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Un fin de semana de septiembre, cuando aún hacía buen tiempo pero no demasiado calor, decidimos ir con un amigo a hacer una ruta a las Hoces del Río Duratón.

Fuimos en coche hasta Sepúlveda y aparcamos muy cerca del Puente Talcano con el objetivo de hacer la Senda Larga, que tiene unos 12 kms de recorrido hasta el Puente de Villaseca (alrededor de unas 3 horas y media andando en trayecto lineal).

El parque es un paraje protegido entre otras razones porque es el hogar de buitres leonados.  Las paredes en algunas zonas alcanzan los 100 metros de altura, y es el lugar donde tienen sus nidos. Es muy fácil verlas volar de un lado a otro durante casi todo el recorrido.

Mientras paseábamos y miraba el paisaje, me sentía en Utah (salvando la distancias, claro, aunque tengo que decir que tenemos unos paisajes igualmente increíbles).

Después de unos 8 kms andando (un récord para alguien totalmente desentrenado como yo) decidimos hacer parada técnica para comer. La tortilla de patatas y la cocacola que llevamos me supo a gloria bendita. Una pasada tumbarse en el césped, mirar al cielo mientras observábamos a las aves, sin ruido, sin cobertura y sin nada.

Tras el picnic, nos dimos cuenta que teníamos que volver a recorrer los 8 kms de vuelta al coche y el cansancio ya comenzaba a hacer mella en nosotros, por lo que no llegamos a terminar la ruta. Una vez que llegamos al coche y puesto que aún no había anochecido, decidimos ir hacia la zona donde se ve el río desde arriba. La vista es impresionante. Tiene que ser súper apetecible hacer una ruta en kayak en verano.

A pesar de que al día siguiente estaba literalmente molida y me dolía todo el cuerpo, es una ruta que merece muchísimo la pena. Desde enero a julio es necesario un permiso para acceder, pero durante el resto del año se puede visitar sin problemas.

Hoces del Rio DuratónHoces del Rio Duratón Hoces del Rio DuratónHoces del Rio Duratón Hoces del Rio DuratónHoces del Rio Duratón
Hoces del Rio Duratón Hoces del Rio Duratón



* Para este largo paseo me llevé mi Canon EOS M3 y mi 18-55mm porque es mucho mas ligera. Eché de menos tener un objetivo con mayor distancia focal para hacer fotos a las aves, por lo que si vas y puedes llevarte un tele, mucho mejor.
Segovia, Spain

Paisajes de película en las Hoces del Río Duratón





Un fin de semana de septiembre, cuando aún hacía buen tiempo pero no demasiado calor, decidimos ir con un amigo a hacer una ruta a las Hoces del Río Duratón.

Fuimos en coche hasta Sepúlveda y aparcamos muy cerca del Puente Talcano con el objetivo de hacer la Senda Larga, que tiene unos 12 kms de recorrido hasta el Puente de Villaseca (alrededor de unas 3 horas y media andando en trayecto lineal).

El parque es un paraje protegido entre otras razones porque es el hogar de buitres leonados.  Las paredes en algunas zonas alcanzan los 100 metros de altura, y es el lugar donde tienen sus nidos. Es muy fácil verlas volar de un lado a otro durante casi todo el recorrido.

Mientras paseábamos y miraba el paisaje, me sentía en Utah (salvando la distancias, claro, aunque tengo que decir que tenemos unos paisajes igualmente increíbles).

Después de unos 8 kms andando (un récord para alguien totalmente desentrenado como yo) decidimos hacer parada técnica para comer. La tortilla de patatas y la cocacola que llevamos me supo a gloria bendita. Una pasada tumbarse en el césped, mirar al cielo mientras observábamos a las aves, sin ruido, sin cobertura y sin nada.

Tras el picnic, nos dimos cuenta que teníamos que volver a recorrer los 8 kms de vuelta al coche y el cansancio ya comenzaba a hacer mella en nosotros, por lo que no llegamos a terminar la ruta. Una vez que llegamos al coche y puesto que aún no había anochecido, decidimos ir hacia la zona donde se ve el río desde arriba. La vista es impresionante. Tiene que ser súper apetecible hacer una ruta en kayak en verano.

A pesar de que al día siguiente estaba literalmente molida y me dolía todo el cuerpo, es una ruta que merece muchísimo la pena. Desde enero a julio es necesario un permiso para acceder, pero durante el resto del año se puede visitar sin problemas.

Hoces del Rio DuratónHoces del Rio Duratón Hoces del Rio DuratónHoces del Rio Duratón Hoces del Rio DuratónHoces del Rio Duratón
Hoces del Rio Duratón Hoces del Rio Duratón



* Para este largo paseo me llevé mi Canon EOS M3 y mi 18-55mm porque es mucho mas ligera. Eché de menos tener un objetivo con mayor distancia focal para hacer fotos a las aves, por lo que si vas y puedes llevarte un tele, mucho mejor.



Muy cerca de Lisboa hay un lugar de cuento, con paredes de colores pastel, techos de fantasía y jardines de ensueño... un auténtico Versailles a la portuguesa que se llama Queluz.

La mayor parte del s. XVIII Queluz fue la residencia de la corona Portuguesa. El Palacio Nacional es
uno de los últimos grandes edificios de estilo Rococó de Europa.

Durante los primeros años en los que el Palacio fue habitado por el Rey Dom Pedro III y la Reina María I, se hizo mucho hincapié en el entretenimiento. Es por ello que el palacio cuenta con varios espacios totalmente preparados para todo tipo de eventos como celebraciones religiosas, cumpleaños reales y aniversarios.  Fue residencia oficial de la Familia Real hasta que escaparon a la colonia de Brasil en 1807, lo que supuso la invasión de Portugal por parte de los franceses.

Hoy en día se encuentra abierto al público y se puede disfrutar de un agradable paseo por sus ricamente decoradas salas y sus preciosos jardines.

Es sin duda uno de esos lugares muy recomendables, de los que no se suelen visitar habitualmente pero que merecen muchísimo la pena. Y lo mejor de todo es que no está masificado. 


Queluz QueluzQueluz Queluz Queluz Queluz QueluzQueluz Queluz Queluz


Queluz, Portugal

Un pueblo de cuento llamado Queluz




Muy cerca de Lisboa hay un lugar de cuento, con paredes de colores pastel, techos de fantasía y jardines de ensueño... un auténtico Versailles a la portuguesa que se llama Queluz.

La mayor parte del s. XVIII Queluz fue la residencia de la corona Portuguesa. El Palacio Nacional es
uno de los últimos grandes edificios de estilo Rococó de Europa.

Durante los primeros años en los que el Palacio fue habitado por el Rey Dom Pedro III y la Reina María I, se hizo mucho hincapié en el entretenimiento. Es por ello que el palacio cuenta con varios espacios totalmente preparados para todo tipo de eventos como celebraciones religiosas, cumpleaños reales y aniversarios.  Fue residencia oficial de la Familia Real hasta que escaparon a la colonia de Brasil en 1807, lo que supuso la invasión de Portugal por parte de los franceses.

Hoy en día se encuentra abierto al público y se puede disfrutar de un agradable paseo por sus ricamente decoradas salas y sus preciosos jardines.

Es sin duda uno de esos lugares muy recomendables, de los que no se suelen visitar habitualmente pero que merecen muchísimo la pena. Y lo mejor de todo es que no está masificado. 


Queluz QueluzQueluz Queluz Queluz Queluz QueluzQueluz Queluz Queluz




Aunque el verano queda ya bastante lejos, tenía pendiente contar nuestra visita a la ciudad de los azulejos. Aprovechando nuestro periplo por el Algarve, decidimos hacer unos cuantos kilómetros más y volver a visitar Lisboa.

Para mi Lisboa es decadencia y encanto a la vez, me tiene totalmente enamorada y si tuviese que elegir otra ciudad en la que vivir, sería ella sin duda. Tiene todo lo necesario: bonitismo por doquier, cuestas para mantenerse en forma, tranvías, restaurantes de moda, la playa relativamente cerca y muchos pueblitos de cuento a los alrededores. Además, los portugueses son encantadores y me encanta ese ritmo tan tranquilo que parece regirlo todo.

Aunque todo lo que se puede aprender de una ciudad está en las guías de viaje,  no puedo dejar de recomendar hacer una excursión guiada, porque se aprende un montón y se mira con otros ojos.

Nosotros decidimos coger una en esta ocasión y no nos defraudó. Nuestra ruta comenzó en la plaza de Pedro IV, más conocida como la de Rossio y después nos perdimos por la Mouraria. Esta zona toma su nombre porque D. Alfonso Henriques (Alfonso I de Portugal) tras la reconquista de Lisboa, decidió que los moros debían estar en esa zona de la ciudad.

Aprendimos muchas cosas, entre otras que el símbolo de la ciudad es un barco con dos cuervos enfrentados porque, según la tradición, dos cuervos permanecieron junto a los restos de San Vicente cuando estos fueron trasladados a Lisboa desde el Cabo San Vicente. Una vez que te lo cuentan te percatas que está en todos los lados: en el suelo,  en las fachadas, en las farolas...

También volvimos a los que en mi opinión son los barrios con más encanto y caracter de la ciudad: Alfama y Chiado. Imprescindible perderse por sus calles y dejarse llevar. Todo es tan instagrameable que no puedes para de hacer fotos.


lisboa
lisboa

lisboa lisboa
lisboa lisboa lisboa lisboa

Para comer fuimos a algunos sitios que teníamos en la lista como Casa do Alentejo, que por fuera parece un lugar sin más, pero que cuando entras parece que estás en Al-Andalus y a Pharmacia, un restaurante dentro del Museo de la Farmacia, con una decoración de carácter farmacéutico donde los cócteles tienen nombres como ibuprofeno, omeprazol o paracetamol.

Volvimos a repetir en Sol e Pesca porque sueño con el paté de sardinhas desde 2012. El concepto es bastante sencillo: eliges qué lata de conservas quieres tomar, eliges la bebida y te lo preparan en un santiamén con tu pan. También puedes comprarlas para llevar, yo hice acopio de unas cuantas latas de Minerva porque no hay manera de encontrarlas en Madrid.

También probamos cosas típicas como el bollo preñado de chorizo en Casa Brasileira, un licor a base de guindas (muy parecido al pacharán) en A Gingjinha y unas croquetas rellenas de queso que son realmente adictivas en Queijo da Serra.


lisboa lisboa lisboa lisboa
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Lo que más me gusta de Lisboa es que tiene tranvía y sobre todo montarme en el 28, que recorre los lugares más emblemáticos. Me encanta sentarme al lado de la ventana, sentir la brisa y observar los edificios decorados con los preciosos azulejos.

También las vistas desde los miradores. Uno de mis preferidos es el de Santa Justa. Solo cuesta dos euros subir y la panorámica merece muchísimo la pena.

Lisboa es una ciudad que enamora. El bullicio puede ser un poco agobiante a veces, pero te sientes como en casa, se come fenomenal y la mayoría de los edificios y restaurantes son muy Pinterest.


lisboa lisboa lisboa lisboa lisboa lisboa lisboa lisboa lisboa lisboa

P.S. Lisboa hace tres años y los imprescindibles de la ciudad.

Todas las fotos han sido realizadas con mi Canon EOS M3 y el objetivo 18-55mm
Lisboa, Portugal

Azulejos y cuestas en Lisboa



Aunque el verano queda ya bastante lejos, tenía pendiente contar nuestra visita a la ciudad de los azulejos. Aprovechando nuestro periplo por el Algarve, decidimos hacer unos cuantos kilómetros más y volver a visitar Lisboa.

Para mi Lisboa es decadencia y encanto a la vez, me tiene totalmente enamorada y si tuviese que elegir otra ciudad en la que vivir, sería ella sin duda. Tiene todo lo necesario: bonitismo por doquier, cuestas para mantenerse en forma, tranvías, restaurantes de moda, la playa relativamente cerca y muchos pueblitos de cuento a los alrededores. Además, los portugueses son encantadores y me encanta ese ritmo tan tranquilo que parece regirlo todo.

Aunque todo lo que se puede aprender de una ciudad está en las guías de viaje,  no puedo dejar de recomendar hacer una excursión guiada, porque se aprende un montón y se mira con otros ojos.

Nosotros decidimos coger una en esta ocasión y no nos defraudó. Nuestra ruta comenzó en la plaza de Pedro IV, más conocida como la de Rossio y después nos perdimos por la Mouraria. Esta zona toma su nombre porque D. Alfonso Henriques (Alfonso I de Portugal) tras la reconquista de Lisboa, decidió que los moros debían estar en esa zona de la ciudad.

Aprendimos muchas cosas, entre otras que el símbolo de la ciudad es un barco con dos cuervos enfrentados porque, según la tradición, dos cuervos permanecieron junto a los restos de San Vicente cuando estos fueron trasladados a Lisboa desde el Cabo San Vicente. Una vez que te lo cuentan te percatas que está en todos los lados: en el suelo,  en las fachadas, en las farolas...

También volvimos a los que en mi opinión son los barrios con más encanto y caracter de la ciudad: Alfama y Chiado. Imprescindible perderse por sus calles y dejarse llevar. Todo es tan instagrameable que no puedes para de hacer fotos.


lisboa
lisboa

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lisboa lisboa lisboa lisboa

Para comer fuimos a algunos sitios que teníamos en la lista como Casa do Alentejo, que por fuera parece un lugar sin más, pero que cuando entras parece que estás en Al-Andalus y a Pharmacia, un restaurante dentro del Museo de la Farmacia, con una decoración de carácter farmacéutico donde los cócteles tienen nombres como ibuprofeno, omeprazol o paracetamol.

Volvimos a repetir en Sol e Pesca porque sueño con el paté de sardinhas desde 2012. El concepto es bastante sencillo: eliges qué lata de conservas quieres tomar, eliges la bebida y te lo preparan en un santiamén con tu pan. También puedes comprarlas para llevar, yo hice acopio de unas cuantas latas de Minerva porque no hay manera de encontrarlas en Madrid.

También probamos cosas típicas como el bollo preñado de chorizo en Casa Brasileira, un licor a base de guindas (muy parecido al pacharán) en A Gingjinha y unas croquetas rellenas de queso que son realmente adictivas en Queijo da Serra.


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Lo que más me gusta de Lisboa es que tiene tranvía y sobre todo montarme en el 28, que recorre los lugares más emblemáticos. Me encanta sentarme al lado de la ventana, sentir la brisa y observar los edificios decorados con los preciosos azulejos.

También las vistas desde los miradores. Uno de mis preferidos es el de Santa Justa. Solo cuesta dos euros subir y la panorámica merece muchísimo la pena.

Lisboa es una ciudad que enamora. El bullicio puede ser un poco agobiante a veces, pero te sientes como en casa, se come fenomenal y la mayoría de los edificios y restaurantes son muy Pinterest.


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P.S. Lisboa hace tres años y los imprescindibles de la ciudad.

Todas las fotos han sido realizadas con mi Canon EOS M3 y el objetivo 18-55mm

Si tuviera que elegir el destino más mágico que conozco, sería Sintra. Cuando estás allí parece que estás en un cuento de Disney, con sus palacios, azulejos y colores vibrantes donde mires.

Aprovechando que ya la conocíamos decidimos visitar otros palacios que no habíamos tenido ocasión de conocer.

Uno de ellos fue La Quinta da Regaleira que es Patrimonio Mundial por la Unesco, si no porque es un lugar increíble. El palacio parece sacado de otro mundo. Sus jardines, sus cuevas secretas y su pozo iniciático están llenos de temas relacionados con la alquimia, la masonería y los templarios.

En concreto, el pozo iniciático (llamado así porque era empleado para los ritos masónicos de iniciación) es una torre invertida con una escalera en espiral. Al fondo del pozo podemos encontrar una rosa de los vientos sobre una cruz templaria realizada con mármol.
Más allá de las creencias con las que está vinculado, es un lugar que sorprende porque tras descender toda la torre, llegas a una serie de grutas que te llevan a distintos lugares de la finca.

El siguiente palacio que pudimos visitar fue el de Monserrate tengo que decir que en mi opinión es el gran olvidado. No ha adquirido aún la fama del resto de palacios, pero también es patrimonio de la humanidad por la Unesco.
Este palacete fue mandado construir por Francis Cook, un ciudadano inglés que hizo fortuna en la industria textil. El jardín también es digno de admirar ya que cuenta con múltiples plantas (muchas de ellas exóticas), ruinas y estanques.

Aunque normalmente la gente suele visitar Sintra en el día puesto que se encuentra muy cerca de Lisboa (apenas 30 minutos en tren) realmente merece la pena pasar la noche allí porque la villa se transforma. Todo el ajetreo de los visitantes desaparece y se puede disfrutar de un agradable paseo.
Nosotros decidimos pasar noche y para ello elegimos el Chalet Relogio, un bed & breakfast lleno de encanto, donde además vive Biggy, una preciosa perrita muy cariñosa.

Sintra es uno de esos lugares que te sorprende y al que siempre sueñas con volver. Además, es todo tan instagrameable y fotogénico, que es imposible no volver con un millón de fotos.



Sintra, Portugal Sintra, Portugal Sintra, Portugal
Quinta da Regaleira. Sintra, Portugal Quinta da Regaleira. Sintra, Portugal Quinta da Regaleira. Sintra, Portugal Quinta da Regaleira. Sintra, Portugal Quinta da Regaleira. Sintra, Portugal Quinta da Regaleira. Sintra, Portugal Quinta da Regaleira. Sintra, Portugal Quinta da Regaleira. Sintra, Portugal
Quinta da Regaleira. Sintra, Portugal Palacio de Monserrate. Sintra, Portugal Palacio de Monserrate. Sintra, Portugal Palacio de Monserrate. Sintra, Portugal Palacio de Monserrate. Sintra, Portugal Palacio de Monserrate. Sintra, Portugal Palacio de Monserrate. Sintra, Portugal Palacio de Monserrate. Sintra, Portugal
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Sintra, Portugal

Palacios de cuento y plantas exóticas en Sintra


Si tuviera que elegir el destino más mágico que conozco, sería Sintra. Cuando estás allí parece que estás en un cuento de Disney, con sus palacios, azulejos y colores vibrantes donde mires.

Aprovechando que ya la conocíamos decidimos visitar otros palacios que no habíamos tenido ocasión de conocer.

Uno de ellos fue La Quinta da Regaleira que es Patrimonio Mundial por la Unesco, si no porque es un lugar increíble. El palacio parece sacado de otro mundo. Sus jardines, sus cuevas secretas y su pozo iniciático están llenos de temas relacionados con la alquimia, la masonería y los templarios.

En concreto, el pozo iniciático (llamado así porque era empleado para los ritos masónicos de iniciación) es una torre invertida con una escalera en espiral. Al fondo del pozo podemos encontrar una rosa de los vientos sobre una cruz templaria realizada con mármol.
Más allá de las creencias con las que está vinculado, es un lugar que sorprende porque tras descender toda la torre, llegas a una serie de grutas que te llevan a distintos lugares de la finca.

El siguiente palacio que pudimos visitar fue el de Monserrate tengo que decir que en mi opinión es el gran olvidado. No ha adquirido aún la fama del resto de palacios, pero también es patrimonio de la humanidad por la Unesco.
Este palacete fue mandado construir por Francis Cook, un ciudadano inglés que hizo fortuna en la industria textil. El jardín también es digno de admirar ya que cuenta con múltiples plantas (muchas de ellas exóticas), ruinas y estanques.

Aunque normalmente la gente suele visitar Sintra en el día puesto que se encuentra muy cerca de Lisboa (apenas 30 minutos en tren) realmente merece la pena pasar la noche allí porque la villa se transforma. Todo el ajetreo de los visitantes desaparece y se puede disfrutar de un agradable paseo.
Nosotros decidimos pasar noche y para ello elegimos el Chalet Relogio, un bed & breakfast lleno de encanto, donde además vive Biggy, una preciosa perrita muy cariñosa.

Sintra es uno de esos lugares que te sorprende y al que siempre sueñas con volver. Además, es todo tan instagrameable y fotogénico, que es imposible no volver con un millón de fotos.



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