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Cuando las cabras posan como si fuera la portada del Vogue.

Lo confieso, me encantan las cabras. Son inteligentes, curiosas y graciosas. Es muy curioso cuando te miran fíjamente preguntándose quién eres y se te acercan despacio. Y si balas las hay que hasta entienden tu dialecto y te contestan de vuelta. #Diversioncampestre modo on.

Campo
Campo

Cáceres, España

Cabras de portada

Cuando las cabras posan como si fuera la portada del Vogue.

Lo confieso, me encantan las cabras. Son inteligentes, curiosas y graciosas. Es muy curioso cuando te miran fíjamente preguntándose quién eres y se te acercan despacio. Y si balas las hay que hasta entienden tu dialecto y te contestan de vuelta. #Diversioncampestre modo on.

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Para comenzar el año de forma diferente, este año decidimos viajar unos días a Viena. A pesar del frío tan increíble que hacía me pareció un viaje precioso. Creo que visitar una ciudad en invierno hace el viaje un poco más especial por la luz tan diferente que hay y porque al haber menos turistas, sientes que la ciudad es casi para ti en exclusiva.

De Viena me sorprendió la cantidad de planes por hacer y lugares para visitar.
A continuación mi diario viaje lleno de cafés con encanto, monumentos increíbles y calles sacadas de Pinterest.

El primer día aprovechamos para ir a la ópera, donde vimos la obra Fledermaus. Aunque no hablamos alemán, había unas pantallas con unos subtítulos en inglés y pudimos entender lo que decían. Después nos cenamos unas salchichas que nos supieron a gloria en un puestecito que hay justo delante.

Viena Viena

El día siguiente lo dedicamos a pasear y visitar las principales atracciones. Entre ellas, el Stadpark, que estaba completamente vacío y que tiene un pequeño estanque lleno de patos y aves. Desde allí fuimos al Palacio Belverdere y paseamos por sus jardines, desde donde llegamos caminando hacia la Biblioteca Nacional.

La biblioteca es uno de los lugares más bonitos de los que he visitado, con unos frescos que datan del 1730 que son una auténtica pasada. El emperador Carlos VI (1685 - 1740) ordenó la construcción de este edificio que sería su biblioteca real y hoy en día la librería contiene unos 200.000 libros que datan entre el 1501 y el 1850.

Justo al lado, está la casa de las mariposas, un lugar mágico y casi celestial. Teniendo en cuenta el frío que hacía, poder pasar un rato en el trópico me pareció la mejor idea de todos los tiempos. La pena es que por eso no había tantas mariposas, aún así me gustó muchísimo.

Para comer cerca, me encantó Palmenhaus , que está al otro lado del invernadero. La idea de comer en un lugar como este me hacía muchísima ilusión. A pesar de ser una zona muy turística la comida estaba genial. Yo aún sueño con el papardelle de calabaza casero.

Viena Viena Viena Viena viena Viena Viena Viena Viena Viena Viena Viena Viena

Después de reponer fuerzas seguimos paseando y llegamos a la zona de la catedral, donde descubrimos de casualidad mientras buscábamos refugio y un poco de calor, Diglas, un café lleno de encanto.

Viena Viena Viena

A media tarde cogimos el tranvía y llegamos hasta el Museo de Historia Natural, que es de lejos uno de los mejores, si no el mejor, museo que he visitado nunca. Me impactó muchísimo lo enorme que es, con 39 pabellones y una extensísima colección de minerales, meteoritos, animales, insectos y mamíferos. Lamentablemente llegamos un poco tarde (ya que cierran a las 18:30) y no pudimos verlo con el detenimiento que a mí me habría gustado. De todos modos, me prometí volver algún día.

Viena Viena Viena Viena

El tercer día, aprovechamos para visitar el Palacio de Hofburg, donde se encuentran los apartamentos imperiales y el museo Sisi. También para merendar en el Cafe Griensteidl, que me pareció de lo más acogedor.

Viena Viena Viena

El último día antes de irnos, cogimos un tren a Schönbrunn , la residencia imperial de verano, que estaba inesperadamente cubierta de nieve. El paseo por los jardines fue precioso y peligroso a partes iguales, ya que estaba todo cubierto de hielo. El interior del palacio es una preciosidad, pero lamentablemente, no se permitían fotos.

Viena Viena Viena Viena Viena Viena

De Viena me enamoró muchísimo la arquitectura, que me recordaba un poco a París, la preciosidad de los cafés y lo bien que se come en cualquier sitio. Volví con ganas de descubrir más del país.

viena viena Viena Viena
Viena, Austria

enero en Viena


Para comenzar el año de forma diferente, este año decidimos viajar unos días a Viena. A pesar del frío tan increíble que hacía me pareció un viaje precioso. Creo que visitar una ciudad en invierno hace el viaje un poco más especial por la luz tan diferente que hay y porque al haber menos turistas, sientes que la ciudad es casi para ti en exclusiva.

De Viena me sorprendió la cantidad de planes por hacer y lugares para visitar.
A continuación mi diario viaje lleno de cafés con encanto, monumentos increíbles y calles sacadas de Pinterest.

El primer día aprovechamos para ir a la ópera, donde vimos la obra Fledermaus. Aunque no hablamos alemán, había unas pantallas con unos subtítulos en inglés y pudimos entender lo que decían. Después nos cenamos unas salchichas que nos supieron a gloria en un puestecito que hay justo delante.

Viena Viena

El día siguiente lo dedicamos a pasear y visitar las principales atracciones. Entre ellas, el Stadpark, que estaba completamente vacío y que tiene un pequeño estanque lleno de patos y aves. Desde allí fuimos al Palacio Belverdere y paseamos por sus jardines, desde donde llegamos caminando hacia la Biblioteca Nacional.

La biblioteca es uno de los lugares más bonitos de los que he visitado, con unos frescos que datan del 1730 que son una auténtica pasada. El emperador Carlos VI (1685 - 1740) ordenó la construcción de este edificio que sería su biblioteca real y hoy en día la librería contiene unos 200.000 libros que datan entre el 1501 y el 1850.

Justo al lado, está la casa de las mariposas, un lugar mágico y casi celestial. Teniendo en cuenta el frío que hacía, poder pasar un rato en el trópico me pareció la mejor idea de todos los tiempos. La pena es que por eso no había tantas mariposas, aún así me gustó muchísimo.

Para comer cerca, me encantó Palmenhaus , que está al otro lado del invernadero. La idea de comer en un lugar como este me hacía muchísima ilusión. A pesar de ser una zona muy turística la comida estaba genial. Yo aún sueño con el papardelle de calabaza casero.

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Después de reponer fuerzas seguimos paseando y llegamos a la zona de la catedral, donde descubrimos de casualidad mientras buscábamos refugio y un poco de calor, Diglas, un café lleno de encanto.

Viena Viena Viena

A media tarde cogimos el tranvía y llegamos hasta el Museo de Historia Natural, que es de lejos uno de los mejores, si no el mejor, museo que he visitado nunca. Me impactó muchísimo lo enorme que es, con 39 pabellones y una extensísima colección de minerales, meteoritos, animales, insectos y mamíferos. Lamentablemente llegamos un poco tarde (ya que cierran a las 18:30) y no pudimos verlo con el detenimiento que a mí me habría gustado. De todos modos, me prometí volver algún día.

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El tercer día, aprovechamos para visitar el Palacio de Hofburg, donde se encuentran los apartamentos imperiales y el museo Sisi. También para merendar en el Cafe Griensteidl, que me pareció de lo más acogedor.

Viena Viena Viena

El último día antes de irnos, cogimos un tren a Schönbrunn , la residencia imperial de verano, que estaba inesperadamente cubierta de nieve. El paseo por los jardines fue precioso y peligroso a partes iguales, ya que estaba todo cubierto de hielo. El interior del palacio es una preciosidad, pero lamentablemente, no se permitían fotos.

Viena Viena Viena Viena Viena Viena

De Viena me enamoró muchísimo la arquitectura, que me recordaba un poco a París, la preciosidad de los cafés y lo bien que se come en cualquier sitio. Volví con ganas de descubrir más del país.

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