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Para comenzar el año con energías renovadas, decidimos empezar enero con un viaje por Florencia y Pisa, porque Italia nunca decepciona.

PRIMERA PARADA FLORENCIA

Todo el mundo me había hablado maravillas de esta ciudad, pero nada más llegar sobrepasó todas mis expectativas. No podía dejar de hacer mil fotos, todo es precioso donde se mire. Además, me encanta que guarda una estética muy uniforme con sus fachadas marrones y las coquetas ventanas.

Entre paseo y fotos en los fotomatones vintage que hay repartidos por la ciudad (sí, de los que huelen a los líquidos de revelado), tuvimos tiempo de visitar las principales atracciones.

La Basilica di Santa Maria del Fiore me impresionó con esa fachada tan diferente a lo que estamos acostumbrados y sobre todo subir al Duomo me pareció una de las experiencias más gratificante de mi vida. Los 414 escalones (en el último tramo prácticamente hay que gatear) y el casi infarto, bien merecen las impresionantes vistas.

Otra de las mejores vistas la disfrutamos desde la Piazzale Michelangelo que además, tiene una copia en bronce del famoso David.

También vimos el Ponte Vecchio de cerca y desde las ventanas de la Galeria Ufizzi, que contiene una de las colecciones más importantes, antiguas y famosas del mundo. Una de ellas es el Nacimiento de Venus, de 1486. ¿No resulta increíble poder ver en directo algo tan antiguo? Uno se da cuenta del poco tiempo que venimos aquí.

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Sobre la comida:

Recuerdo con especial fervor Gustapizza (en Via Maggio, 46), que se encuentra al otro lado del río y que es de estos lugares de toda la vida, sin demasiadas florituras, pero con el que sueñas semanas y meses después. Como no podía ser de otra manera, nos pedimos la especialidad de la casa, la Gustapizza, con una nastra azurro que a mí me supo a gloria bendita.

Sigo soñando con la lasaña de lágrima que me comí en el Ristorante Toto (Borgo Santi Apostoli 6/r). Ojalá pueda volver pronto y comerme otra. De otro planeta, de verdad.

En la Fontana del Porcellino encontramos un food truck con una cola impresionante. La verdad es que no tenía ni idea de lo que era el Lampredotto y probablemente si hubiese tenido conexión a internet no lo habría probado, pero después de devorar ese bocata me reafirmo en que hay que probar cosas nuevas para saber si realmente te gustan.

firenze firenze

TREN A PISA

Con lo cerca que está Pisa, prácticamente era un crimen no visitar la ciudad, por lo que un tren después allí estábamos.

Me impactó ver la torre de Pisa en persona. Aunque la hubiese visto mil veces en fotos, tenerla allí en frente me pareció un espectáculo maravilloso. A pesar de que la entrada era un poco cara (18€) decidimos subir igualmente porque estas cosas solo las haces una vez en la vida. La subida fue muy curiosa, según en el lado de la torre en la que te encuentres cuesta subir más o menos.

Con la entrada también pudimos ver la catedral, que siendo sincera, me pareció muchísimo más impresionante que la de Florencia.

Nuestra última mañana en Italia decidimos pasarla en el botánico. Fue una auténtica pasada llegar a las 9 de la mañana y estar completamente solos. El jardín tiene un aire muy decadente pero bonito a la vez. Lo que más me gustó fue encontrar una fachada decorada completamente de conchas.

pisa pisa pisa pisa pisa pisa pisa pisa

Y así, en un santiamén, se pasaron las vacaciones y volvimos a la rutina, aunque eso sí, con energías renovadas.

Florencia, Italia

Italia nunca decepciona


Para comenzar el año con energías renovadas, decidimos empezar enero con un viaje por Florencia y Pisa, porque Italia nunca decepciona.

PRIMERA PARADA FLORENCIA

Todo el mundo me había hablado maravillas de esta ciudad, pero nada más llegar sobrepasó todas mis expectativas. No podía dejar de hacer mil fotos, todo es precioso donde se mire. Además, me encanta que guarda una estética muy uniforme con sus fachadas marrones y las coquetas ventanas.

Entre paseo y fotos en los fotomatones vintage que hay repartidos por la ciudad (sí, de los que huelen a los líquidos de revelado), tuvimos tiempo de visitar las principales atracciones.

La Basilica di Santa Maria del Fiore me impresionó con esa fachada tan diferente a lo que estamos acostumbrados y sobre todo subir al Duomo me pareció una de las experiencias más gratificante de mi vida. Los 414 escalones (en el último tramo prácticamente hay que gatear) y el casi infarto, bien merecen las impresionantes vistas.

Otra de las mejores vistas la disfrutamos desde la Piazzale Michelangelo que además, tiene una copia en bronce del famoso David.

También vimos el Ponte Vecchio de cerca y desde las ventanas de la Galeria Ufizzi, que contiene una de las colecciones más importantes, antiguas y famosas del mundo. Una de ellas es el Nacimiento de Venus, de 1486. ¿No resulta increíble poder ver en directo algo tan antiguo? Uno se da cuenta del poco tiempo que venimos aquí.

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Sobre la comida:

Recuerdo con especial fervor Gustapizza (en Via Maggio, 46), que se encuentra al otro lado del río y que es de estos lugares de toda la vida, sin demasiadas florituras, pero con el que sueñas semanas y meses después. Como no podía ser de otra manera, nos pedimos la especialidad de la casa, la Gustapizza, con una nastra azurro que a mí me supo a gloria bendita.

Sigo soñando con la lasaña de lágrima que me comí en el Ristorante Toto (Borgo Santi Apostoli 6/r). Ojalá pueda volver pronto y comerme otra. De otro planeta, de verdad.

En la Fontana del Porcellino encontramos un food truck con una cola impresionante. La verdad es que no tenía ni idea de lo que era el Lampredotto y probablemente si hubiese tenido conexión a internet no lo habría probado, pero después de devorar ese bocata me reafirmo en que hay que probar cosas nuevas para saber si realmente te gustan.

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TREN A PISA

Con lo cerca que está Pisa, prácticamente era un crimen no visitar la ciudad, por lo que un tren después allí estábamos.

Me impactó ver la torre de Pisa en persona. Aunque la hubiese visto mil veces en fotos, tenerla allí en frente me pareció un espectáculo maravilloso. A pesar de que la entrada era un poco cara (18€) decidimos subir igualmente porque estas cosas solo las haces una vez en la vida. La subida fue muy curiosa, según en el lado de la torre en la que te encuentres cuesta subir más o menos.

Con la entrada también pudimos ver la catedral, que siendo sincera, me pareció muchísimo más impresionante que la de Florencia.

Nuestra última mañana en Italia decidimos pasarla en el botánico. Fue una auténtica pasada llegar a las 9 de la mañana y estar completamente solos. El jardín tiene un aire muy decadente pero bonito a la vez. Lo que más me gustó fue encontrar una fachada decorada completamente de conchas.

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Y así, en un santiamén, se pasaron las vacaciones y volvimos a la rutina, aunque eso sí, con energías renovadas.

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