Suzhou, China
3.12.18



Después de recorrer China el año pasado, no estaba en nuestros planes más inmediatos volver de nuevo en tan poco tiempo, pero a veces la vida tiene otros planes. Y ese plan era nuestro primer sobrino. Así que, ya que íbamos a Japón, ¿por qué no hacer una parada técnica para conocerle?

Cuando viajas en tránsito puedes pasar hasta 144 horas en el país sin necesidad de visado siempre y cuando no salgas de la provincia en la que aterrizas. Como Suzhou pertenece a la provincia de Jiangsu, aterrizamos en Shanghai, que es la ciudad más cercana.

Volver a Suzhou ha sido una mezcla de novedad y familiaridad: el año pasado solo estuvimos unos días y por supuesto no dio tiempo a conocer la ciudad por completo, pero en cierta manera era como estar en casa. El ambiente, ese olor característico a China que hay por todos los lados (una mezcla entre refrito, dim sums y soja que es adictivo), la mezcla increíble entre los rascacielos y las casitas bajas, las banderas nacionales y los jardines llenos de plantas... no sé, es algo curioso y digno de ver.

El año pasado contábamos con Marta para movernos y fue todo muy sencillo gracias a que habla chino, pero este año nos hemos movido por nuestra cuenta (con un bebé de un mes y poco no podíamos contar con ella todo el tiempo) y ha sido mucho más fácil de lo que pensaba. Es cierto que en la mayoría de los sitios no hablan inglés pero los menús, el metro y los carteles de los sitios turísticos si que están indicados perfectamente. Y si te tienen que decir algo, hacen uso de un traductor en el móvil y problema resuelto.

Además de hacer planes familiares, aprovechamos para hacer un poco de turismo: paseamos por el centro, visitamos el jardín del administrador humilde, fuimos al café de gatos y nos perdimos entre las calles sin rumbo fijo.

También nos hicimos una sesión de fotos con la familia con indumentaria precomunista y fue una experiencia muy curiosa. Una vez escogida la ropa (tarea complicada ya que las tallas que tenían allí era para gente bastante delgada / pequeña y solo entraba en un par de prendas) nos maquillaron y peinaron. Es como ser actriz de novela por un día. Reconozco que yo me llevé mi neceser por si acaso, cuando ya estás acostumbrada a pintarte de una manera, te entra la duda de si te verás bien, pero Lisa fue un encanto y me dejó monísima. Allí las sesiones de fotos son toda una institución y la gente va muchísimo. A mi me parece muy divertido, ojalá en España estuviese de moda.

De compras no fuimos mucho, solo me llevé cosas de papelería: material japonés en Eslite bookstore (en la zona nueva) y cuadernos y bolis chinos en Rongtai (en la línea 1 parada Lindun Lu, salida 1) a precios de risa.

Solo estuvimos seis días pero nos sentimos muy agusto. Creo que desde fuera existe una imagen de China bastante terrorífica y al menos, de lo que yo conozco, no tiene nada que ver. Casi todo el mundo me contaba historias de miedo: que si todo está muy sucio (ya lo dije el año pasado, he visto ciudades europeas mucho más sucias), que si son muy guarros (también he visto gente en el metro de Madrid tirar cosas al suelo), que es peligroso (los tcp del vuelo de ida me contaron que a un compañero le llevaron a tomar té y le robaron todo el dinero de la tarjeta - pero a ver, ¿quien se va con un desconocido así por las buenas? Si no lo harías en Madrid, tampoco lo hagas en China), que si todo es muy cutre... en fin, historias para no dormir. Aunque viven en un régimen dictatorial comunista, la imagen desde fuera (al menos para mi como turista) es que son extremadamente consumistas y a veces piensas que estás en una ciudad occidental cualquiera: centros comerciales de auténtico lujo (con pistas de hielo y centro de hípica incluidos) tiendas de ropa increíble que me río yo del made in China que llega a España, coches de marca que parece que regalan, cientos de restaurantes para todos los gustos... es para verlo, de verdad. China va a la velocidad de la luz.

Lo días se pasaron rapidísimo. China te atrapa y sorprende muchísimo. Espero poder volver pronto, me gustaría muchísimo ir a Pekín la próxima vez porque me quede con ganas de conocer la cuidad mejor.

P.D. Suzhou el año pasado.

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Extremadura, España
24.11.18



Crónica de un día de campo: paseos, cabras, ranas, ciervos, caballos, encinas, pesca, ver la vida pasar. Repetir.

campo campo campo campo campo campo
Cáceres, España
12.11.18


Nunca había visitado Cáceres hasta que conocí a mi chico. Y creo que es una de las ciudades más bonitas que conozco. El casco viejo es una preciosidad y es como un pequeño viaje en el tiempo. Aunque lo hemos recorrido mil veces desde que estamos juntos, nunca me canso de ir.

Así que, aprovechando la luz de septiembre y que me había hecho hacía poco con cámara nueva, decidimos probarla y acostumbrarnos a ella para el viaje de octubre. Estoy muy contenta con el resultado, aunque yo por lo menos necesito practicar más y cogerle el aire a los puntos de enfoque.


P.D. Mis fotos son cortesía de mi #instagramboyfriend

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Patones, España
29.10.18


La versión en analógico de Patones.

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P.D.: La versión en digital
Patones, España
22.10.18


A veces no hace falta irse muy lejos para descubrir lugares nuevos y romper con la rutina. Hay muchos pueblitos y lugares cerca de casa pendientes de conocer y es tan sencillo como coger el coche y salir de la ciudad.

Conocer Patones llevaba en mi lista de planes por hacer desde hace bastante. Pero como me habían dicho muchas veces que estaba muy masificado los sábados, nos daba un poco de pereza ir.
Se nos ocurrió que la mejor manera de conocerlo era pasar el fin de semana allí y aprovechar los momentos más tranquilos para dar un paseo por el pueblo.

Patones en realidad hay dos: el de arriba (el turístico) y el de abajo (donde viven los parroquianos), separados a unos 20 minutos de paseo. Realmente es la mejor opción porque el parking de arriba está siempre lleno y la subida no es para tanto.

Para dormir nos quedamos en Patones de Abajo, en Casa Melones. Se trata de un antiguo establo reconvertido en una casita ideal, con su patio, sus gallinas y gatos campando a sus anchas. Estuvimos tan agusto que creo que merece la pena compartir este pequeño descubrimiento.

Además de conocer el pueblo, fuimos a la presa del Pontón de la Oliva, la más antigua del Canal de Isabel II. Fue construida en 1857 pero no duró mucho en funcionamiento: no escogieron bien el emplazamiento y como habían muchas filtraciones, dejó de usarse. Ahora sirve únicamente para dar un paseo y disfrutar de las vistas.
Muy cerca está la presa de El Atazar, súper recomendable también por las vistas y por el paseo en coche hasta llegar allí.

Ese finde me llevé únicamente la Minolta, así que todas estas fotos están hechas con el móvil. Últimamente lo uso muchísimo cuando disparo en analógico porque no quiero arriesgarme a que se me estropee el carrete, pero me da pereza cargar con la reflex a la vez.

P.D. Otra excursión de finde desde Madrid.

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