Buçaco, Portugal
21.11.17



Una de las grandes sorpresas yendo de camino a Aviero fue conocer el bosque de Buçaco. Tenía la imagen del precioso hotel palacio que se encuentra en medio del bosque, pero no esperaba que los alrededores fuesen tan bonitos. En cierta manera me recordó un poco a Sintra, aunque mucho más especial por el poco tránsito.

La historia de Buçaco se remonta al siglo XVII: los carmelitas descalzos fundaron el convento de Santa Cruz de Buçaco y construyeron una valla en el bosque. Se dedicaron a plantar árboles de diversos tipos que hoy conforman un paraje precioso.

Cuando se prohibieron las órdenes religiosas en el siglo XIX pasó a ser pabellón de caza de la familia real portuguesa y tras la primera guerra mundial, se convirtió en un hotel donde es posible alojarse hoy en día. Según he podido ver en su web, sigue manteniendo el mismo encanto y solera de entonces, así que solo espero poder dormir allí algún dia. Siempre hay que dejar algo en la lista de pendientes, ¿verdad?

Para acceder se puede hacer andando o en coche (la entrada cuesta 5€), lo que recomiendo mucho ya que la subida puede resultar un poco pesada. Lo mejor es aparcar cerca del palacio y hacer una ruta por alguno de los senderos.

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Coimbra, Portugal
15.11.17

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De nuevo cogemos el coche y ponemos rumbo a Coimbra.
Tenía muchísimas ganas de volver porque cuando la visitamos la Semana Santa del año pasado, no tuvimos ocasión de visitar la universidad. Así que esta vez decidimos pasar noche y visitarla muy pronto por la mañana.

Se trata de un peso pesado de Portugal. Su historia se remonta al 1290 cuando se estableció a través de la bula del papa Nicolás IV.  En el año 2013 la Unesco eligió el campus histórico como Patrimonio de la Humanidad. Todo un lujo poder estudiar allí. Además, como curiosidad, cuando visitamos era el inicio de curso y algunos estudiantes iban vestidos con su típica capa negra y el traje universitario, lo que le daba un ambiente mucho más interesante.

La entrada a la universidad es de horario libre, excepto la biblioteca para la que te dan hora de entrada. Por eso es imprescindible ir con antelación.  Subir a la torre del reloj también merece muchísimo la pena, incluso con niebla. La última parte es un poco agobiante porque la escalera de caracol se va estrechando muchísimo, pero de verdad las vistas hacen que se te olvide el agobio rápidamente.

El casco viejo también es una preciosidad (me encanta que aún sigan existiendo tiendecitas de toda la vida) y resulta muy recomendable visitar la Catedral Vieja. Su claustro completamente vacío y en silencio bien merece pasar un rato para sentarse y dejarse llevar por la paz y tranquilidad que se respira allí.

En cuanto a la comida, en mi lista de imprescindibles dos:
La Churrasqueira Giro donde el pescado à brás te hace muy feliz y el Restaurante Adega Paco Do Conde, donde me comí un arroz de peixe con el que todavía sueño

Para el café, el Santa Cruz, un lugar con solera inaugurado en 1923 y cuyo edificio que data del 1530, ha sido: una parroquia, una ferretería, una estación de bomberos, una policial e incluso una funeraria. 

Y después de ponernos al día con Coimbra, pusimos rumbo al siguiente destino.

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Monsanto, Portugal
7.11.17

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La primera parada de nuestro viaje por Portugal fue Monsanto.

A solo 20 kilómetros de la frontera, se encuentra esta aldea de enormes piedras de granito que sirven tanto de tejado como pared en muchas casas. Monsanto es un lugar muy curioso y prácticamente desconocido y que sin embargo merece mucho la pena conocer.

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Portugal
31.10.17

Porto A principios de octubre tuvimos una boda en Cáceres, así que como aún nos quedaban días de vacaciones, decidimos aprovechar el festivo e irnos una semana de ruta en coche por Portugal.

Portugal sí que es always a good idea. Personalmente me siento muy bien allí: me gustan sus pueblitos, las ciudades, la comida, la gente, la sencillez y la paz que se respira. En fin, igual no soy muy objetiva, pero siempre que existe la posibilidad de ir al país vecino no me lo pienso demasiado.

A continuación nuestra ruta en coche de 6 días que dieron para mucho.

Primera parada: Monsanto.
Se trata de la aldea más portuguesa de Portugal. Sus calles y casitas se encuentran encaladas entre enormes rocas. Desde el castillo las vistas merecen muchísimo la pena.

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Coimbra, segunda parada.
Aunque ya conocíamos la ciudad tenía muchísimas ganas de volver. Es famosa por su universidad (no me habría importado nada estudiar allí) y por lo pintoresca que es. Además, su bandera tiene un estilo Harry Potter muy curioso. Ya solo por eso gana mil puntos. Para dormir nos quedamos en guest house santa clara, un lugar súper recomendable con unas habitaciones preciosas. No ofrecen desayunos pero muy cerquita hay un montón de bares y cafeterías.

Lo mejor es dormir en la ciudad para muy temprano visitar la universidad. Las visitas a los edificios son de horario libre, aunque para la biblioteca te tienen que dar hora, por eso es importante ir con antelación. Muy recomendable subir a la torre del reloj. Aunque el tramo final es especialmente agobiante por la escalera de caracol estrechísima, las vistas merecen mucho la pena (incluso con niebla).

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Buçaco, un alto en el camino. 
De camino a Aveiro decidimos parar en Luso y subir hasta Buçaco, un lugar de cuento. La entrada al parque en coche es 5 euros, aunque también se puede hacer andando. Al final del camino hay un palacio hotel precioso, inspirado en el monasterio de Belém y la torre de los Jerónimos de Lisboa. A la próxima tenemos que pasar allí una noche.
Buçaco Buçaco

Aveiro, la Venecia portuguesa y Costa Nova y sus casitas de rayas.
Quizá porque tenía las expectativas muy altas, pero Aveiro fue lo que menos me entusiasmó del viaje. El centro es bonito y muy paseable, pero de los canales me esperaba mucho más. Los barcos son chulos pero aunque nunca he estado en Venecia, creo que la comparación es un poco pretenciosa.

Costa Nova en cambio me encantó. Sinceramente me esperaba literalmente tres casas. Pero resulta que no, que hay todo un paseo al borde de la ría lleno de casitas de colores. Locura fotográfica. Tiene que ser ideal vivir en un sitio así. Yo me veo. Comimos en un restaurante de los de toda la vida una sopa de peixe y una dorada a la brasa. Una pildorita de felicidad que me guardo para cuando tenga días un poco duros. Solo es cuestión de teletransportarse a ese momento.

Aveiro Aveiro Costa Nova  
Oporto cuarta parada
De Oporto me llevé muy buen recuerdo cuando la visitamos hace ya unos cuantos febreros, pero el fervor no era tanto como el que siento por Lisboa. Quizá porque el tiempo no fue el mejor.  Oporto es como ese chico que al principio te gusta pero no tanto. Es mono sí, tiene algo. Pero según le vas conociendo mejor te va gustando más y más. Y ya estoy apaixonada de la ciudad.

Como ya conocíamos Oporto nos lo tomamos con calma, como si viviésemos allí. Nos quedamos en un apartamento comodísimo donde estuvimos como en casa y con una ubicación buenísima, a un paso de todo.

Me encantó redescubrir el Mercado de Bolhão en plena ebullición, observar a la gente local hacer su compra como antes de que las grandes superficies lo hinundaran todo. Mientras paseábamos y hacíamos fotos sentí mucha tristeza al pensar que estas cosas se están perdiendo, cómo los comercios tradicionales desaparecen por culpa de la globalización y la vida de prisas que llevamos.  Todos contribuimos a esto, es más cómodo y rápido ir a un gran supermercado y comprarlo todo que ir de tienda en tienda. Pero perder las cosas de siempre es muy triste y no pude evitar pensar que cuando sea mucho más mayor, no veré el mercado de Bolhão como me lo he encontrado en este viaje.
Por eso he decidido que en la medida de lo posible, voy a hacer el esfuerzo de comprar más cosas en los comercios cerca de casa. Ojalá el mercado mantenga su esencia siempre. Ojalá no perdamos ésta parte de nuestra historia.

Volvimos a subir a la torre de los Clérigos para disfrutar de las vistas aunque en esta ocasión tuvimos que hacer cola. Se notaba mucho el incremento de turistas. Muy cerquita de allí comimos en un restaurante de los de toda la vida, sin florituras ni tonterías, con un pescado increíble y un precio de risa.
Otro plan que disfruté muchísimo ver atardecer en una terraza en el río con vistas al puente.  Un lugar genial para tomar una copa tranquilamente y ver la vida pasar.

Y como simpre que hay un A Vida Portuguesa, hice acopio de crema de manos de la marca Benamor, que es, literalmente la forma de teletransportarse a Portugal.

El tiempo en Oporto se pasó en un santiamén y nuevamente pusimos rumbo al siguiente destino.

Porto Porto Porto Porto Porto
Braga y Bom Jesus
Tenía muchas ganas de ir a Braga porque además de ser una ciudad muy bonita que me recordó, salvando las distancias, un poco a Santiago de Compostela, tiene un lugar muy especial que merece una visita: el santuario del Bom Jesus. La subida es un poco dura, pero las increíbles vistas lo merecen.
Braga Braga Braga Braga
Y de Braga, vuelta a Madrid, deseando regresar a Portugal. Espero que sea muy pronto.