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Después de estudiarme concienzudamente la guía Lonely Planet y contrastar con google imágenes, Nanjing se convirtió en nuestra cuarta parada.

Nanjing, China

Una montaña púrpura en Nanjing


Después de estudiarme concienzudamente la guía Lonely Planet y contrastar con google imágenes, Nanjing se convirtió en nuestra cuarta parada.


30 minutos después en un tren rápido, llegamos a Qufu, famosa por ser la ciudad natal de Confucio y tercera parada de la ruta China.

Esta fue uno de mis lugares favoritos del viaje, donde parecía que se había detenido el tiempo muchos años atrás, sobre todo en la zona más antigua.  Allí los comercios eran los de toda la vida, frecuentados por locales, los carritos bici estaban por todos lados y los restaurantes eran de los que no tenían menú: se negociaba el precio por cabeza y ellos traían lo que les parecía (dentro de las indicaciones de Marta claro, para evitar que todo fuese extremadamente picante).

Qufu alberga tres monumentos considerados Patrimonio de la Unesco: la casa de Confucio, la tumba y el cementerio. Se dice que sus descendientes vivieron en Qufu hasta 1937, año en el que se fueron a Taiwan por la Guerra civil china.

La casa me recordaba un poco a la ciudad prohibida en miniatura y aunque los chinos parecían ir allí en peregrinación, no estaba tan saturada de gente.
Muy cerquita pudimos pasear entre un mercadillo donde vendían de todo: desde recuerdos de Mao hasta helados, yogures y una especie de tortitas que hacían al momento con cebollino y algo más que no fui capaz de distinguir.


Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu

Como Jinan, la visita a Qufu me encantó, y aunque se sale del circuito puramente turístico me resulta súper recomendable al ser un lugar con mucho interés histórico. Además, no vimos a ningún occidental más y a mi me pareció todo un lujo.
Qufu, China

Un viaje en el tiempo en Qufu


30 minutos después en un tren rápido, llegamos a Qufu, famosa por ser la ciudad natal de Confucio y tercera parada de la ruta China.

Esta fue uno de mis lugares favoritos del viaje, donde parecía que se había detenido el tiempo muchos años atrás, sobre todo en la zona más antigua.  Allí los comercios eran los de toda la vida, frecuentados por locales, los carritos bici estaban por todos lados y los restaurantes eran de los que no tenían menú: se negociaba el precio por cabeza y ellos traían lo que les parecía (dentro de las indicaciones de Marta claro, para evitar que todo fuese extremadamente picante).

Qufu alberga tres monumentos considerados Patrimonio de la Unesco: la casa de Confucio, la tumba y el cementerio. Se dice que sus descendientes vivieron en Qufu hasta 1937, año en el que se fueron a Taiwan por la Guerra civil china.

La casa me recordaba un poco a la ciudad prohibida en miniatura y aunque los chinos parecían ir allí en peregrinación, no estaba tan saturada de gente.
Muy cerquita pudimos pasear entre un mercadillo donde vendían de todo: desde recuerdos de Mao hasta helados, yogures y una especie de tortitas que hacían al momento con cebollino y algo más que no fui capaz de distinguir.


Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu Qufu

Como Jinan, la visita a Qufu me encantó, y aunque se sale del circuito puramente turístico me resulta súper recomendable al ser un lugar con mucho interés histórico. Además, no vimos a ningún occidental más y a mi me pareció todo un lujo.

La segunda parada de la aventura asiática después de Beijing, fue Jinan. La verdad es que no estaba en mi radar de lugares a visitar, pero mientras me estudiaba la guía buscando sitios entre Pekín y Shanghai, me pareció exótica e interesante dado que además de ser la capital de la provincia de Shadong, tiene una montaña con mil budas. Con ese titular, no podíamos dejar de ir.

La montaña de los mil budas es un precioso parque por el que se va ascendiendo, con diferentes budas repartidos aquí y allá y donde además hay varios puestos donde venden desde pulseras hasta especias, frecuentado especialmente por locales. Cada Buda se encuentra en una postura y tiene un gesto diferente y todos ellos están cubiertos por una capa. Para llegar hasta arriba del todo se puede subir en teleférico también, una opción ideal por las vistas tan increíbles. Al llegar arriba del todo hay un templo precioso y la casa de té más bonita de la historia. Yo me tomé un café y fue un momento de completa felicidad por la decoración, que era como estar en casa de una amiga y las vistas tan impresionantes que había desde sus ventanales. Por un momento desee que todos mis cafés mañaneros pudieran ser así. De vuelta a la tierra, llegó el momento de bajar y los más valientes lo hicimos en un trepidante tobogán. Salió mi lado más aventurero y me ví bajando a todo lo que daba el trineo con un subidón de adrenalina brutal.
Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan

También visitamos el parque manantial Baotou, que me pareció súper pintoresco y agradable. Jinan es conocida por sus manantiales, pero como son de agua fría, la gente recoge el agua con sus cantimploras para después beberlas. Me encantó observar a los mayores mientras jugaban a una especie de dominó. Qué forma tan genial de echar la tarde.

Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan

Me gustó especialmente la zona del hutong, donde llegamos desde la calle Furong Jie, donde no cabía un alfiler y que está llena de puestecitos de comida con cosas tan exóticas como escorpiones o saltamontes. Al final de la calle hay algunas tiendecitas muy interesantes: la mejor sin duda la papelería donde vendían mil y una postales preciosas, la mayoría de ellas de ilustraciones. Si hubiese podido me las habría llevado todas. En China todo lo relacionado con el mundo de la papeleria es de otro nivel.

Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan

Otro de los grandes descubrimientos fue el CatNap Café que había justo enfrente de nuestro hotel. Lo descubrimos dando un paseo por la zona y ni siquiera estaba el luminoso puesto en la pared. Pero me pudo la curiosidad y arrastré a mi chico hasta la puerta del local. Al descubrir que estaba abierto decidimos merendar y de paso, achuchar a cuantos más gatos mejor. La dueña me contó que apenas habían abierto hacía unos días y cuando le pregunté si podía comprarle la cuchara-gato de mi smoothie me la quiso regalar. A mi me dió mucho apuro y terminé por darle unos cuantos yuanes, pero cuando volví al día siguiente a visitar a los gatetes de nuevo, me regaló un pequeño monedero de una gatita Marilyn. Parece que al ser la única occidental vistando el local, le caí simpática. He intentado encontrar la dirección en Google Maps, pero street view no funciona. Como referencia está un una zona comercial de casitas estilo tradicional en frente de Gongye S Road a la altura de la oficina de correos.

Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan

El último día en cambio, no pudimos aprovechar del todo porque apareció una tormenta de arena. Todo parecía tener un filtro color sepia que lo hacía muy atractivo visualmente, pero evidentemente, tuvimos que hacernos con unas máscaras para poder respirar.  Lo que queda como una anécdota para el recuerdo, también me hace valorar aún más nuestros cielos azules porque aunque en este caso se trataba de algo puramente meteorológico, lamentablemente las máscaras están a la orden del día por la contaminación y es muy común ver a gente con ellas.

Jinan Jinan Jinan Jinan Dicho esto, Jinan me gustó muchísimo, sobre todo porque se sale del circuito puramente turístico y no resulta tan masificado de extranjeros. Lo recomiendo 100%.
Jinan, China

mil budas en jinan


La segunda parada de la aventura asiática después de Beijing, fue Jinan. La verdad es que no estaba en mi radar de lugares a visitar, pero mientras me estudiaba la guía buscando sitios entre Pekín y Shanghai, me pareció exótica e interesante dado que además de ser la capital de la provincia de Shadong, tiene una montaña con mil budas. Con ese titular, no podíamos dejar de ir.

La montaña de los mil budas es un precioso parque por el que se va ascendiendo, con diferentes budas repartidos aquí y allá y donde además hay varios puestos donde venden desde pulseras hasta especias, frecuentado especialmente por locales. Cada Buda se encuentra en una postura y tiene un gesto diferente y todos ellos están cubiertos por una capa. Para llegar hasta arriba del todo se puede subir en teleférico también, una opción ideal por las vistas tan increíbles. Al llegar arriba del todo hay un templo precioso y la casa de té más bonita de la historia. Yo me tomé un café y fue un momento de completa felicidad por la decoración, que era como estar en casa de una amiga y las vistas tan impresionantes que había desde sus ventanales. Por un momento desee que todos mis cafés mañaneros pudieran ser así. De vuelta a la tierra, llegó el momento de bajar y los más valientes lo hicimos en un trepidante tobogán. Salió mi lado más aventurero y me ví bajando a todo lo que daba el trineo con un subidón de adrenalina brutal.
Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan

También visitamos el parque manantial Baotou, que me pareció súper pintoresco y agradable. Jinan es conocida por sus manantiales, pero como son de agua fría, la gente recoge el agua con sus cantimploras para después beberlas. Me encantó observar a los mayores mientras jugaban a una especie de dominó. Qué forma tan genial de echar la tarde.

Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan

Me gustó especialmente la zona del hutong, donde llegamos desde la calle Furong Jie, donde no cabía un alfiler y que está llena de puestecitos de comida con cosas tan exóticas como escorpiones o saltamontes. Al final de la calle hay algunas tiendecitas muy interesantes: la mejor sin duda la papelería donde vendían mil y una postales preciosas, la mayoría de ellas de ilustraciones. Si hubiese podido me las habría llevado todas. En China todo lo relacionado con el mundo de la papeleria es de otro nivel.

Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan

Otro de los grandes descubrimientos fue el CatNap Café que había justo enfrente de nuestro hotel. Lo descubrimos dando un paseo por la zona y ni siquiera estaba el luminoso puesto en la pared. Pero me pudo la curiosidad y arrastré a mi chico hasta la puerta del local. Al descubrir que estaba abierto decidimos merendar y de paso, achuchar a cuantos más gatos mejor. La dueña me contó que apenas habían abierto hacía unos días y cuando le pregunté si podía comprarle la cuchara-gato de mi smoothie me la quiso regalar. A mi me dió mucho apuro y terminé por darle unos cuantos yuanes, pero cuando volví al día siguiente a visitar a los gatetes de nuevo, me regaló un pequeño monedero de una gatita Marilyn. Parece que al ser la única occidental vistando el local, le caí simpática. He intentado encontrar la dirección en Google Maps, pero street view no funciona. Como referencia está un una zona comercial de casitas estilo tradicional en frente de Gongye S Road a la altura de la oficina de correos.

Jinan Jinan Jinan Jinan Jinan

El último día en cambio, no pudimos aprovechar del todo porque apareció una tormenta de arena. Todo parecía tener un filtro color sepia que lo hacía muy atractivo visualmente, pero evidentemente, tuvimos que hacernos con unas máscaras para poder respirar.  Lo que queda como una anécdota para el recuerdo, también me hace valorar aún más nuestros cielos azules porque aunque en este caso se trataba de algo puramente meteorológico, lamentablemente las máscaras están a la orden del día por la contaminación y es muy común ver a gente con ellas.

Jinan Jinan Jinan Jinan Dicho esto, Jinan me gustó muchísimo, sobre todo porque se sale del circuito puramente turístico y no resulta tan masificado de extranjeros. Lo recomiendo 100%.

La primera parte del viaje empezó regular. Justo antes de embarcar destino Londres, donde teníamos que encontrarnos con el resto de la familia que salía desde Barcelona, el vuelo se retrasó porque una rueda se había pinchado. En serio.
Así que entre que cambiaron la rueda y finalmente salimos, perdimos la conexión a Beijing. Ya en Londres nos reasignaron a un vuelo de otra compañía y finalmente no tuvimos que pasar noche, pero llegamos a China 28 horas después de salir de casa. A pesar de que pude dormir durante el vuelo (pastillita mediante) llegué cansadísima, así que después de cenar y un pequeño paseo nos fuimos a la cama y dormí del tirón.

Al día siguiente, la perspectiva mejoró bastante. Desde el principio me gustó todo lo que veía. Nuestro hotel estaba la calle Huguosi Hutong y la habitación estaba fenomenal, con sus muebles estilo chino. Además, esa zona es muy pintoresca y si volviese la elegiría de nuevo sin duda.

Beijing Beijing Beijing

Beijing es enorme y hay mil lugares para visitar, pero como solo íbamos a estar tres noches, fuimos a los sitios más típicos. Uno de ellos fue Tiananmen, un lugar en el que literalmente te teletransportas al pasado. Supongo que yo me sentí así por una mezcla de todo: los edificios, la estética de los uniformes de la policía, las furgonetas vintage que vendían refrigerios y ese cielo con un tono sepia (un aviso de la tormenta de arena que se avecinaba) que hacía que todo pareciese tener un filtro Valencia.

Desde allí fuimos a la Ciudad Prohibida, que me pareció increíble a pesar de lo masificada que está. Hice mil fotos y me sentí como en una película, casi como en un decorado. Me pareció un poco surrealista esa arquitectura tan impresionante que ha visto miles de historias y vidas ante sus ojos, y como si nada, estar viéndolo en directo.

Subimos a Jingshan y contemplamos desde el templo budista la Ciudad Prohibida que desde allí parecía una maqueta. Uno no es consciente de lo enorme que es hasta que la ve desde arriba. La vista me pareció una preciosidad a pesar de la niebla.

Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing

Me encantó el Templo del Cielo, era un imprescindible en mi lista, pero sin lugar a dudas con lo que me quedo es con el Palacio de Verano. Es una auténtica preciosidad, un lugar donde pasar horas, horas y horas. Todo es como de cuento. El gran corredor con pinturas bellísimas que la emperatriz usaba para moverse por el palacio sin tener que preocuparse por la meteorología, el lago, las barquitas, las pagodas, los sauces bailando al son del viento y el atardecer que se refleja en el agua. Un lugar mágico.

Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing

Paseamos por el Hutong Nanluoguxiang, que tiene un monton de tiendecitas ideales y un ambiente genial. Me quedé con ganas de pasar más rato, así que lo apunto para cuando podamos volver.

También visitamos Qianmen, otra zona de tiendas y restaurantes relativamente cerca de Tiananmen donde comimos un pato laqueado riquísimo.

Beijing Beijing Beijing Beijing


Cuando estábamos decidiendo qué parte de la muralla visitar, Marta, nuestra anfitriona, sugirió ir a Huanghuacheng, una zona preciosa con un lago y mucha vegetación. Me pareció una suerte y algo impresionante, teníamos la muralla solo para nosotros. Está a unos 70 kilómetros (una hora y media / dos en coche) pero merece muchísimo la pena, de verdad.

Beijing Beijing Beijing Beijing

Mientras paseábamos por Beijing, descubrí algunas cosas que me llamaron mucho la atención, como los yogures en vaso cerámico que se toma en cualquier tiendita a pie de calle o los padres en los parques buscando pareja a sus retoños con un cartel contando todas sus bondades (me imagino que algunos hijos no son conscientes de este mercadeo). Pero a mí me resulta entrañable.

Beijing Beijing

De Beijing me quedó muy buen sabor de boca y no puedo recomendarlo lo suficiente. Está en mi lista de lugares a los que volver, pero pasaría al menos una semana para seguir descubriendo rincones. Algún día...

Beijing, China

Cuatro días en Beijing


La primera parte del viaje empezó regular. Justo antes de embarcar destino Londres, donde teníamos que encontrarnos con el resto de la familia que salía desde Barcelona, el vuelo se retrasó porque una rueda se había pinchado. En serio.
Así que entre que cambiaron la rueda y finalmente salimos, perdimos la conexión a Beijing. Ya en Londres nos reasignaron a un vuelo de otra compañía y finalmente no tuvimos que pasar noche, pero llegamos a China 28 horas después de salir de casa. A pesar de que pude dormir durante el vuelo (pastillita mediante) llegué cansadísima, así que después de cenar y un pequeño paseo nos fuimos a la cama y dormí del tirón.

Al día siguiente, la perspectiva mejoró bastante. Desde el principio me gustó todo lo que veía. Nuestro hotel estaba la calle Huguosi Hutong y la habitación estaba fenomenal, con sus muebles estilo chino. Además, esa zona es muy pintoresca y si volviese la elegiría de nuevo sin duda.

Beijing Beijing Beijing

Beijing es enorme y hay mil lugares para visitar, pero como solo íbamos a estar tres noches, fuimos a los sitios más típicos. Uno de ellos fue Tiananmen, un lugar en el que literalmente te teletransportas al pasado. Supongo que yo me sentí así por una mezcla de todo: los edificios, la estética de los uniformes de la policía, las furgonetas vintage que vendían refrigerios y ese cielo con un tono sepia (un aviso de la tormenta de arena que se avecinaba) que hacía que todo pareciese tener un filtro Valencia.

Desde allí fuimos a la Ciudad Prohibida, que me pareció increíble a pesar de lo masificada que está. Hice mil fotos y me sentí como en una película, casi como en un decorado. Me pareció un poco surrealista esa arquitectura tan impresionante que ha visto miles de historias y vidas ante sus ojos, y como si nada, estar viéndolo en directo.

Subimos a Jingshan y contemplamos desde el templo budista la Ciudad Prohibida que desde allí parecía una maqueta. Uno no es consciente de lo enorme que es hasta que la ve desde arriba. La vista me pareció una preciosidad a pesar de la niebla.

Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing

Me encantó el Templo del Cielo, era un imprescindible en mi lista, pero sin lugar a dudas con lo que me quedo es con el Palacio de Verano. Es una auténtica preciosidad, un lugar donde pasar horas, horas y horas. Todo es como de cuento. El gran corredor con pinturas bellísimas que la emperatriz usaba para moverse por el palacio sin tener que preocuparse por la meteorología, el lago, las barquitas, las pagodas, los sauces bailando al son del viento y el atardecer que se refleja en el agua. Un lugar mágico.

Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing Beijing

Paseamos por el Hutong Nanluoguxiang, que tiene un monton de tiendecitas ideales y un ambiente genial. Me quedé con ganas de pasar más rato, así que lo apunto para cuando podamos volver.

También visitamos Qianmen, otra zona de tiendas y restaurantes relativamente cerca de Tiananmen donde comimos un pato laqueado riquísimo.

Beijing Beijing Beijing Beijing


Cuando estábamos decidiendo qué parte de la muralla visitar, Marta, nuestra anfitriona, sugirió ir a Huanghuacheng, una zona preciosa con un lago y mucha vegetación. Me pareció una suerte y algo impresionante, teníamos la muralla solo para nosotros. Está a unos 70 kilómetros (una hora y media / dos en coche) pero merece muchísimo la pena, de verdad.

Beijing Beijing Beijing Beijing

Mientras paseábamos por Beijing, descubrí algunas cosas que me llamaron mucho la atención, como los yogures en vaso cerámico que se toma en cualquier tiendita a pie de calle o los padres en los parques buscando pareja a sus retoños con un cartel contando todas sus bondades (me imagino que algunos hijos no son conscientes de este mercadeo). Pero a mí me resulta entrañable.

Beijing Beijing

De Beijing me quedó muy buen sabor de boca y no puedo recomendarlo lo suficiente. Está en mi lista de lugares a los que volver, pero pasaría al menos una semana para seguir descubriendo rincones. Algún día...

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