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un paseo por china


Después 15 días, más de 10.000 kilómetros, 3 aviones, 5 trenes, 7 destinos y más de 4.000 fotos, estoy de vuelta de China. El país da para ver muchísimas cosas, es enorme y en dos semanas apenas hay tiempo para llevarse una pequeña imagen de lo que es, pero yo he vuelto muy encantada y sorprendida con lo que he visto. Por supuesto, en esto ha contribuido muchísimo contar con Marta, que vive allí, domina el idioma y ha sido nuestra guía personal durante nuestra tourné.

Además de visitar Pekín, Shanghai y Suzhou, hemos salido del circuito puramente turístico y estado en lugares como Jinan, Qufu, Nanjing y Luzhi.

Al haber estado en tantos sitios, tengo muchas fotos que compartir, pero de momento, me apetecía contar sobre algunas cosas a tener en cuenta o que me han llamado la atención.
Jinan

Sobre los chinos: en general me han parecido muy agradables y en la mayoría de los casos, siempre con una sonrisa en la boca. Como en todos los sitios, también nos hemos encontrado con gente más irrespetuosa (esto no es algo inherente a China, en Madrid también tenemos gente con un nivel de civismo menor), sobre todo al montar en metro, donde aún les cuesta esperar a que salgas para poder entrar.
Pero en términos generales suelen ser majos y les despertamos la misma curiosidad que ellos a nosotros. Me hace bastante gracia que incluso hoy en día, seguían queriendo hacerse fotos con nosotros. Algunas chicas incluso me cogían de la mano, supongo que para que pareciésemos amigas en la vida real. Otras me decían que me parecía a Taylor Swift… que riquiñas. El único parecido que yo veo es el pelo rubio y los labios rojos, el resto es pura casualidad. Pero tiene su gracia.

Como anécdota curiosa, en el café de gatos que visité en Jinan, quise comprar la cuchara-gato de mi smoothie porque me parecia una cucada, pero al comentarlo con la dueña me la quiso regalar. A mí me daba apuro y le di unos cuantos yuanes, pero al día siguiente, cuando volví, la dueña me regaló un mini monedero de gatito porque según me dijo, veía que tenía mucho aprecio por los gatetes. Un encanto de chica, la verdad.

Luzhi Jinan Jinan Suzhou Nanjing

En cuanto al idioma: es cierto que es la gran barrera. Prácticamente nadie habla inglés y si tuviese que repetir el viaje, creo imprescindible contar con algún guía, al menos para las zonas menos turísticas. También llevaría anotadas algunas frases típicas para emergencias. Tipo: no picante, agua/cerveza fría, etc…

La comida: nada que ver con la que estamos acostumbrados aquí. No comí ni arroz tres delicias, ni pollo al limón ni nada similar. Sí mucha verdura – me encantó la lechuga de hielo - y comí cosas como raíces de loto o medusa. Los baos y dim sums también eran muy habituales. En general, las raciones me parecieron muy copiosas y se nota que a los chinos les gusta comer. Comimos en lugares de auténtico lujo y en otros más humildes donde no había ni menú y se negociaba el precio por cabeza, pero de donde salíamos rodando.

Qufu Qufu Suzhou

Sobre los baños: son chinese style, con letrinas en la mayoría de los lugares, aunque en muchos también se pueden encontrar baños occidentales para los menos ágiles (lo bueno es que estos casi no tienen colas). La primera vez un shock, luego ya te acostumbras. En algunos sitios el papel del baño se consigue en una máquina de reconocimiento facial. Te hace una foto y te hace entrega de 60 cms de papel. Ni más, ni menos (aunque se puede coger varias veces). True story.
Nanjing Beijing

Mucha de la gente con la que comenté que viajaba a China me dijo que era un país sucio. A mí no me lo pareció, quizá sería así hace unos años, pero por todos los lados había barrenderos recogiendo constantemente. He estado en ciudades europeas mucho más sucias (no quiero señalar a nadie, pero se me ocurren unas cuantas).

El tráfico en China es una auténtica locura, aunque parece que una especie de equilibrio lo regula todo y al final la tasa de accidentes no debe ser muy alta. En las dos semanas que pasé por allí, no vi que nadie respetase ni pasos de cebra, ni semáforos, ni preferencias. Hay que andar con mil ojos. ¡Ah! Y el pito les encanta. Lo usan para todo: para avisar que están ahí, para quejarse y para dar sonido ambiente.

El sistema de metro en Pekín y Shanghai funciona realmente bien, las estaciones están indicadas en inglés, durante el trayecto puedes ver por dónde vas con un mapa que se ilumina por estaciones y en cada parada, la megafonía va cantando la siguiente estación. Yo me dejé llevar, pero me pareció fácil de gestionar si vas sin nadie que sepa el idioma.

Las tarjetas del metro son curiosas, ya que primero la pasas por el lector y a la salida se mete por una ranura que se la queda. En Nanjing, por el contrario, era una ficha como en el parque de atracciones. Me pareció una chulada.

Los trenes son súper modernos y no tienen nada que envidiar a nuestra red de trenes. La compra del billete sí que es un poco más complicada ya que hay que presentar el pasaporte en taquilla (son nominativos), pero por lo demás, son eficientes, puntuales y generalmente cómodos. A todos los lugares que fuimos llegamos en tren. Muy importante tener en cuenta que hay que conservarlo hasta la salida, donde hay un vigilante que los revisa.

En cuanto a los transfers, tienen su uber particular y es muy práctico sobre todo si viajas con maletones para no tener que andar arrastrándolos por el metro o subiéndolos en el autobús. No puedo contar más porque lo gestionaron nuestros anfitriones, pero me imagino que será posible descargarse una app o coger un taxi un poco más grande en las estaciones en caso de necesidad.

Por cierto, los taxis son baratísimos y súper cómodos para moverse. El autobús también lo cogimos, pero si viajase sola no sé si lo usaría ya que me parece más complicado (esto también me pasa en Madrid la verdad, no soy nadie sin la app de la EMT, así que quizá solo soy yo).

También vi en sitios como Pekín y Qufú las típicas bicis carrito. Me parecen realmente divertidas para un paseo, aunque tienen truco ya que no pedalean y funcionan eléctricamente. Se lo perdonamos, porque andar llevando de arriba para abajo todo el día a dos personas tiene que ser agotador.

Beijing Qufu Qufu Nanjing Nanjing Nanjing Shangai

China es un país muy seguro. El nivel de control es altísimo, claro. Me llamó la atención la cantidad de policía que hay, cámaras de seguridad cada cinco metros, controles en las estaciones de metro y trenes – escáneres y solicitud de beber de la botella que lleves incluidos - policías en cada autobús y probablemente más policias secretas. Por supuesto puedes ir tranquilo por la calle y con la mochila a la espalda en el metro que nadie te va a robar. Al fin y al cabo, no olvidemos que el país se encuentra bajo una dictadura. Pero más allá de eso, y como turista, yo no noté nada más en particular. Me he sentido muy a gusto paseando y visitando todos los sitios por los hemos estado.

Sobre algunas cosas curiosas: en China, el packaging y la presentación de las cosas es otro nivel. Todo es muy cuqui, desde las cajas de galletas, las botellas de agua, hasta los baos, que pueden tener mil formas (pingüinos, cangrejos, patitos y cualquier cosa que se te ocurra).

También tienen cosas muy locas, como patatas fritas con sabor a calamar o mil cosas con sabor a té verde. Las compresas, es otro tema que merece una disertación entera. Si aquí tenemos variedad, allí ni te cuento. Las he visto de 42 cms… ¡¡imagínatelas puestas!! Eso sí, tampones no vi, así que si los necesitas, mejor comprarlos antes de ir.

Lo de los masajes chinos también da para rato. Lo primero que me llamó la atención es que los hacen con la ropa puesta (te dan una especie de pijama), en una sala que puedes compartir con uno o dos amigos), que no hay música de fondo, que son muy intensos (en serio, tienen una fuerza increíble) y que después te dan un té y fruta. A mí me dieron un masaje de espalda, cuello y piernas que flipé pepinillos. Cuando sales de allí te duele la vida, al día siguiente también, pero después, te desaparecen todas las contracturas y nudos que tengas.

El concepto light no existe (o al menos no lo vi). En la mayoría de los sitios solo tienen la coca-cola normal y en muchos otros tienen la cerveza del tiempo, por lo que es importante indicarles que la quieres fría.

Me gusta que siguen manteniendo los yogures de toda la vida que venden en cualquier puestecito y que te tomas allí mismo porque el bote es cerámico y hay que devolverlo.

También me llamó la atención que en la mayoría de los templos se veía mucha gente jóven rezando y realizando ofrendas, estaban realmente muy concurridos. Y sobre todo el colorido de los templos budistas, es una pasada.

Suzhou Luzhi Suzhou Nanjing Shangai Nanjing Nanjing Nanjing China me ha impresionado y sorprendido. Lo que más me gustó sin duda fue Beijing, Jinan y Qufú. Shanghai me resultó llamativa por todos los enormes rascacielos que hay, pero no me terminó de enamorar. Mi próximo plan asiático es volver a Beijing al menos una semana y explorar la ciudad con calma ya que tiene muchísimo que ofrecer.

No puedo dejar de recomendar este viaje, yo he vuelto encantada.

2 comments

  1. ¡Me alegro mucho de que te haya gustado! Ya sabes que yo no las tenía todas conmigo xD
    Por cierto, ¿¿qué son esos ojos ahí en el mostrador?? ¿Dónde viste eso?? jaja!

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    Replies
    1. Tengo muchas ganas de volver... ya le he dicho a tu hermano que tenemos que volver a Beijing! y me encantaría descubrir el sur, tiene que ser precioso también.
      Lo de los ojitos del mostrador son lentillas, las vi en una tienda que estaba en el centro comercial antes de bajar al metro, ¿recuerdas donde te digo?

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