Londres, Reino Unido

Enero en Londres

25.1.17

Si se pudiera tener una relación sentimental con una ciudad, la tendría con Lisboa, pero si tuviese que escoger una amante, sería Londres. Por rebelde, diferente y con ese punto seductor.  Es una ciudad para dejarse llevar.  Londres es siempre una buena idea.

No importa cuántas veces hayas visitado la ciudad, siempre hay algo nuevo y diferente que hacer. Cuando estás allí no te quieres ir. Y cuando ya te has ido, quieres volver. Es verdad que el tiempo no es el mejor, pero aún así se le perdona.

El pasado puente de Reyes nos cogimos el lunes libre y pusimos rumbo a un finde largo sin muchos planes más allá de pasear, comer huevos benedict y hacer muchas fotos.

Esta vez nos alojamos muy céntricos, entre Temple y La City, en el Apex Temple Court Hotel, que no puedo recomendar más. Pero a diferencia de otras veces, no cogimos desayuno para poder entregarnos por completo a los placeres británicos. Cerca del hotel quedan muy cerca las principales cadenas como Mc Donald's o Starbucks, pero también cafés locales que merecen mucho la pena.

Para los huevos benedict fuimos a Bill's, un local con muchísimo encanto y un desayuno de lágrima.  Ojalá se pudiera desayunar así todos los días.
En Soho Coffee Co. también desayunamos fenomenal. Tienen unos sandwiches a base de huevo, salchichas y bacon que son una delicia. En mi ingenuidad pensaba que serían de tamaño como un McMuffin, pero la verdad es que eran tan grandes que aguantamos hasta bien entrada la tarde. El desayuno de campeones.


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En cuanto a los restaurantes, las opciones son amplísimas.
Los que más nos gustaron fueron GDK y Byron, sigo soñando con sus hamburguesas.
Para templar el cuerpo y el alma fuimos a Shoryu Ramen en Soho donde comimos el más que recomendable Kotteri Hakata Tonkotsu. Y para el goloseo, nos pasamos por el Japan Center (el paraíso para los amantes de lo japonés) y nos compramos unos daifukus.

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Como ya conocíamos la ciudad, los únicos museos que visitamos fueron el de Historia Natural y el Hunterian, que se sale un poco de lo que es el circuito puramente turístico y que me pareció fascinante.

Se trata de la colección de John Hunter, un anatomista y cirujano del s.XVIII. Gracias a sus descubrimientos se hicieron muchos avances en los campos de la odontología, las enfermedades venereas, el desarrollo humano y la fisiología comparada. Quizá no es un museo para todos los estómagos, pero a mi me pareció interesantísimo.
Como dato curioso, entre su colección se encuentra el esqueleto de Charles Byrne, conocido como el gigante irlandés que medía 2,31 metros. Charles viajó a Londres para hacer fortuna y pronto acaparó la atención de los medios locales. John le echó el ojo y Charles, que temía que su cuerpo se exhibiera tras su muerte, acordó con sus compinches que cuando pasase a mejor vida le echaran al mar. Raudo y veloz, John se adelantó y compró su cadaver.  Gracias a ello, y aunque fuese poco ético, se descubrió que el gigantismo lo provoca una alteración de la glándula pituitaria.
Hoy en día se han alzado algunas voces en el Colegio de Cirujanos instando al museo a cumplir la última voluntad de Charles, al menos dándole sepultura en su Irlanda natal, pero no parece que la dirección del museo esté muy por la labor ya que esta supuesta última voluntad no está documentada.
Sea como fuere, creo que merece la pena una visita.

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Pero además de museos, aprovechamos para pasear por Regent's y Hyde Park y amaestrar ardillas a base de cacahuetes que en previsión compramos en Tesco. Es increíble lo caraduras y poco miedosas que son, si te descuidabas se te subían hasta la cabeza.

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A pesar de la locura del tráfico, también tuvimos tiempo de alquilar una bici, la mejor forma de moverse por la ciudad.  Es cierto que hay que tener un punto de inconsciente porque los coches y autobuses pasan muy cerca, pero la verdad es que nunca hemos tenido ningún problema.

Como pro tip para el frío húmedo de Londres: un buen polar (versión chaqueta o chaleco) debajo del abrigo. Esto que parece muy evidente a mí no me lo parecía tanto. Siempre que viajaba en invierno me ponía camiseta térmica (de las que te pones en la nieve) debajo del jersey o camisa de turno. Pero al final con los cambios de temperatura sudaba y después me quedaba fría y claro, así constipado seguro. Esta vez me he llevado el santo grial de los polares y no he pasado ni pizca de frío.  Mi descubrimiento del año.

En fin, que de Londres nunca te cansas. Tengo muchísimas ganas de volver en verano.

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4 comentarios:

  1. ¡¡Qué fotacas!! A mí también me encanta Londres, tengo ganas de llevar a C. pero los chinos necesitan otro visado aparte del Schengen para ir allí. Meh.

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    1. Pues tienes que llevarle porque seguro que le encanta!! ¿El visado es muy complicado de conseguir?

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  2. Yo con Londres tengo sentimientos encontrados, me gustó y a la vez no me gustó. No sé cómo explicarme... jajaja
    Me gustó la ciudad en general, pero la gente no demasiado... Aunque estoy abierta a volver una segunda vez para ver si cambian mis sensaciones :)
    ¡Besotes!

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    1. Qué pena! Yo con la gente no tuve ningún problema... piensa que gente desagradable en realidad hay en todos los lados. Tienes que darle una segunda oportunidad :)

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