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El pasado puente de noviembre, tras unos días en Santiago,  alquilamos un coche y recorrimos el Cañón del Río Sil.

Disfrutamos de las laderas teñidas de color naranja, amarillo y ocres, mientras no podía evitar sentirme en una película. Recorrimos carreteras desiertas entre viñedos y atravesamos pueblitos con apenas cinco casas, donde aún habían señoras mayores haciendo la colada en la fuente del pueblo. Nos hizo un tiempo estupendo. Porque no tener que llevar abrigo,  en pleno noviembre, es todo un lujo.

Para dormir fuimos al Parador de Santo Estevo, que se encuentra en medio de la montaña y donde el tiempo parece detenerse. Apenas hay cobertura y es perfecto para disfrutar de pequeños placeres como dar un paseo por la finca, leer una revista o tomar algo en la cafetería del hotel.

Por la mañana al despertar, vimos como las nubes se habían comido literalmente el valle. Después de desayunar fuimos a dar un paseo y nos encontramos con un gatito muy mimoso. A mi los gatos me enamoran, y si tienen ganas de roce aún más.

Ese es el resumen de un fin de semana de relax por la preciosa Galicia. Ya estoy deseando volver.

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Cañon del Río Sil, Galicia

De ruta por el Cañon del Río Sil



El pasado puente de noviembre, tras unos días en Santiago,  alquilamos un coche y recorrimos el Cañón del Río Sil.

Disfrutamos de las laderas teñidas de color naranja, amarillo y ocres, mientras no podía evitar sentirme en una película. Recorrimos carreteras desiertas entre viñedos y atravesamos pueblitos con apenas cinco casas, donde aún habían señoras mayores haciendo la colada en la fuente del pueblo. Nos hizo un tiempo estupendo. Porque no tener que llevar abrigo,  en pleno noviembre, es todo un lujo.

Para dormir fuimos al Parador de Santo Estevo, que se encuentra en medio de la montaña y donde el tiempo parece detenerse. Apenas hay cobertura y es perfecto para disfrutar de pequeños placeres como dar un paseo por la finca, leer una revista o tomar algo en la cafetería del hotel.

Por la mañana al despertar, vimos como las nubes se habían comido literalmente el valle. Después de desayunar fuimos a dar un paseo y nos encontramos con un gatito muy mimoso. A mi los gatos me enamoran, y si tienen ganas de roce aún más.

Ese es el resumen de un fin de semana de relax por la preciosa Galicia. Ya estoy deseando volver.

Cañon do Rio Sil Cañon do Rio Sil Cañon do Rio Sil Cañon do Rio Sil Cañon do Rio Sil Cañon do Rio Sil Cañon do Rio Sil Parador de Santo Estevo Parador de Santo Estevo Parador de Santo Estevo Parador de Santo Estevo Parador de Santo Estevo Parador de Santo Estevo Parador de Santo Estevo



Creo que soy la persona más afortunada en la tierra porque Santiago nos recibió con un cielo totalmente despejado. Casi todo el mundo con el que había comentado que iba a la ciudad me había hablado de la lluvia, pero por suerte nos hizo un tiempo estupendo.

Santiago en si es pequeña, acogedora y con un encanto muy especial. Lo que más me gustó sin duda fue la plaza del Obradoiro, con su imponente catedral que es la última meta de aquellos valientes que hacen el camino. Una de las cosas que más me gustó fue subir a las cubiertas. No solo por las vistas, si no porque es totalmente diferente a la de cualquier otra catedral al poder caminar por los tejados, literalmente hablando. La visita es guiada y se va parando en diferentes puntos (no puedes recorrerla libremente) y es imprescindible reservar. Se puede hacer online o el mismo día en la propia catedral.

La comida es otro de los puntos fuertes por supuesto. Para mi Santiago es sinónimo de pulpo a feira. En todos los sitios que estuvimos nos encantó, pero sin duda uno de los lugares que más nos gustó fue Casa Felisa, con su precioso patio interior (por cierto, me llamó la atención que son dog friendly, lo cual me parece fantástico). Me llamó especialmente la atención la cantidad de patios que hay. Llegas a un local y de repente tiene un jardín precioso y parece que estás en otro mundo. Para merendar o tomar una copa tranquila, justo al lado se encuentra el Hotel Costa Vella que cuenta con un precioso jardín y donde estuvimos la mar de agusto.

En fin, que Santiago nos encantó. España tiene muchos lugares preciosos y este sin duda es uno de los más bonitos (y donde además, se come de miedo).

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Santiago de Compostela, A Coruña

Zamburiñas y demás en Santiago de Compostela



Creo que soy la persona más afortunada en la tierra porque Santiago nos recibió con un cielo totalmente despejado. Casi todo el mundo con el que había comentado que iba a la ciudad me había hablado de la lluvia, pero por suerte nos hizo un tiempo estupendo.

Santiago en si es pequeña, acogedora y con un encanto muy especial. Lo que más me gustó sin duda fue la plaza del Obradoiro, con su imponente catedral que es la última meta de aquellos valientes que hacen el camino. Una de las cosas que más me gustó fue subir a las cubiertas. No solo por las vistas, si no porque es totalmente diferente a la de cualquier otra catedral al poder caminar por los tejados, literalmente hablando. La visita es guiada y se va parando en diferentes puntos (no puedes recorrerla libremente) y es imprescindible reservar. Se puede hacer online o el mismo día en la propia catedral.

La comida es otro de los puntos fuertes por supuesto. Para mi Santiago es sinónimo de pulpo a feira. En todos los sitios que estuvimos nos encantó, pero sin duda uno de los lugares que más nos gustó fue Casa Felisa, con su precioso patio interior (por cierto, me llamó la atención que son dog friendly, lo cual me parece fantástico). Me llamó especialmente la atención la cantidad de patios que hay. Llegas a un local y de repente tiene un jardín precioso y parece que estás en otro mundo. Para merendar o tomar una copa tranquila, justo al lado se encuentra el Hotel Costa Vella que cuenta con un precioso jardín y donde estuvimos la mar de agusto.

En fin, que Santiago nos encantó. España tiene muchos lugares preciosos y este sin duda es uno de los más bonitos (y donde además, se come de miedo).

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Durante el puente de octubre y un poco decidiéndolo en el último minuto muy pendientes de la climatología, nos pusimos rumbo a Cantabria.

La última vez que estuvimos fue el verano pasado para la boda de unos amigos, que se casaron en Santander y lo celebraron en Deluz, un restaurante con un jardín precioso. Pero de turismo,  hacía un siglo que no íbamos, concretamente, desde verano de 2011.

En esta ocasión decidimos aprovechar y volver a visitar Comillas sin más pretensiones que comer un buen cocido montañés y unas zamburiñas. El tiempo nos acompañó muchísimo y no llovió. Además de que se come fenomenal, es una ciudad muy señorial y llena de encanto con casas de película.

A pesar de que no es muy grande cuenta con algunos edificios muy interesantes. Uno de ellos es el Capricho de Gaudí. Recuerdo que hace años era un restaurante gestionado por unos japoneses (si no me equivoco) y se podía pasear a su alrededor libremente.
 
Hoy en día está vallado y para poder visitarlo es necesario comprar una entrada. Lo malo es que no se puede ver el exterior como antes, pero lo bueno es que se puede visitar el interior. Yo de arquitectura no soy ninguna experta, pero me pareció un lugar muy curioso y espectacular, aunque lamentablemente un poco masificado.

Como se nos hizo un poco tarde no pudimos visitar el Palacio de Sobrellano por dentro porque ya habían cerrado. Pero pienso que así tenemos una buena excusa para volver.

Comillas
Comillas Comillas
Comillas Comillas Comillas
Comillas Comillas Comillas Comillas
Comillas


Comillas, Cantabria

De paseo por Comillas.




Durante el puente de octubre y un poco decidiéndolo en el último minuto muy pendientes de la climatología, nos pusimos rumbo a Cantabria.

La última vez que estuvimos fue el verano pasado para la boda de unos amigos, que se casaron en Santander y lo celebraron en Deluz, un restaurante con un jardín precioso. Pero de turismo,  hacía un siglo que no íbamos, concretamente, desde verano de 2011.

En esta ocasión decidimos aprovechar y volver a visitar Comillas sin más pretensiones que comer un buen cocido montañés y unas zamburiñas. El tiempo nos acompañó muchísimo y no llovió. Además de que se come fenomenal, es una ciudad muy señorial y llena de encanto con casas de película.

A pesar de que no es muy grande cuenta con algunos edificios muy interesantes. Uno de ellos es el Capricho de Gaudí. Recuerdo que hace años era un restaurante gestionado por unos japoneses (si no me equivoco) y se podía pasear a su alrededor libremente.
 
Hoy en día está vallado y para poder visitarlo es necesario comprar una entrada. Lo malo es que no se puede ver el exterior como antes, pero lo bueno es que se puede visitar el interior. Yo de arquitectura no soy ninguna experta, pero me pareció un lugar muy curioso y espectacular, aunque lamentablemente un poco masificado.

Como se nos hizo un poco tarde no pudimos visitar el Palacio de Sobrellano por dentro porque ya habían cerrado. Pero pienso que así tenemos una buena excusa para volver.

Comillas
Comillas Comillas
Comillas Comillas Comillas
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Comillas


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