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Además del Prado, Madrid cuenta con muchos otros museos muy interesantes. Hace un par de sábados estuvimos visitando el Museo Geominero y el Museo Sorolla. El primero de ellos ya lo conocía de otras ocasiones y el segundo tenía muchas granas de visitarlo porque siempre que pasábamos por la puerta me llamaba mucho la atención.

El museo Geominero es una maravilla, conserva la estructura y decoración de 1927, año en el que abrió sus puertas. La sala principal posee tres balconadas a las que se accede desde unas escaleras de caracol. Los sofás de terciopelo rojo no solo sirven para descansar y disfrutar de la vista, también esconden los radiadores. Aunque no seas un experto en minerales es un lugar muy agradable para pasar un rato observando la amplia variedad de piezas con la que cuentan. Como dato curioso, algunas escenas de la serie "El tiempo entre costuras" tienen lugar aquí.

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En cuanto al Museo Sorolla, es otra joya. Está ubicado en la que fue la casa y taller de Joaquín Sorolla, conservando la distribución y piezas de la época. El edificio es uno de los pocos ejemplos que aún quedan de lo que fueron los palacetes del Paseo de la Castellana. Las habitaciones son amplias y luminosas y el jardín cuenta con un pórtico, una pérgola y un estanque entre otros. La vegetación es muy abundante y algunas plantas fueron traídas de la Alhambra y plantadas personalmente por el pintor. El museo fue creado por petición de la viuda y fue inaugurado en 1932.
Me encanta que los edificios conserven su mobiliario y estructura originales, les dota de personalidad. 

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Madrid, Spain

Visitando el museo Sorolla y el museo Geominero



Además del Prado, Madrid cuenta con muchos otros museos muy interesantes. Hace un par de sábados estuvimos visitando el Museo Geominero y el Museo Sorolla. El primero de ellos ya lo conocía de otras ocasiones y el segundo tenía muchas granas de visitarlo porque siempre que pasábamos por la puerta me llamaba mucho la atención.

El museo Geominero es una maravilla, conserva la estructura y decoración de 1927, año en el que abrió sus puertas. La sala principal posee tres balconadas a las que se accede desde unas escaleras de caracol. Los sofás de terciopelo rojo no solo sirven para descansar y disfrutar de la vista, también esconden los radiadores. Aunque no seas un experto en minerales es un lugar muy agradable para pasar un rato observando la amplia variedad de piezas con la que cuentan. Como dato curioso, algunas escenas de la serie "El tiempo entre costuras" tienen lugar aquí.

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En cuanto al Museo Sorolla, es otra joya. Está ubicado en la que fue la casa y taller de Joaquín Sorolla, conservando la distribución y piezas de la época. El edificio es uno de los pocos ejemplos que aún quedan de lo que fueron los palacetes del Paseo de la Castellana. Las habitaciones son amplias y luminosas y el jardín cuenta con un pórtico, una pérgola y un estanque entre otros. La vegetación es muy abundante y algunas plantas fueron traídas de la Alhambra y plantadas personalmente por el pintor. El museo fue creado por petición de la viuda y fue inaugurado en 1932.
Me encanta que los edificios conserven su mobiliario y estructura originales, les dota de personalidad. 

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Milán, tercera y última parada de nuestro viaje por Italia.

Durante los dos días que estuvimos, tuvimos tiempo de visitar la galería de Vittorio Emanuelle II (eso sí, únicamente miramos los escaparates) y subimos al Duomo para disfrutar de la ciudad a vista de pájaro.
Después de subir a la torre Ansinelli en Bologna, 165 escalones no son nada. También se puede subir en ascensor, pero creo que las vistas después de hacer el esfuerzo de subir a pie merecen más la pena.

Conocimos la pequeña Venecia, Navigli, que si tuviera que volver lo haría por la noche; y nos comimos una hamburguesa en 202.

Sin duda, la zona que más me gustó fue Brera, conocido como el Montmartre milanés. Las callecitas son ideales, con preciosas tiendas de antigüedades y pequeños cafés. También hay muchas tiendas de bellas artes que personalmente me enamoran. Me encanta ver los escaparates llenos de lápices, pinturas y plumas.

Brera también tiene un jardín botánico, que no es muy grande, pero merece un paseo. Para moverse lo mejor es el tranvía y si vistas las ciudad en invierno el gorro y los guantes son imprescindibles.

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P.D. El resto del viaje aquí, aquí y aquí.
Milán, Italia

Enero en Milano



Milán, tercera y última parada de nuestro viaje por Italia.

Durante los dos días que estuvimos, tuvimos tiempo de visitar la galería de Vittorio Emanuelle II (eso sí, únicamente miramos los escaparates) y subimos al Duomo para disfrutar de la ciudad a vista de pájaro.
Después de subir a la torre Ansinelli en Bologna, 165 escalones no son nada. También se puede subir en ascensor, pero creo que las vistas después de hacer el esfuerzo de subir a pie merecen más la pena.

Conocimos la pequeña Venecia, Navigli, que si tuviera que volver lo haría por la noche; y nos comimos una hamburguesa en 202.

Sin duda, la zona que más me gustó fue Brera, conocido como el Montmartre milanés. Las callecitas son ideales, con preciosas tiendas de antigüedades y pequeños cafés. También hay muchas tiendas de bellas artes que personalmente me enamoran. Me encanta ver los escaparates llenos de lápices, pinturas y plumas.

Brera también tiene un jardín botánico, que no es muy grande, pero merece un paseo. Para moverse lo mejor es el tranvía y si vistas las ciudad en invierno el gorro y los guantes son imprescindibles.

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P.D. El resto del viaje aquí, aquí y aquí.


Me pasó con Dresden, Nantes y Cracovia. Y me ha vuelto a pasar con Bologna. Es curioso como aquellos sitios que anticipamos mucho más a veces no llegan a enamorarnos tanto como lo hacen esos que en principio no esperas que te entusiasmen tanto.

Y a pesar de que Roma es una ciudad espectacular y Milán cuenta con el famoso Duomo, Bologna fue mi parte favorita del viaje.

Será por su tamaño, una ciudad muy manejable, o será porque aún quedan muchas tiendas de artesanos, o tal vez por sus edificios porticados, que no solo cumplen una función estética sino que también son un gran resguardo del frío. O será por todo a la vez.

Solo estuvimos una noche, pero tuvimos tiempo de recorrer bien esta preciosa ciudad y subir a la torre Asinelli, que por cierto, es la torre inclinada más alta de Italia. Subir sus 97 metros de altura por unas escaleras de madera pegadas a la pared, que además están ligeramente inclindas hacia dentro, es toda una osadía si te paras a pensarlo bien. Supongo - y espero - que cumplirán con todas las medidas de seguridad, pero yo pasé un poco de miedo. Sí, ya se que soy un poco melodramática, pero si algún día subes (o has subido ya), entenderás lo que te cuento. Pero cuando llegas a lo más alto y descubres las espectaculares vistas se te olvida. Siempre me resulta muy curiso ver las ciudades a vista de pájaro.

También nos comimos una hamburguesa Welldone, donde solo utilizan productos locales y fabrican sus propias salsas. Sé que estando en Italia esto es casi un crimen culinario (¿o no?) pero como buenos amantes de las hamburguesas no podíamos dejar de probarlas aquí. Totalmente recomendable.

Acabamos de volver y ya estoy deseando regresar-

Bologna Bologna Bologna Bologna Bologna Bologna Bologna Bologna Bologna Bologna


Bologna, Italia

Descubriendo Bologna



Me pasó con Dresden, Nantes y Cracovia. Y me ha vuelto a pasar con Bologna. Es curioso como aquellos sitios que anticipamos mucho más a veces no llegan a enamorarnos tanto como lo hacen esos que en principio no esperas que te entusiasmen tanto.

Y a pesar de que Roma es una ciudad espectacular y Milán cuenta con el famoso Duomo, Bologna fue mi parte favorita del viaje.

Será por su tamaño, una ciudad muy manejable, o será porque aún quedan muchas tiendas de artesanos, o tal vez por sus edificios porticados, que no solo cumplen una función estética sino que también son un gran resguardo del frío. O será por todo a la vez.

Solo estuvimos una noche, pero tuvimos tiempo de recorrer bien esta preciosa ciudad y subir a la torre Asinelli, que por cierto, es la torre inclinada más alta de Italia. Subir sus 97 metros de altura por unas escaleras de madera pegadas a la pared, que además están ligeramente inclindas hacia dentro, es toda una osadía si te paras a pensarlo bien. Supongo - y espero - que cumplirán con todas las medidas de seguridad, pero yo pasé un poco de miedo. Sí, ya se que soy un poco melodramática, pero si algún día subes (o has subido ya), entenderás lo que te cuento. Pero cuando llegas a lo más alto y descubres las espectaculares vistas se te olvida. Siempre me resulta muy curiso ver las ciudades a vista de pájaro.

También nos comimos una hamburguesa Welldone, donde solo utilizan productos locales y fabrican sus propias salsas. Sé que estando en Italia esto es casi un crimen culinario (¿o no?) pero como buenos amantes de las hamburguesas no podíamos dejar de probarlas aquí. Totalmente recomendable.

Acabamos de volver y ya estoy deseando regresar-

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El museo del Vaticano es uno de los más espectaculares que he visitado nunca. Es casi abrumador, diría yo. 

Verlo en una jornada es una misión imposible: hay tantas salas, tantos cuadros y esculturas que se necesitarían días para verlo todo bien. La expectación que genera este museo es tan grande que es imprescindible comprar las entradas online para evitar las largas colas, aunque debido a las medidas de seguridad un poco sí que hay que esperar.


Sin duda mi parte preferida fue el Museo Chiaramonti, situado en la galería que conecta el Palacete Belvedere con el resto de Palacios, que contiene una colección espectacular de esculturas griegas y romanas. También me impresionó la Capilla Sixtina, es un lugar indescriptible, una auténtica obra de arte. Es impresionante el nivel de maestría y detalle. Yo no entiendo de arte, pero lo que sí sé es que la sensación que transmite es sobrecogedora.

No sé si es porque fuimos en navidades y fue casualidad, pero tengo que decir que a pesar de todas las geniales obras que contiene el museo, no disfruté la visita por completo. Había tal saturación de gente que literalmente nos movíamos en masa de una sala a otra y era muy agobiante (creo que el aforo estaba excedido totalmente porque nunca he visto cosa semejante). Además, me pareció que puede llegar a ser hasta peligroso si ocurre cualquier emergencia porque no había apenas espacio entre unos y otros.  Por eso, si algún día tuviera que volver o recomendarlo a alguien le diría que evite por todos los medios realizar la visita en fechas señaladas.

Aún así, sigue siendo un imprescindible si vas a Roma y más aún si te fascina la cultura griega y romana.

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Ciudad del Vaticano

pasando el día en el Vaticano



El museo del Vaticano es uno de los más espectaculares que he visitado nunca. Es casi abrumador, diría yo. 

Verlo en una jornada es una misión imposible: hay tantas salas, tantos cuadros y esculturas que se necesitarían días para verlo todo bien. La expectación que genera este museo es tan grande que es imprescindible comprar las entradas online para evitar las largas colas, aunque debido a las medidas de seguridad un poco sí que hay que esperar.


Sin duda mi parte preferida fue el Museo Chiaramonti, situado en la galería que conecta el Palacete Belvedere con el resto de Palacios, que contiene una colección espectacular de esculturas griegas y romanas. También me impresionó la Capilla Sixtina, es un lugar indescriptible, una auténtica obra de arte. Es impresionante el nivel de maestría y detalle. Yo no entiendo de arte, pero lo que sí sé es que la sensación que transmite es sobrecogedora.

No sé si es porque fuimos en navidades y fue casualidad, pero tengo que decir que a pesar de todas las geniales obras que contiene el museo, no disfruté la visita por completo. Había tal saturación de gente que literalmente nos movíamos en masa de una sala a otra y era muy agobiante (creo que el aforo estaba excedido totalmente porque nunca he visto cosa semejante). Además, me pareció que puede llegar a ser hasta peligroso si ocurre cualquier emergencia porque no había apenas espacio entre unos y otros.  Por eso, si algún día tuviera que volver o recomendarlo a alguien le diría que evite por todos los medios realizar la visita en fechas señaladas.

Aún así, sigue siendo un imprescindible si vas a Roma y más aún si te fascina la cultura griega y romana.

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