés.

DIVISA

Una vez en Japón lo mejor es sacar dinero de algún cajero. La tasa de cambio suele ser bastante buena y si tienes alguna tarjeta que no cobre comisión es la mejor opción.
Conviene llevar efectivo ya que en algunos sitios no aceptan tarjeta. Cuando vas a pagar, los dependientes sacan una pequeña bandejita donde se deja el dinero o la tarjeta. Darlo en mano es de mala educación. Cuando te devuelven el cambio sujetan los billetes con las dos manos y tienes que cogerlos de la misma forma. Son muy corteses y es algo realmente curioso.

TEMPLOS / LUGARES TURÍSTICOS

Algo muy habitual del paisaje de Japón son los templos desperdigados por todos los lados. En cada templo suelen vender emas y predicciones de la suerte, normalmente con la imagen del dios venerado. Algunas predicciones vienen en figuritas de barro preciosas: en Nara era un ciervo, en Fushimi-Inari un zorrito...son ideales para coleccionar. Si tienes buena fortuna deberás llevar la predicción contigo, y si no, dejarla en la estructura que tienen preparada para luego quemarlas. Hay que fijarse que la predicción esté en inglés, porque no todas suelen estarlo.
En muchos puntos turísticos suelen tener un sello de recuerdo, así que si te gustan este tipo de cosas, llévate un cuaderno donde ir estampando cada uno de ellos.

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COMPRAS

Japón es un paraíso para las compras y el archienemigo de tu visa. Puedes encontrar cualquier tipo de tienda: de mil tipos de acuarelas, de papelería, de sellos, de belleza…. lo difícil es no picar en nada.
Don Quijote es uno de los templos de la locura máxima. Se trata de un gran bazaar presente en las principales ciudades que tiene, literalmente, mil cosas: desde comida, golosinas, maletas, juguetes, maquillaje, papelería, gadgets, artículos de firma de segunda mano, fotografía….. en serio, cualquier cosa que busques, está allí.

SOBRE COMPRAR CÁMARAS DE FOTOS

Para comprar cámaras, tanto analógicas como digitales, lo mejor son las tiendas de segunda mano. Hay en casi todas las ciudades, pero el paraíso es Shinkuju, en Tokio.

Existe un sistema de clasificación por el cual puedes encontrar el mismo modelo de cámara en función de sus condiciones: perfecto estado, alguna marca de uso, muchas marcas de uso, sin funcionar pero válido para piezas… esto marcará el precio de la cámara. Te puedes fiar perfectamente porque todas han sido revisadas. De todos modos, mi consejo es que si compras algo analógico, cargar un carrete y llevarlo a revelar en una hora. La garantía suele ser de una semana y así te aseguras que funciona perfectamente.

Como paraíso analógico, puedes aprovechar también para comprar película a precios de risa, también de Fujifilm Instax porque cuestan la mitad que en España.

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ROPA

Hay algunas tiendas de ropa impresionantes y en las de segunda mano tienen auténticas preciosidades. Pero la ropa es cara en general. Aconsejo aprovechar la visita para ir a Uniqlo y comprar camisetas de algodón, mallas térmicas y algún chaleco de plumas ligero ya que la diferencia de precio merece muchísimo la pena.

Algo muy curioso es que para entrar en los probadores te tienes que descalzar, y en algunos incluso te dan una bolsa de papel para ponerte en la cabeza. Suena un poco raro, pero en realidad es muy buena idea para evitar manchar de maquillaje la ropa.

ELECTRICIDAD

Los enchufes en Japón son de tipo A / B (las dobles planas) por lo que es necesario un adaptador.

INTERNET

Tener acceso a internet me parece imprescindible para moverse por la ciudad, encontrar restaurantes y traducir todo aquello que necesites. Existen varias empresas que alquilan unos aparatos que a través de conexión wifi, permiten conectar varios dispositivos. El precio va en función de los días que lo alquiles y tienes la posibilidad de recogerlo en el aeropuerto de destino o bien en la recepción del hotel.
Después para devolverlo solo hay que meterlo en un sobre que viene con la entrega y dejarlo en un buzón de correos. La batería dura lo suficiente para usarlo un día entero, así que es muy práctico.


PARA FINALIZAR

Suena a manual y topicazo, pero lo que hay que llevar por encima de todo, son ganas de disfrutar e ir con el corazón abierto. Es cierto que el shock cultural no es tan grande como en otros países, pero es verdad que hay algunos sitios con bastante solera y que si eres muy remilgado quizá sufrirás un poquito. Pero es en esos lugares donde se viven las mejores experiencias y se prueban los platos más sorprendentes.

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Ayer por la tarde, mientras leía al sol en casa de mis padres, comencé a escuchar a las grullas que emigran al norte gruir y al verlas me acordé del sábado que fuimos a las Tablas de Daimiel.

Durante ese día pudimos ver muchísimas de ellas porque contratamos una excursión en Jeep con un ornitólogo que nos contó cosas muy curiosas, como que siempre siguen la misma ruta (se ha comprobado anillando con gps a algunas de ellas y nunca, nunca, confunden el camino porque son sensibles a los campos magnéticos); que vuelan a distinta altura en función de si pasan por zona de campo o ciudad; o que en realidad, se trata de un grullarcado, porque siempre son tres o cuatro hembras las que se turnan para dirigir la ruta.

Todo esto me hizo pensar en lo increíbles que son la naturaleza y los animales. En sus capacidades tan impresionantes y que ni siquiera nos paramos a reflexionar sobre ello normalmente. Al menos no hasta que tomas conciencia. ¿Un sentido magnético? A mí personalmente me cuesta hasta procesarlo pero me parece extremadamente curioso.

Gracias a que nuestro guía llevaba un catalejo pudimos verlas perfectamente a pesar de lo lejos que estaban. Durante la tarde iban de un sembrado a otro pero al atardecer iban a pasar la noche a las tablas. Nos escondimos en una caseta y desde ahi vimos cómo, mientras iba cambiando el color del cielo, iban llegando por grupos. Es algo que aunque intentes capturar en foto o en video, no recoge las sensaciones del momento. Nos volvemos locos con irnos la Cochinchina y aquí al lado tenemos estos espectáculos. Qué suerte tenemos. 



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Una de las cosas que más me apetecía durante el viaje era ir a Tokyo Disney Sea, el único que existe en el mundo. Aunque normalmente se suelen visitar sitios como Nikko o Kamakura, después de unos cuantos templos repartidos por distintas ciudades nos (me) apetecía un plan totalmente diferente.  La pena es que nos hizo un día malísimo de lluvia y frío, a pesar de que todo el viaje había hecho buenísimo. Pero bueno, es a lo que te arriesgas al comprar las entradas con antelación.

Para las fotos, me compré una Fujifilm Simple Ace, una opción ideal para este tipo de planes. No gasté todo el carrete así que lo terminé dando un paseo por Tokyo.

Qué pena que no vendan estas cámaras en Madrid. Creo que voy a abrir un change(.)org. O si alguien sabe donde encontrarlas, porfa, que me diga.


Tokyo Disney Sea Tokyo Disney Sea Tokyo Disney Sea Tokyo Disney Sea Tokyo Disney Sea Tokyo Disney Sea Tokyo Disney Sea Tokyo Tokyo Tokyo

Algo que me fascina de Japón en general y de Tokio en particular, es que es el paraíso de la fotografía, especialmente la analógica.

En el barrio de Shinjuku hay mil tiendas en las que es posible encontrar prácticamente cualquier cosa. Todo el material está clasificado por calidad: desde la más básica para recambios de piezas hasta joyas prácticamente sin marcas de uso. Y  los precios son acorde a lo que te llevas.

Cuando estuvimos en el barrio de Shimokitazawa vi en una tienda de mil cosas de segunda mano una Olympus 35DC. Me pareció una cámara chulísima, pero estaba muy sucia y no pude probarla porque no encontré pilas en ninguna tienda cercana.

Al día siguiente nos acercamos a Shinjuku. Después de recorrer unas cuantas tiendas, por fin la encontramos. El vendedor nos dijo que tenía garantía de una semana, así que compramos unas pilas, cargamos la cámara, disparamos por el barrio y revelamos las fotos en una hora.

Me encantó el resultado, aunque tengo que mejorar el enfoque. Desde que la he traído, la estoy usando muchísimo. La mejor compra de todo el viaje.

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Marrakech es caótica, desordenada y algo sucia. Pero también misteriosa, sorprendente, maravillosa, con ese encanto decadente que tienen las paredes desconchadas. Una explosión para los sentidos: colores, olores y sonidos. De las fachadas, las alfombras, las especias; de los encantadores de serpientes, de los vendedores hablándote en cualquier idioma - hola, bonjour, hallo - y del imán llamando al rezo. Es un viaje al pasado, como una especie de lobotomía que te saca de la rutina y tu zona de confort. Que saca lo peor de ti o te enamora perdidamente para siempre. Es increíble como cogiendo un vuelo de apenas dos horas llegas un mundo totalmente distinto y puedes salir tanto de la rutina.

Durante el pasado puente de diciembre, después de tanto tiempo queriendo ir, tachamos de la lista visitar Marrakech. Era mi primera vez en un país africano y volví tan enamorada que solo pienso en volver y conocer el país a fondo.

Tras aterrizar en el aeropuerto de Menara y pasar el control, por fin salimos a la calle para encontrarnos con nuestro conductor que nos llevaría al riad donde nos alojabamos.
Mientras nos íbamos acercando a la medina, con esa luz tan especial que tiene la ciudad, se me removió algo por dentro, una sensación extrañísima. De irrealidad, de sueño, de película. Era demasiado exótica, bonita, interesante y abrumadora para ser verdad. Una sensación que solo he tenido cuando llegamos a Pekín y que me cuesta mucho explicar.

Nos alojamos en el Riad Up, regentado por Elsa, una mallorquina que lleva años viviendo en la ciudad y que nos hizo estar como en casa. Los riad son casas reconvertidas en hoteles con varias habitaciones en torno a un patio precioso con piscina. No puedo recomendar más el nuestro: la habitación era comodísima y muy silenciosa, el desayuno casero y riquísimo y la gatita Tutsi un auténtico amor que no podía dejar de acariciar y fotografiar; y además, estábamos muy cerca de la plaza Jamaa el Fna por lo que por la noche llegábamos enseguida.

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Sobre el alojamiento: aunque existen opciones de hoteles, recomiendo muchísimo quedarse dentro de la medina, sobre todo en un riad porque tiene todas las comodidades pero en un ambiente mucho más íntimo y cercano. La ciudad está llena de ellos y hay opciones para todos los gustos.

Tras charlar un rato con Elsa, decidimos salir a explorar la ciudad comenzando por la Plaza Jamaa El Fna, que hay que conocer tanto de día como de noche. Durante el día está llena de puestecitos de frutas y objetos decorativos, encantadores de serpientes y mujeres que ofrecen hacerte un tatuaje de henna a cambio de unos dirhams. Por la noche el escenario cambia y es lugar de reunión de muchos lugareños, se montan cientos de puestos de comida que dan lugar a una mezcla increíble de olores y sonidos, con un humillo que lo inunda todo. Merece la pena sentarse en una de las terrazas que dan a la plaza y tomar un té a la menta al atardecer. Recomiendo Le Grand Balcon du Glacier por la vistas (aunque el té estaba regulero) y el Zeitoun Café para tomar un zumo de frutas a media tarde mientras el sol te acaricia.

Después fuimos a comer a Nomad, un restaurante frecuentado por occidentales pero que ofrece comida marroquí en su terraza que es una auténtica delicia. Recomendable 100%.

Por la tarde nos perdimos por la medina, que para mi es la parte que más encanto tiene del viaje. Allí puedes encontrar cualquier cosa que imagines: especias; bolsos, cinturones, zapatos de piel; mil cosas de mimbre; zuecos, cerrajería, adornos, espejos, carteles, alfombras… no hay nada que no puedas encontrar. Hay auténticos tesoros a precios de risa. Eso sí, hay que ir preparado para regatear. Para ellos es lo habitual, pero creo que hay que llevar una actitud de pagar lo que crees que es justo. Los precios de por sí ya son ajustados y no consiste en ser más que nadie y conseguirlo todo extremadamente barato, porque muchas cosas al cambio ya lo son. Por supuesto que siempre se llevan un margen, pero para lo que ti son 3 o 4 euros, para ellos marca mucho la diferencia.

En ese deambular, encontramos de casualidad un jardín precioso donde era posible tomar algo. Se llamaba Le Jardin Secret y me gustó que no estaba especialmente concurrido. Me encantan este tipo de descubrimientos. No hay nada como perderse para encontrar cosas inesperadas.

Sobre orientarse: mi consejo principal es aprenderse el camino de vuelta al riad desde la plaza principal. Al principio parece complicado moverse, pero enseguida consigues orientarte, sobre todo si te fijas como referencia la Kutubía. Su laberíntica medina puede intimidar, pero siempre todas las calles terminan llevándote a la Plaza Jamaa el Fna.

Sobre la seguridad: Marruecos es una ciudad totalmente segura. Yo no me sentí incómoda ni con miedo en ningún momento, tampoco sentí que me fuesen a robar a pesar de llevar una cámara de fotos llamativa. Los marraquechíes son gente amable y dispuesta a ayudar. Solo se dirigirán a ti para venderte algo o ayudarte si te ven perdido o indicarte si vas a pasar delante de una zona donde ha comenzado el rezo.
Lo único a lo que hay que prestar especial atención es a las motos: van por las callejuelas de la medina a toda velocidad, por lo que es importante ir lo más pegado posible a la pared si no quieres que te atropellen o llevarte un mal golpe.

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Con el objetivo de conocer mejor Marrakech y su historia, al día siguiente hicimos un tour andando de cuatro horas, en el que aprendimos muchísimas cosas, como por qué los no creyentes no pueden visitar las mezquitas, por qué las casas son tan bajas, la razón por la que hay tantos gatos en la calle y por qué la ciudad es de color ocre. Durante el paseo pudimos entrar al Palacio de la Bahía - que me encantó y me hubiese gustado visitar con más tranquilidad - y visitamos las tumbas saadies, que también me parecieron impresionantes.

Como único punto negativo, al final de la visita estuvimos en una tienda de especias durante casi una hora donde nos estuvieron enseñando mil y un remedios tradicionales (para después vendérnoslos claro). Me llevé unas cuantas cosas, como el famoso pintalabios que cambia de color según tu labio (que según he podido leer después no es tan marroquí), unas pastillas ambientadoras para el armario y aceite de esencial de flor de naranjo para dormir mejor - que no se si será todo psicológico, pero desde que lo estoy usando consigo conciliar mejor el sueño.

Después comimos algo rápido y nos dirigimos a la siguiente actividad que teníamos programada: un paseo en quad por las afueras de la ciudad. La verdad es que fue una experiencia muy diferente y divertidísima. Aunque pensaba coger un rato el quad, finalmente solo fui de paquete porque la dirección estaba muy dura y no me atreví. Pero disfruté muchísimo del paisaje, saludando a todos los niños con los que nos cruzábamos y hasta rescatando una cabrita bebé que se había separado del rebaño: me bajé del quad y la cogí para llevársela al pastor porque me daba miedo que otro quad la pudiese atropellar. Parecerá una tontería, pero para alguien que vive de su rebaño, perder un animal supone mucho. Me hubiese gustado llevarme la cabrita conmigo a casa, pero creo que no me la hubiesen aceptado como equipaje de mano.
Terminamos la excursión llenos de polvo hasta las cejas, así que volvimos al riad y después de una buena ducha y relajarnos un poco, fuimos a cenar.

Dónde comer: hay mil opciones donde poder tomar algo, desde los puestecitos callejeros, pasando por los restaurantes típicos (que son realmente económicos) hasta los más chic con dj en directo. Me gustó especialmente Nomad, la Terrasse des Espices y Les Gazelles; que son sitios muy conocidos y donde se come fenomenal. Aunque ofrecen opciones occidentales recomiendo encarecidamente probar la comida marroquí: es muy especiada y sabrosa y todo está buenísimo. Echo muchísimo de menos los tajines porque estaban de muerte.
También recomiendo Toubkal, en la plaza principal, súper auténtico, frecuentado por locales y con unos precios de risa. Son un poco lentos, pero la comida merece mucho la pena.

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El sábado nos levantamos tempranísimo porque habíamos quedado a las 7 de la mañana para hacer una excursión a Ait-Ben-Haddou y Ourzazate. Aunque el recorrido me pareció una pasada por los paisajes y la kasbah, no lo recomiendo para un viaje tan corto en Marrakech. Lo que se suponía que eran 2 horas de trayecto fueron en realidad casi 4 de ida y otras tantas de vuelta porque las carreteras estaban todas en obras, con muchísimos baches y además hicimos mil paradas hasta llegar al sitio, porque aunque se suponía que las vistas desde esos puntos merecían la pena, también estaban llenas de puestos donde llevarse un recuerdo del Atlas como minerales o artesanía.
Al final llegamos a las 9 de la noche a la ciudad y no pudimos ir al hamman, que era una de las actividades que nos apetecía hacer. No digo que no merezca conocer esta cara de Marruecos, simplemente que si repitiese el viaje o tuviera que recomendarlo para un fin de semana, no elegiría esta excursión.

Sobre los baños: hay que ir con el corazón abierto en algunos sitios. Y digo esto porque durante una de las paradas de la excursión, una de las chicas del grupo se sorprendió de que el baño fuese una letrina (de cerámica) y que por cadena hubiese en realidad un grifo y un cubo que llenas una vez que terminas. A mi la situación me pareció divertida, al fin y al cabo no estás en un escenario de Aladdin, pero creo que hay que ser consciente de dónde se está y no ser remilgado. Que en peores plazas hemos toreao.

El último día fuimos a visitar el Jardin Majorelle, antigua casa de Yves Saint Laurent. Aunque me pareció una auténtica pasada, estaba tan masificado de gente que desmereció totalmente la visita. Supongo que es lo que ocurre cuando visitas un lugar en puente y domingo. Si alguna vez tenemos ocasión de volver, intentaremos visitarlo a primerísima hora de la mañana y un día entre semana. Aun así me gustó muchísimo pasear por los jardines y soñé con tener algún día una casita pintada de ese color azul tan precioso.

Antes de coger el vuelo de vuelta, nos volvimos a perder por la medina, compré unas babuchas y desee llevarme medio zoco porque todo me parecía ideal para casa. Pero no facturábamos, así que me tocará volver con una maleta más grande, espero, pronto...

Marrakech me ha robado el corazón. Solo fueron cuatro días, pero suficientes para enamorarme de sus colores, su luz y su comida. Ya estoy deseando volver.

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