Verona, Italia

Verona, la ciudad del amor

11.1.18

Verona, qué sorpresa.

Erróneamente la había subestimado por ser archiconocida gracias a Romeo y Julieta. Pensaba que se trataba de una ciudad que había cogido fama gracias Shakespeare pero Verona es mucho más.

El inicio fue genial. Nos quedamos en una antigua casa palacio cerquísima de todo. La habitación ideal con el papel pintado de pájaros (yo feliz) y una terraza que no pudimos aprovechar por el frío que hacía, pero que en primavera tiene que ser una maravilla.

La lluvia nos acompañó prácticamente todo el tiempo, pero aún así, pudimos aprovechar bastante. Como llegamos el sábado a media tarde, decidimos dejar las visitas turísticas para el día siguiente. Los primeros domingos de mes de octubre a marzo la entrada a todos los puntos turísticos cuesta únicamente un euro, así que aprovechamos para ver aquellas cosas que no estaban ni siquiera en la lista.

Una de ellas era la casa de Julieta: la guía no recomendaba especialmente la visita, pero por ese precio y aprovechando que llovía, decidimos entrar. Realmente no merece la pena pagar la entrada completa (unos 6€, creo) porque lo único que hay son muebles y algunos trajes que simulan haber pertenecido a la célebre pareja.  No obstante, la pared donde los enamorados dejan sus mensajes de amor es, cuanto menos, curiosa. Las notitas están pegadas con tiritas o incluso chicles - a mi me dió un poco de cosa, pero claro, estando de viaje supongo que no todo el mundo lleva un celo encima.
La tradición manda tocarle un pecho a Julieta para encontrar el amor verdadero. Debe haber mucho fervor alrededor de esto, porque tanto el pecho como el resto del cuerpo tienen un lustre diferente a la cabeza.

De la lista de los imprescindibles visitamos la torre Lamberti que con sus 84 metros de altura ofrece unas vistas preciosas. Además, tiene ascensor por lo que la subida es menos dura - aunque a mí esto me produce un sentimiento encontrado, ¿dónde ha quedado el esfuerzo para obtener la recompensa?.

Visitamos el Castelvecchio y su puente. Las vistas desde allí son una pasada. Tanto el Arena como la zona me gustaron muchísimo. Muy cerca había un montón de restaurantes y terrazas, pero como hacía tan mal tiempo no pudimos aprovecharlas. Eso sí, lo apunto a mi lista de pendientes.


Para comer fuimos a Da Mario, donde hay que ir pronto porque sus pizzas tienen fama y se llena rapidísimo y también estuvimos en Parma a Tavola donde sirven una lasaña con la que aún sueño.
La parte dulce la disfrutamos en el café Borsari, que es un símbolo de la ciudad. Es mejor evitar las horas punta, y aunque el local es bastante estrecho, merece la pena la parada para probar su cruasán de chocolate.

Como decía en mi post del viaje, me quedo con ganas de volver a Verona en primavera.
Espero que sea muy pronto.




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2 comentarios:

  1. Me ha encantado tu viaje, ¡qué fotogénica es Verona! Me la he apuntado en la lista. Un abrazo.

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    1. Muchas gracias Nuria. Verona es bonita incluso estando nublado y con lluvia :)
      Gracias por comentar. ¡Un abrazo!

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