Burano y Murano, Venecia
23.1.18



Miércoles 8 de noviembre. La previsión meteorológica para hoy es sol con intervalos nubosos. Es el día, decidimos madrugar para coger un vaporetto que nos lleve a las islas de Burano y Murano.

Primera parada, Burano.
Se trata de una pequeña isla de la laguna de Venecia conocida por sus casitas de colores a cada cual más pintoresca. Imposible no hacer mil y una fotos e imaginarse viviendo en la casita de color morado o quizá en la azul...
Aquella de allí está en venta, si viviesemos aquí, ¿de qué color la pintaríamos? ¿existe una norma no escrita de no repetir el mismo tono de pantone? ¿quién decide la secuencia de colores?...

A la hora de la comida ya hay muchísima gente. Una pizza después decidimos coger el siguiente vaporetto.

Segunda parada, Murano.
Esta isla es famosa por su cristal y aunque también es bonita, queda ensombrecida por su hermana de colores. Murano no da tanto de sí, a no ser que quieras hacerte con una lámpara, un collar o un adorno para la casa.

Empieza a anochecer y refrescar. Cansados de tanto andar, decidimos coger el vaporetto de vuelta a la isla de Venecia.
Volvemos con muchas fotos en la cámara y con la intención de regresar en primavera a Burano.

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Venecia, Italia
18.1.18



Después de visitar Verona y Padua, pusimos rumbo a Venecia.

¡Ah Venecia! Qué lugar más increíble y mágico... No es comparable a nada que haya conocido antes. Tuvimos la enorme suerte de que finalmente saliese el sol a pesar del frío que hacía (¡por la humedad se metía hasta en los huesos!). Incluso vimos la plaza de San Marcos inundada que aunque resulta curioso y pintoresco, no deja de ser la descripción gráfica de que Venecia realmente se hunde.

Una ciudad sin coches, llena de puentes, con vaporettos y góndolas es un sueño hecho realidad y un desafío a los elementos. Es imposible recorrer cada una de sus calles sin querer fotografiarlo absolutamente todo. Intentas capturar cada detalle, cada recuerdo, con la esperanza de poder teletransportarte a la vuelta.

Aunque hay muchísimo que ver en Venecia, aprovechamos bastante.
Entramos a la basílica de San Marcos (pro tip: no se permiten mochilas, pero con la kanken mini en la mano y disimulando un poco, pude pasar) y me quedé impresionada con el interior. La entrada es gratuita y es de esos lugares que no te puedes perder.  Subimos al Campanile para disfrutar de la ciudad desde las alturas. Las vistas son espectaculares, sobre todo porque te permite ver la ciudad completamente rodeada de agua. También subimos a la Scala Contarini del Bovolo, que aunque no se trata de la torre más alta, ofrece una vista preciosa de San Marcos y el Campanile. Visitamos el Palacio Ducal, un lugar que te deja sin respiración. Las pinturas son increíbles, hasta resultan sobrecogedoras. Y después de un largo paseo llegamos hasta la librería Acqua Alta, que se inunda cuando sube la marea. Todos los libros están en lo alto, sobre bañeras y estanterías. Un lugar muy curioso y que hay que ver.

El resto del tiempo lo dedicamos a pasear sin rumbo y disfrutar de toda la belleza que es Venecia.

Ojalá podamos volver pronto.

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