Porto A principios de octubre tuvimos una boda en Cáceres, así que como aún nos quedaban días de vacaciones, decidimos aprovechar el festivo e irnos una semana de ruta en coche por Portugal.

Portugal sí que es always a good idea. Personalmente me siento muy bien allí: me gustan sus pueblitos, las ciudades, la comida, la gente, la sencillez y la paz que se respira. En fin, igual no soy muy objetiva, pero siempre que existe la posibilidad de ir al país vecino no me lo pienso demasiado.

A continuación nuestra ruta en coche de 6 días que dieron para mucho.

Primera parada: Monsanto.
Se trata de la aldea más portuguesa de Portugal. Sus calles y casitas se encuentran encaladas entre enormes rocas. Desde el castillo las vistas merecen muchísimo la pena.

monsanto monsanto

Coimbra, segunda parada.
Aunque ya conocíamos la ciudad tenía muchísimas ganas de volver. Es famosa por su universidad (no me habría importado nada estudiar allí) y por lo pintoresca que es. Además, su bandera tiene un estilo Harry Potter muy curioso. Ya solo por eso gana mil puntos. Para dormir nos quedamos en guest house santa clara, un lugar súper recomendable con unas habitaciones preciosas. No ofrecen desayunos pero muy cerquita hay un montón de bares y cafeterías.

Lo mejor es dormir en la ciudad para muy temprano visitar la universidad. Las visitas a los edificios son de horario libre, aunque para la biblioteca te tienen que dar hora, por eso es importante ir con antelación. Muy recomendable subir a la torre del reloj. Aunque el tramo final es especialmente agobiante por la escalera de caracol estrechísima, las vistas merecen mucho la pena (incluso con niebla).

coimbra coimbra Coimbra  
Buçaco, un alto en el camino. 
De camino a Aveiro decidimos parar en Luso y subir hasta Buçaco, un lugar de cuento. La entrada al parque en coche es 5 euros, aunque también se puede hacer andando. Al final del camino hay un palacio hotel precioso, inspirado en el monasterio de Belém y la torre de los Jerónimos de Lisboa. A la próxima tenemos que pasar allí una noche.
Buçaco Buçaco

Aveiro, la Venecia portuguesa y Costa Nova y sus casitas de rayas.
Quizá porque tenía las expectativas muy altas, pero Aveiro fue lo que menos me entusiasmó del viaje. El centro es bonito y muy paseable, pero de los canales me esperaba mucho más. Los barcos son chulos pero aunque nunca he estado en Venecia, creo que la comparación es un poco pretenciosa.

Costa Nova en cambio me encantó. Sinceramente me esperaba literalmente tres casas. Pero resulta que no, que hay todo un paseo al borde de la ría lleno de casitas de colores. Locura fotográfica. Tiene que ser ideal vivir en un sitio así. Yo me veo. Comimos en un restaurante de los de toda la vida una sopa de peixe y una dorada a la brasa. Una pildorita de felicidad que me guardo para cuando tenga días un poco duros. Solo es cuestión de teletransportarse a ese momento.

Aveiro Aveiro Costa Nova  
Oporto cuarta parada
De Oporto me llevé muy buen recuerdo cuando la visitamos hace ya unos cuantos febreros, pero el fervor no era tanto como el que siento por Lisboa. Quizá porque el tiempo no fue el mejor.  Oporto es como ese chico que al principio te gusta pero no tanto. Es mono sí, tiene algo. Pero según le vas conociendo mejor te va gustando más y más. Y ya estoy apaixonada de la ciudad.

Como ya conocíamos Oporto nos lo tomamos con calma, como si viviésemos allí. Nos quedamos en un apartamento comodísimo donde estuvimos como en casa y con una ubicación buenísima, a un paso de todo.

Me encantó redescubrir el Mercado de Bolhão en plena ebullición, observar a la gente local hacer su compra como antes de que las grandes superficies lo hinundaran todo. Mientras paseábamos y hacíamos fotos sentí mucha tristeza al pensar que estas cosas se están perdiendo, cómo los comercios tradicionales desaparecen por culpa de la globalización y la vida de prisas que llevamos.  Todos contribuimos a esto, es más cómodo y rápido ir a un gran supermercado y comprarlo todo que ir de tienda en tienda. Pero perder las cosas de siempre es muy triste y no pude evitar pensar que cuando sea mucho más mayor, no veré el mercado de Bolhão como me lo he encontrado en este viaje.
Por eso he decidido que en la medida de lo posible, voy a hacer el esfuerzo de comprar más cosas en los comercios cerca de casa. Ojalá el mercado mantenga su esencia siempre. Ojalá no perdamos ésta parte de nuestra historia.

Volvimos a subir a la torre de los Clérigos para disfrutar de las vistas aunque en esta ocasión tuvimos que hacer cola. Se notaba mucho el incremento de turistas. Muy cerquita de allí comimos en un restaurante de los de toda la vida, sin florituras ni tonterías, con un pescado increíble y un precio de risa.
Otro plan que disfruté muchísimo ver atardecer en una terraza en el río con vistas al puente.  Un lugar genial para tomar una copa tranquilamente y ver la vida pasar.

Y como simpre que hay un A Vida Portuguesa, hice acopio de crema de manos de la marca Benamor, que es, literalmente la forma de teletransportarse a Portugal.

El tiempo en Oporto se pasó en un santiamén y nuevamente pusimos rumbo al siguiente destino.

Porto Porto Porto Porto Porto
Braga y Bom Jesus
Tenía muchas ganas de ir a Braga porque además de ser una ciudad muy bonita que me recordó, salvando las distancias, un poco a Santiago de Compostela, tiene un lugar muy especial que merece una visita: el santuario del Bom Jesus. La subida es un poco dura, pero las increíbles vistas lo merecen.
Braga Braga Braga Braga
Y de Braga, vuelta a Madrid, deseando regresar a Portugal. Espero que sea muy pronto.

No hay nada como escuchar a gente que cuenta las cosas con pasión. Hace unos cuantos findes estuvimos en Desert City,  un vivero de cáctus y suculentas. Pero es además un jardin botánico con más de 400 especies de los 5 continentes. Todo un proyecto personal de Mercedes, una apasionada de las plantas xerofíticas que me ha encantado conocer y que sin duda se merece una visita.

Con el objetivo de enseñar a los visitantes, los fines de semana hay visitas guiadas por el jardín en las que se aprenden un montón de curiosidades acerca de la importancia del riego, el ciclo de vida de estas plantas, por qué los árboles de Josué se llaman así, por qué a los ágaves les sale unas flores con un tallo tan alto y un montón de cosas más.  La visita es gratuita y merece muchísimo la pena, todo un planazo de finde.
Desert City Desert City Desert City Desert City Desert City Desert City Desert City Desert City
madrid

Si hay un plan que me gusta especialmente es ir a desayunar y si además es descubriendo un sitio nuevo, más todavía.
Aunque Federal Café inunda prácticamente el total de las cuentas que sigo en instagram, no había tenido ocasión de ir. Y tiene delito porque me declaro muy fan de sus huevos al horno y de su precioso local de Conde de Barajas. La terraza además es super apetecible para una mañana soleada.


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