Cracovia, Polonia

Amor a primera vista con Cracovia

6.7.15


Aunque ya ha pasado un mes desde que volvimos de Polonia, tenía pendiente contar lo mucho que me gustó este viaje. Solo estuvimos siete días, aunque a mi me sirvió para volver enamorada de este precioso país que me impresionó muchísimo. Como el tiempo era un poco justo, decidimos visitar Cracovia y Varsovia, pero después de este viaje tenemos pendiente organizar otro para conocer otros lugares del país.

Así que hoy traigo mi crónica de Cracovia, una ciudad de esas que enamoran a primera vista.

Tengo que reconocer que no tenía una imagen formada acerca de Polonia y mucho menos de Cracovia. A pesar de que había hecho un poco de investigación previa en Pinterest y sabía que era una ciudad bonita, no fue hasta que me metí en ambiente cuando realmente la ciudad me atrapó.

No solo me gustó visualmente, también su configuración, con su casco viejo tan lleno de encanto, con sus jardines y parques.

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Durante nuestros días allí visitamos la zona del Castillo de Wawel. No llegamos a entrar porque cuando llegamos no quedaban más entradas. Aunque lo cierto es que no nos preocupó demasiado porque aprovechamos para comer en la terraza con vistas al jardín.

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Uno de esos descubrimientos fortuitos fue la universidad Jagiellonian. Vimos un grupo de gente que entraba en un edificio muy decididos así que ni cortos y perezosos fuimos detrás. Cual fue nuestra sorpresa cuando nos dimos cuenta que era el edificio de la universidad y que los interiores eran una pasada. A pesar de que me encantan este tipo de descubrimientos me sirvió de reflexión para comprar una guía antes del viaje porque si no hubiese sido por esta feliz casualidad, probablemente no habríamos visitado el edificio.

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Lo que más me gustó de Cracovia es que es perfecta para montar en bici. Alquilamos una y fuimos hasta el distrito judío conocido como Kazimierz. Esta zona es chulísima, llena de restaurantes y bares. No tiene nada que envidiar a Madrid o cualquier ciudad europea.
También visitamos el nuevo cementerio judío (¡atención! no te dejes engañar por el nombre porque nuevo no es) que es un lugar lleno de paz y magia.

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La zona del río me pareció genial. Es el lugar donde la gente va a dar un paseo con los niños, los animales, montar en bici o ir a correr. Además está llena de terrazas súper apetecibles.

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En Cracovia existen (según wikipedia) más de 120 lugares de culto. Desconocia este dato curioso pero sí que me llamó la atención la cantidad de iglesias que habían. Algunas de las más bonitas son la Basílica de Santa María, la Iglesia de San Andrés o la de San Francisco de Asís, que si solo quisieras visitar una, sería esta. Por fuera no llama especialmente la atención pero por dentro alberga un tesoro.

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Aprovechamos para hacer la visita de rigor al jardín botánico, que trato de no perderme nunca haya donde voy. En este caso data de 1783 y además no está para nada concurrido.

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Para comer fuimos un par de veces a Moaburger donde servían unas hamburguesas brutales, casi tan grandes como yo.
Disfrutamos de las vistas al castillo y el río en Pod Wawelem Rooftop Terrace y comimos de lujo en el Hotel Puro, donde también nos alojamos. A destacar especialmente su desayuno variado y con muchísimas delicias polacas.

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Me llamó muchísimo la atención que lo días eran larguísimos: ¡amanecía a las 4:30!. Lo bueno es  que se puede aprovechar muchísimo y además, la mayoría de las cafeterías abren a las siete de la mañana. Es una ciudad que se levanta pronto.

He vuelto de Cracovia emocionada y no paro de recomendar a todo el mundo visitarla. Que sí, que París y Roma son preciosos, pero que hay vida más allá. Yo ya estoy deseando volver.


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