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Durante los días en Suzhou hicimos una excursión a Luzhi, un pueblito de canales que según he podido leer, es conocido por sus famosos puentes de piedra construídos durante las dinastías Song, Yuan, Ming y Qing. De los 72 que llegaron a existir, 41 siguen estando hoy en día. Es un número bastante grande para lo pequeñito que es Luzhi.
 
El día salió lluvioso y esto que a priori siempre me resulta una mala noticia, contribuyó bastante a que pudiesemos verlo sin apenas gente y con mucha tranquilidad. Pude aprovechar para hacer muchas fotos, sobre todo a los locales en su ambiente.

Además de pasear entre las callejuelas visitamos el templo Baoshen, que tiene un jardín precioso y unos árboles de más de mil años de antigüedad. Realmente el pueblo no da para mucho más, pero es ideal para un paseo sin pretensiones. 
Luzhi me encantó y me resulta una excursión super recomendable desde Suzhou.


Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi
Luzhi, China

Luzhi, el pueblito de agua


Durante los días en Suzhou hicimos una excursión a Luzhi, un pueblito de canales que según he podido leer, es conocido por sus famosos puentes de piedra construídos durante las dinastías Song, Yuan, Ming y Qing. De los 72 que llegaron a existir, 41 siguen estando hoy en día. Es un número bastante grande para lo pequeñito que es Luzhi.
 
El día salió lluvioso y esto que a priori siempre me resulta una mala noticia, contribuyó bastante a que pudiesemos verlo sin apenas gente y con mucha tranquilidad. Pude aprovechar para hacer muchas fotos, sobre todo a los locales en su ambiente.

Además de pasear entre las callejuelas visitamos el templo Baoshen, que tiene un jardín precioso y unos árboles de más de mil años de antigüedad. Realmente el pueblo no da para mucho más, pero es ideal para un paseo sin pretensiones. 
Luzhi me encantó y me resulta una excursión super recomendable desde Suzhou.


Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi Luzhi

En verdad, todo el viaje por China se organizó en torno a un evento familiar: la boda de Marta, que fue la excusa perfecta para poner por fin fecha de visita. Ella lleva muchos años viviendo allí y por supuesto su familia ya había estado, pero para mí era la primera vez, así que no se me ocurrió mejor razón para comprar el billete.

Suzhou, China

Suzhou, la ciudad de los canales


En verdad, todo el viaje por China se organizó en torno a un evento familiar: la boda de Marta, que fue la excusa perfecta para poner por fin fecha de visita. Ella lleva muchos años viviendo allí y por supuesto su familia ya había estado, pero para mí era la primera vez, así que no se me ocurrió mejor razón para comprar el billete.


Según la guía Lonely Planet, es más sencillo dejarse seducir por Shanghai después de visitar otras ciudades chinas que si se hace en primer lugar. En mi caso, aunque no puedo decir que la ciudad me disgustara, tampoco me maravilló. Me explico: es una ciudad impresionante, con unos edificios traídos del futuro y mil planes por hacer. Pero no me llegó al corazón. Me pareció demasiado occidentalizada, cosas de la globalización, supongo. Llamadme clásica, pero si tuviera que elegir, me quedaría con la zona más vieja de la ciudad, con sus locales entrópicos, muchos de ellos con su gatito en la puerta, las motos y bicis a toda prisa y los señores paseando en pijama por la calle. Para mi eso tiene mucho más encanto.

Por supuesto no podía faltar hacernos la foto de rigor a El Bund, tanto de día como de noche, que fue cuando más me gustó. Después de disfrutar de la vista a la luz del día, cogimos un ferry para cruzar a Pudong y subimos a la torre de la perla, que era un imprescindible para mí. Lo curioso de este edificio es que hay una zona donde el suelo es totalmente transparente. Normalmente me encanta subirme a todo lo que me permita ver el paisaje a vista de pájaro, pero aquí pasé miediti… En la zona del mirador hay una pequeña abertura a lo largo del pasillo circular que hace que el viento sople bastante y que hace la experiencia más agobiante. Al final, intenté quitar la cara de susto, me hice un par de fotos y eso fue todo lo que aguanté sin pisar el suelo “de verdad”. Y yo que me las creía tan felices cuando veía las fotos en Instagram.

Shanghái Shanghái Shanghái Shanghái Shanghái Shanghái Shanghai Shanghai Shanghai Shanghai Shanghai Shanghai
Un edificio que me gustó muchísimo y que creo que no es la visita típica, fue el antiguo matadero que data de 1933. Hoy en día es una zona de tiendas, cafés y oficinas - por cierto, me declaro fan absoluta de tener un gato como mascota pululando entre las mesas.
Y hablando de café… no hagáis el turista como yo y os vayáis como posesos a por un café al Starbucks de abajo. Subiendo hacia la azotea hay una preciosa cafetería que me hizo maldecir mi ansia viva. Por favor, si vas, tómate ese café que yo no pude disfrutar.

También fuimos al bazar Yuyuan, donde aprovechamos para hacer algunas compras de souvenirs típicos como imanes y pulseras así como practicar el milenario arte del regateo. Aprovechamos para ir a un templo que había muy cerquita, aunque claro, estaba hasta arriba de gente y no hice fotos.

Shanghai Shanghai Shanghai Shanghai Shanghai Shanghai
Los tres días que pasamos en Shanghai se pasaron muy rápido y creo que le dedicamos el tiempo justo para saborear la ciudad sin saturarnos. Siguiente parada: Suzhou.
Shanghai, China

Shanghai, la ciudad de las luces de neón


Según la guía Lonely Planet, es más sencillo dejarse seducir por Shanghai después de visitar otras ciudades chinas que si se hace en primer lugar. En mi caso, aunque no puedo decir que la ciudad me disgustara, tampoco me maravilló. Me explico: es una ciudad impresionante, con unos edificios traídos del futuro y mil planes por hacer. Pero no me llegó al corazón. Me pareció demasiado occidentalizada, cosas de la globalización, supongo. Llamadme clásica, pero si tuviera que elegir, me quedaría con la zona más vieja de la ciudad, con sus locales entrópicos, muchos de ellos con su gatito en la puerta, las motos y bicis a toda prisa y los señores paseando en pijama por la calle. Para mi eso tiene mucho más encanto.

Por supuesto no podía faltar hacernos la foto de rigor a El Bund, tanto de día como de noche, que fue cuando más me gustó. Después de disfrutar de la vista a la luz del día, cogimos un ferry para cruzar a Pudong y subimos a la torre de la perla, que era un imprescindible para mí. Lo curioso de este edificio es que hay una zona donde el suelo es totalmente transparente. Normalmente me encanta subirme a todo lo que me permita ver el paisaje a vista de pájaro, pero aquí pasé miediti… En la zona del mirador hay una pequeña abertura a lo largo del pasillo circular que hace que el viento sople bastante y que hace la experiencia más agobiante. Al final, intenté quitar la cara de susto, me hice un par de fotos y eso fue todo lo que aguanté sin pisar el suelo “de verdad”. Y yo que me las creía tan felices cuando veía las fotos en Instagram.

Shanghái Shanghái Shanghái Shanghái Shanghái Shanghái Shanghai Shanghai Shanghai Shanghai Shanghai Shanghai
Un edificio que me gustó muchísimo y que creo que no es la visita típica, fue el antiguo matadero que data de 1933. Hoy en día es una zona de tiendas, cafés y oficinas - por cierto, me declaro fan absoluta de tener un gato como mascota pululando entre las mesas.
Y hablando de café… no hagáis el turista como yo y os vayáis como posesos a por un café al Starbucks de abajo. Subiendo hacia la azotea hay una preciosa cafetería que me hizo maldecir mi ansia viva. Por favor, si vas, tómate ese café que yo no pude disfrutar.

También fuimos al bazar Yuyuan, donde aprovechamos para hacer algunas compras de souvenirs típicos como imanes y pulseras así como practicar el milenario arte del regateo. Aprovechamos para ir a un templo que había muy cerquita, aunque claro, estaba hasta arriba de gente y no hice fotos.

Shanghai Shanghai Shanghai Shanghai Shanghai Shanghai
Los tres días que pasamos en Shanghai se pasaron muy rápido y creo que le dedicamos el tiempo justo para saborear la ciudad sin saturarnos. Siguiente parada: Suzhou.
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