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Igual que el año pasado decidimos tomarnos con calma Lisboa, saborearla. Es el placer de conocer un sitio, que ya no hay prisas ni listas interminables de imprescindibles, solo algún sitio nuevo en el radar. Y sí un recopilatorio extenso de restaurantes y cafés que es la excusa ideal para volver una y otra vez porque no te ha dado tiempo a tacharlo todo. Al fin y al cabo solo hay tres comidas al día con lo cual es totalmente razonable y comprensible.

Paseamos por Alfama y el Barrio Alto, disfrutamos de una cervecita en el miradouro de Santa Luzia mientras un músico tocaba la guitarra y pequé en A vida Portuguesa de Largo do Intendente llevándome unas cremas de manos que según te las echas te teletransportas a Lisboa.  Volvimos al jardín botánico de Ajuda y visitamos el Parque de las Necessidades. Subimos al Santuario del Cristo Rei, que además de tener unas vistas de la ciudad espectaculares, es un sitio donde se respira mucha paz gracias a la música celestial de fondo.

Desayunamos mucho y bien. Recuerdo con fervor el pan y el café en Copenhagen Coffee Lab (¿para cuando una sucursal en Madrid?) y el scone de Tease. Hasta fuimos de brunch en The Mill y desee con todas mis fuerzas ser de esas personas con el metabolismo rápido porque sabía que la báscula me iba a delatar a la vuelta. Y descubrimos Manteigaria, que según dicen superan a los pastéis de nata de Belem.

Para comer volvimos a Casa da India donde me comí un arroz de peixe que me supo a gloria bendita, gordeamos y salimos rodando de The B Temple y nos dimos un homenaje en la Marisqueria Cervejaira Ramiro.

Vimos el atardecer tomando un digestivo en Pharmacia y  también en Avenida Riveira mirando al Tajo con musicote de fondo. Planazos.

La vida en Lisboa se disfruta de forma diferente. Ojalá estuviera más cerca para ir más a menudo.

P.D. He actualizado mi guía de Lisboa con mis nuevos descubrimientos.

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Después del aperitivo del finde en las lagunas de Ruidera no veía el momento en el que las ansiadas vacaciones de verano llegasen. Las semanas se me hicieron un poco largas hasta finales de julio y luego ¡zas! ... en un parpadeo se fueron. Ninguna novedad por otra parte. Me ocurre todos los años y le pasa a toda la gente que conozco.

Este año no hemos organizado con demasiada antelación las vacaciones y como nos apetecía un plan relax, pusimos (sí, otra vez) rumbo a Portugal. Dividimos el viaje en dos partes: Cabo da Roca como primer campamento base y Lisboa como nuestra segunda zona de operaciones (que lo reservo para el próximo día).

Como siempre que vamos a Portugal, decidimos ir en coche desde Madrid por la flexibilidad que da a la hora de moverse por la zona.

En Cabo da Roca nos quedamos en una casita ideal con vistas a la playa, aunque la pena es que no pudimos disfrutar de la piscina porque tuvimos mala suerte y hacía bastante fresco y viento.  Aún así, aprovechamos muchísimo para hacer excursiones por la zona.
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Fuimos a Cascais y a pesar de que ya la conocíamos, aprovechamos para visitar algunos sitios que no habíamos tenido ocasión como el Museo Condes de Castro Guimarães (pequeñito pero fascinante) y el faro de Santa Marta - con mucha suerte porque abren únicamente de 11:00 a 12:00 los miércoles, jueves y viernes y de 11:00 a 13:00 el cuarto sábado de mes.

Como recomendaciones dos: una gastronómica, Il Siciliano (sí, sé que tomar pizza en Portugal es una especie de sacrilegio, pero no solo de balcahau à brás se vive) y otra decorativa, Happy Sardine, para fundir la visa. 

Una de las tardes fuimos a Sintra para dar un paseo y merendar unas queijadas en el Café Saudade.  Me dio pena que cada vez está más saturadísima de gente y pasear por el centro resulta un poco estresante. Tendremos que volver en temporada baja.
Cascais Cascais Cascais Cascais Cascais Cascais cascais Cascais cascais cascais Cascais Cascais Cascais sintra, portugal cascais cascais cascais

Otro de los días visitamos el Palacio Nacional de Mafra, que lo tenía en mi lista de pendientes.  Una visita que merece muchísimo la pena y que se sale del circuito puramente turístico.  El palacio fue construido por Juan V como promesa a su esposa si le daba descendientes. Finalmente nació la princesa Bárbara de Braganza y se iniciaron las obras. El palacio conserva mucha parte del mobiliario y tiene una biblioteca espectacular. Por no hablar de las paredes decoradas con pinturas vegetales y de pajaritos. Mi sueño hecho realidad. Esto sí que era un baño instagram y no el minimalismo sueco. Recomendable 100%.

mafra mafra mafra mafra mafra

Antes de despedirnos y poner rumbo hacia Lisboa, aprovechamos para visitar el Palacio del Marques de Pombal en Oeiras.  Reconozco que me gustó muchísimo más los exteriores que el interior (apenas hay muebles), pero aun así disfruté de la visita.

Lisboa Jardim do Palácio do Marquês de Pombal Jardim do Palácio do Marquês de Pombal Jardim do Palácio do Marquês de Pombal

No sé que tiene Portugal que cada vez que estoy allí siento una tranquilidad especial. Es pasar la frontera y siento que estoy en mi sitio. Me estoy planteando seriamente tramitar los papeles y hacerme portuguesa.  Estoy deseando volver y seguir descubriendo y redescubriendo lugares con mi persona favorita.

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