Nanjing, China

Una montaña púrpura en Nanjing

27.6.17

Después de estudiarme concienzudamente la guía Lonely Planet y contrastar con google imágenes, Nanjing se convirtió en nuestra cuarta parada.



Aunque no es una ciudad que se encuentre dentro del circuito turístico para una primera vez en China, reconozco que tenía las expectativas muy altas por dos razones principalmente: la montaña púrpura y el mausoleo del primer emperador Ming. Aunque también había algunas cuantas cosas más en la lista porque Nanjing da para mucho.

La montaña Púrpura es una zona muy boscosa y toma su nombre porque en ocasiones es posible ver las nubes del color homónimo, aunque nosotros tuvimos un día bastante nublado por lo que la vista no alcanzaba demasiado.
Al ser domingo estába llenísimo de gente y nos pararon mil y una veces para hacerse fotos con nosotros. Además, hacía un calor increíble y eso, unido a mi desafortunada elección de llevar vaqueros en un día con tantísima humedad, hizo la subida muy pesada. Sin embargo, me encantó el lugar, las vistas desde arriba son una maravilla. Los 400 escalones para después ver el mausoleo de Sun Yat-Sen merecieron la pena.
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Más tarde fuimos a la tumba de Ming Xiaoling, que data de 1405 que además de impresionante, es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Aunque la tumba es espectacular, el camino sagrado es una auténtica pasada: a lo largo del paseo hay doce pares de animales de piedra que vigilan el camino. Estoy segura de que en otoño debe ser un auténtico regalo para la vista.
Llegando al templo me pareció que estaba en Tomb Raider porque todo estaba muy asalvajado.  La tumba en sí no es posible verla, pero sí asomarse para ver el mar de árboles.

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Al día siguiente fuimos al templo budista de Jiming. Creo que visitarlo en un día de lluvia lo hizo todavía más especial. No estaba muy concurrido y tuve una auténtica sensación de recogimiento.
En estos templos es habitual realizar ofrendas con incienso y normalmente hay puestecitos o vendedores cerca, pero en este caso la entrada ya incluía tres varitas de incienso - las ofrendas las realizan en tandas de tres, he intentado averiguar el por qué pero no lo he conseguido, supongo que irá relacionado con la triada, como ocurre en la mayoría de las religiones.
Me llamó la atención unas paredes llenas de lamparitas chinas pequeñas, que también se compran para dejar un papel con un deseo en su interior y dejarlas allí colgadas. Me pregunto si Buda entiende más allá del chino.

Después dimos un paseo por la muralla desde donde el templo es precioso.  En ese rato la lluvia se intensificó bastante por lo que estábamos prácticamente solos. Lo malo es que la vista no alcanzaba muy lejos.
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La guía también recomendaba la zona de Fuzimao, que tiene un montón de puestecitos de comida y tiendas. Me gustó, aunque no puedo recomendar ningún sitio en concreto para cenar o tomar algo.

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A pesar del tiempo tan loco que tuvimos, Nanjing me gustó muchísimo y lo recomiendo sin duda. Y como en el resto de sitios, prácticamente eramos los únicos occidentales. Es de esas joyas que aún no han sido descubiertas.

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