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Aunque mi primera impresión de Varsovia no fue de amor a primera vista (de hecho desde la estación de Centalny maldije la hora en la que decidimos visitar la ciudad, con lo bonita que era Cracovia y la de rascacielos y coches que había aquí) tengo que reconocer que terminó por conquistarme.
No sin antes acordarme del señor que se sentaba a nuestro lado en el vuelo de ida a Cracovia, que decía que Varsovia no merecía nada la pena. Yo por supuesto pensé que era un melodramático y que exageraba, pero reconozco que en ese momento hasta me fastidiaba darle la razón. 


Pero bueno ya estábamos allí y no quedaba otro remedio que aprovechar lo que pudiésemos. Hicimos el check-in y decidimos dar un paseo hacia el centro. La cosa fue mejorando en progresión, y cuando llegamos a la zona de la ciudad vieja, cambié de parecer. Qué ideal y qué de cuento todo.

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Resulta increíble pensar que a pesar de la apariencia medieval, los edificios tienen menos de setenta años. Durante la invasión de Polonia en 1939 y el levantamiento de Varsovia, el 90% de la ciudad fue destruída por la Luftwaffe. Pero cuando la guerra finalizó, todo fue reconstruido siguiendo las pinturas y dibujos previos a la guerra.


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Uno de los lugares que más me gustó fue el Parque Łazienki, una de las principales atracciones de la ciudad. El enorme jardín cuenta con un palacio, diferentes templos, un lago y un bosque de naranjos.

También se puede montar en góndola por 4 euros por persona y lo mejor, ¡dar de comer a las ardillitas! Son muy listas, se acercan muy despacito a ver qué les ofreces y si les convence, sin miedo ni vergüenza te lo cogen de las manos. Adorable :_)

Me gustó tanto, tanto, que fuímos dos veces y definitivamente repetiría si volviese a visitar la ciudad.

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Recuerdo con mucho fervor dos sitios donde fuimos a comer: el restaurante Portretowa y la Trattoria Rucola.

El primero de ellos quizá porque no era nuestro plan inicial cenar allí, pero mientras mirábamos el menú el dueño del local salió vestido de chef y nos contó sobre lo bien puntuado que estaba en tripadvisor y lo mucho que nos gustaría la comida. Me robó el corazón la pasión con la que nos lo contaba y la terraza tan ideal que tenía el restaurante. Me tomé el goulash de venado y fue de los mejores platos de todo el viaje.

En cuanto a la Trattoria también fue de casualidad porque se encuentra cerca de la Plaza Zamkowym. Tanto la pasta como la pizza estaban riquísimas, a pesar de estar en una zona turística es un lugar muy recomendable.

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Para movernos por la ciudad optamos por el tranvía, que es la forma más cómoda y es bastante barato. Como lo cogimos en varias ocasiones, decidimos comprar el ticket diario, que te permite usarlo tanto como quieras durante las 24 horas posteriores a la validación.

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También tuvimos tiempo de visitar el museo del Alzamiento, muy interesante y recomendable para entender mejor la historia de la ciudad y el museo Copernicus, perfecto para volver a ser niño otra vez y entender principios de la ciencia.

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En definitiva, Varsovia me gustó bastante. Quizá no tanto como Cracovia, pero si lo suficiente como para recomendar visitarla si viajas a Polonia.
Varsovia, Polonia

Tres días en Varsovia


Aunque mi primera impresión de Varsovia no fue de amor a primera vista (de hecho desde la estación de Centalny maldije la hora en la que decidimos visitar la ciudad, con lo bonita que era Cracovia y la de rascacielos y coches que había aquí) tengo que reconocer que terminó por conquistarme.
No sin antes acordarme del señor que se sentaba a nuestro lado en el vuelo de ida a Cracovia, que decía que Varsovia no merecía nada la pena. Yo por supuesto pensé que era un melodramático y que exageraba, pero reconozco que en ese momento hasta me fastidiaba darle la razón. 


Pero bueno ya estábamos allí y no quedaba otro remedio que aprovechar lo que pudiésemos. Hicimos el check-in y decidimos dar un paseo hacia el centro. La cosa fue mejorando en progresión, y cuando llegamos a la zona de la ciudad vieja, cambié de parecer. Qué ideal y qué de cuento todo.

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Resulta increíble pensar que a pesar de la apariencia medieval, los edificios tienen menos de setenta años. Durante la invasión de Polonia en 1939 y el levantamiento de Varsovia, el 90% de la ciudad fue destruída por la Luftwaffe. Pero cuando la guerra finalizó, todo fue reconstruido siguiendo las pinturas y dibujos previos a la guerra.


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Uno de los lugares que más me gustó fue el Parque Łazienki, una de las principales atracciones de la ciudad. El enorme jardín cuenta con un palacio, diferentes templos, un lago y un bosque de naranjos.

También se puede montar en góndola por 4 euros por persona y lo mejor, ¡dar de comer a las ardillitas! Son muy listas, se acercan muy despacito a ver qué les ofreces y si les convence, sin miedo ni vergüenza te lo cogen de las manos. Adorable :_)

Me gustó tanto, tanto, que fuímos dos veces y definitivamente repetiría si volviese a visitar la ciudad.

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Recuerdo con mucho fervor dos sitios donde fuimos a comer: el restaurante Portretowa y la Trattoria Rucola.

El primero de ellos quizá porque no era nuestro plan inicial cenar allí, pero mientras mirábamos el menú el dueño del local salió vestido de chef y nos contó sobre lo bien puntuado que estaba en tripadvisor y lo mucho que nos gustaría la comida. Me robó el corazón la pasión con la que nos lo contaba y la terraza tan ideal que tenía el restaurante. Me tomé el goulash de venado y fue de los mejores platos de todo el viaje.

En cuanto a la Trattoria también fue de casualidad porque se encuentra cerca de la Plaza Zamkowym. Tanto la pasta como la pizza estaban riquísimas, a pesar de estar en una zona turística es un lugar muy recomendable.

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Para movernos por la ciudad optamos por el tranvía, que es la forma más cómoda y es bastante barato. Como lo cogimos en varias ocasiones, decidimos comprar el ticket diario, que te permite usarlo tanto como quieras durante las 24 horas posteriores a la validación.

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También tuvimos tiempo de visitar el museo del Alzamiento, muy interesante y recomendable para entender mejor la historia de la ciudad y el museo Copernicus, perfecto para volver a ser niño otra vez y entender principios de la ciencia.

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En definitiva, Varsovia me gustó bastante. Quizá no tanto como Cracovia, pero si lo suficiente como para recomendar visitarla si viajas a Polonia.

Aunque ya ha pasado un mes desde que volvimos de Polonia, tenía pendiente contar lo mucho que me gustó este viaje. Solo estuvimos siete días, aunque a mi me sirvió para volver enamorada de este precioso país que me impresionó muchísimo. Como el tiempo era un poco justo, decidimos visitar Cracovia y Varsovia, pero después de este viaje tenemos pendiente organizar otro para conocer otros lugares del país.

Así que hoy traigo mi crónica de Cracovia, una ciudad de esas que enamoran a primera vista.

Tengo que reconocer que no tenía una imagen formada acerca de Polonia y mucho menos de Cracovia. A pesar de que había hecho un poco de investigación previa en Pinterest y sabía que era una ciudad bonita, no fue hasta que me metí en ambiente cuando realmente la ciudad me atrapó.

No solo me gustó visualmente, también su configuración, con su casco viejo tan lleno de encanto, con sus jardines y parques.

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Durante nuestros días allí visitamos la zona del Castillo de Wawel. No llegamos a entrar porque cuando llegamos no quedaban más entradas. Aunque lo cierto es que no nos preocupó demasiado porque aprovechamos para comer en la terraza con vistas al jardín.

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Uno de esos descubrimientos fortuitos fue la universidad Jagiellonian. Vimos un grupo de gente que entraba en un edificio muy decididos así que ni cortos y perezosos fuimos detrás. Cual fue nuestra sorpresa cuando nos dimos cuenta que era el edificio de la universidad y que los interiores eran una pasada. A pesar de que me encantan este tipo de descubrimientos me sirvió de reflexión para comprar una guía antes del viaje porque si no hubiese sido por esta feliz casualidad, probablemente no habríamos visitado el edificio.

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Lo que más me gustó de Cracovia es que es perfecta para montar en bici. Alquilamos una y fuimos hasta el distrito judío conocido como Kazimierz. Esta zona es chulísima, llena de restaurantes y bares. No tiene nada que envidiar a Madrid o cualquier ciudad europea.
También visitamos el nuevo cementerio judío (¡atención! no te dejes engañar por el nombre porque nuevo no es) que es un lugar lleno de paz y magia.

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La zona del río me pareció genial. Es el lugar donde la gente va a dar un paseo con los niños, los animales, montar en bici o ir a correr. Además está llena de terrazas súper apetecibles.

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En Cracovia existen (según wikipedia) más de 120 lugares de culto. Desconocia este dato curioso pero sí que me llamó la atención la cantidad de iglesias que habían. Algunas de las más bonitas son la Basílica de Santa María, la Iglesia de San Andrés o la de San Francisco de Asís, que si solo quisieras visitar una, sería esta. Por fuera no llama especialmente la atención pero por dentro alberga un tesoro.

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Aprovechamos para hacer la visita de rigor al jardín botánico, que trato de no perderme nunca haya donde voy. En este caso data de 1783 y además no está para nada concurrido.

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Para comer fuimos un par de veces a Moaburger donde servían unas hamburguesas brutales, casi tan grandes como yo.
Disfrutamos de las vistas al castillo y el río en Pod Wawelem Rooftop Terrace y comimos de lujo en el Hotel Puro, donde también nos alojamos. A destacar especialmente su desayuno variado y con muchísimas delicias polacas.

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Me llamó muchísimo la atención que lo días eran larguísimos: ¡amanecía a las 4:30!. Lo bueno es  que se puede aprovechar muchísimo y además, la mayoría de las cafeterías abren a las siete de la mañana. Es una ciudad que se levanta pronto.

He vuelto de Cracovia emocionada y no paro de recomendar a todo el mundo visitarla. Que sí, que París y Roma son preciosos, pero que hay vida más allá. Yo ya estoy deseando volver.


Cracovia, Polonia

Amor a primera vista con Cracovia


Aunque ya ha pasado un mes desde que volvimos de Polonia, tenía pendiente contar lo mucho que me gustó este viaje. Solo estuvimos siete días, aunque a mi me sirvió para volver enamorada de este precioso país que me impresionó muchísimo. Como el tiempo era un poco justo, decidimos visitar Cracovia y Varsovia, pero después de este viaje tenemos pendiente organizar otro para conocer otros lugares del país.

Así que hoy traigo mi crónica de Cracovia, una ciudad de esas que enamoran a primera vista.

Tengo que reconocer que no tenía una imagen formada acerca de Polonia y mucho menos de Cracovia. A pesar de que había hecho un poco de investigación previa en Pinterest y sabía que era una ciudad bonita, no fue hasta que me metí en ambiente cuando realmente la ciudad me atrapó.

No solo me gustó visualmente, también su configuración, con su casco viejo tan lleno de encanto, con sus jardines y parques.

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Durante nuestros días allí visitamos la zona del Castillo de Wawel. No llegamos a entrar porque cuando llegamos no quedaban más entradas. Aunque lo cierto es que no nos preocupó demasiado porque aprovechamos para comer en la terraza con vistas al jardín.

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Uno de esos descubrimientos fortuitos fue la universidad Jagiellonian. Vimos un grupo de gente que entraba en un edificio muy decididos así que ni cortos y perezosos fuimos detrás. Cual fue nuestra sorpresa cuando nos dimos cuenta que era el edificio de la universidad y que los interiores eran una pasada. A pesar de que me encantan este tipo de descubrimientos me sirvió de reflexión para comprar una guía antes del viaje porque si no hubiese sido por esta feliz casualidad, probablemente no habríamos visitado el edificio.

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Lo que más me gustó de Cracovia es que es perfecta para montar en bici. Alquilamos una y fuimos hasta el distrito judío conocido como Kazimierz. Esta zona es chulísima, llena de restaurantes y bares. No tiene nada que envidiar a Madrid o cualquier ciudad europea.
También visitamos el nuevo cementerio judío (¡atención! no te dejes engañar por el nombre porque nuevo no es) que es un lugar lleno de paz y magia.

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La zona del río me pareció genial. Es el lugar donde la gente va a dar un paseo con los niños, los animales, montar en bici o ir a correr. Además está llena de terrazas súper apetecibles.

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En Cracovia existen (según wikipedia) más de 120 lugares de culto. Desconocia este dato curioso pero sí que me llamó la atención la cantidad de iglesias que habían. Algunas de las más bonitas son la Basílica de Santa María, la Iglesia de San Andrés o la de San Francisco de Asís, que si solo quisieras visitar una, sería esta. Por fuera no llama especialmente la atención pero por dentro alberga un tesoro.

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Aprovechamos para hacer la visita de rigor al jardín botánico, que trato de no perderme nunca haya donde voy. En este caso data de 1783 y además no está para nada concurrido.

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Para comer fuimos un par de veces a Moaburger donde servían unas hamburguesas brutales, casi tan grandes como yo.
Disfrutamos de las vistas al castillo y el río en Pod Wawelem Rooftop Terrace y comimos de lujo en el Hotel Puro, donde también nos alojamos. A destacar especialmente su desayuno variado y con muchísimas delicias polacas.

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Me llamó muchísimo la atención que lo días eran larguísimos: ¡amanecía a las 4:30!. Lo bueno es  que se puede aprovechar muchísimo y además, la mayoría de las cafeterías abren a las siete de la mañana. Es una ciudad que se levanta pronto.

He vuelto de Cracovia emocionada y no paro de recomendar a todo el mundo visitarla. Que sí, que París y Roma son preciosos, pero que hay vida más allá. Yo ya estoy deseando volver.


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